viernes, 7 de marzo de 2014

Venezuela, el tiempo es tu peor enemigo.






   A nuestros dictadores comunistas de América Latina, que se autodenominan como "socialistas", únicamente se les saca del poder con fuego. Esa es una premisa que Fidel Castro y Augusto Pinochet, indirectamente nos han enseñado a todos. 

  Para la gente pacifista, esto es muy difícil de aceptar, lo se, es una abominación, pero no se puede ignorar que esa  es la condición que estos enemigos de la democracia nos imponen como un reto inevitable, porque son violentos, porque son corruptos y saben que no se libraran de la justicia cuando sean descubiertos.

  Ellos no entienden de diálogo; ellos dialogarán cualquier tema menos dejar el poder, y en cualquier acuerdo, ellos harán lo que les de la gana.

   Las manifestaciones, la propaganda por las redes sociales, los foros internacionales, etc., eso trabaja muy bien para llamar la atención nacional e internacional, sin embargo, no esperes nada más allá de eso; esta situación es más seria que toda esa farándula. Tarde o temprano se impondrán los toques de queda, y recogerán de la calle a la mayor cantidad de líderes opositores.

   Las sanciones políticas o económicas internacionales, más que perjudicarles, les conviene, - Cuba es un buen ejemplo- pues ofrecen avales para esquivar la ineficacia de sus gobiernos, culpando a otras naciones o elementos externos de los errores, escudados entonces en no permitir la injerencia extranjera en los asuntos del país. Ellos son genios en la manipulación social, además, los funcionarios del gobierno y los militares, no pasarán necesidades. 

   Las organizaciones internacionales son en su mayoría corruptas y fáciles de comprar, Venezuela, no esperes nada de ninguna de ellas, son todas hipócritas. 

   Amordazada la prensa, comprados y adoctrinados los militares, los pueblos así, están por su cuenta en el mundo. De hecho, Venezuela tiene muy poco tiempo, pues cuando sean desarmados por el gobierno comunista, solo te quedará emigrar, quedarte y vivir tu vida con la cabeza pisada, ser actores, tener doble cara, y así sucesivamente. Inclusive, si eres creyente, tu fe será probada, porque hasta la voluntad de Dios parecerá que se encuentra de parte de ellos.

   Estos socialismos basados en el comunismo, no son otra cosa que un grupo de pandilleros, que por medio de la democracia y su libre estructura, utilizan un partido político para manipular el populismo, hasta llegar al poder. Luego por medios fraudulentos, logran mantenerse en el gobierno, entre tanto, van enmendando la constitución hasta convertirse en los intocables. 

   Esta nueva burguesía de delincuentes, logran sus bienes económicos, decomisando lo que no han trabajado, eliminando la propiedad privada y expropiando lo que no es de ellos. Son unos ladrones que reparten lo que sobra, y cada vez va a sobrar menos. En el intermedio, entretienen al pueblo con adoctrinamiento y consignas nacionalistas. Abajo esto, arriba aquello, muera tal cosa, viva la otra. Ya los conocemos. 
RDT

lunes, 3 de marzo de 2014

Entre palomas y pioneritos.

Por Ondina León ©

Este año ha comenzado en la isla posesa de Cuba con varios temblores, unos de tierra, que por fortuna no devastaron la devastación, y otros socioculturales, como el estreno de la película “Conducta”, que dicen que ya se ha convertido en todo un fenómeno y éxito de taquilla, con cines abarrotados en los que el público aplaude, llora, se ríe y sale de la sala oscura a la oscuridad de la realidad con cierta sensación de catarsis y, a lo mejor, de cierta esperanza, nada real, pero confortable: mientras haya amor, la “patria” sigue viva . 
Producida, patrocinada, promovida y bendecida por el Ministerio de Cultura del gobierno castrista, por el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos, ICAIC, también de la dictadura, y otras entidades estatales, gubernamentales y educacionales, y con el apoyo de personalidades políticas, como Abel Prieto, exministro de cultura y eminencia gris de la intelectualidad castrista, se puede afirmar, sin temor a equívocos, que este es un filme oficial y oficialista, de punta a punta, pese a los arropes de la popularidad. 
Pero, ¿a qué se debe su éxito, entonces, entre las masas de cubanos hambrientos de un verdadero espejo artístico, que les revele su propia cara? “Conducta” está llena de fórmulas y mecanismos probados, sutiles y obvios, para seducir al espectador y arrastrarlo a un éxtasis sentimental, a una vorágine afectiva en la que cualquier intento de aproximación racional al producto artístico termina siendo un insulto para los creadores y un desmerito para el que intenta criticar de buena fe. 
Para empezar, sus protagonistas indiscutibles son los niños, los pioneritos que vociferan, día a día, en los matutinos “Pioneros por el comunismo: seremos como el Che”, aun con sus estómagos vacíos y los zapatos rotos. Los niños siempre inspiran ternura y sus dramas, solidaridad. Igualmente, la vieja maestra de escuela primaria, que sobrevive a un infarto cardíaco y a la soledad, porque su familia más cercana huyó del país, es la estrella matriarcal, como una Mariana Grajales que en lugar de enviar a sus hijos a los campos de batalla, lo que hace es tratar de rescatarlos de las fauces de la realidad, que los devora con sus injusticias. Los ancianos siempre arrancan lágrimas de emoción. 
Los niños y una anciana, pero no unos cualesquiera: el protagonista, “Chala”, es un rebelde con causa, que lucha para mantenerse y sostener a su madre que, por supuesto, tenía que ser alcohólica, drogadicta, promiscua y enajenada; el niño de 11 o 12 años es el que busca el dinero para pagar hasta las facturas de la luz, amén de los alimentos terrestres. Este buscón aguerrido, este pícaro bello, tierno y feroz, por supuesto, se gana la vida (o ese esbozo de vida) con cambalaches ilegales, como la cría de perros para peleas, y la crianza de palomas, que vende hasta en veinticinco dólares, no sé si para trabajos de brujería, tan de moda en Cuba, o para sopas de enfermos. Su Dulcinea es una aplicada niña del Oriente, de Holguín, lo que se llama “una palestina”, una ilegal en la Ciudad de los Derrumbes, La Habana —tan vana y tan villana—, y por lo tanto “deportable” debido a las leyes castristas imperantes, que hace cumplir la policía, integrada, ironías de ironías, en su mayoría, por esos mismos “palestinos”, que expresamente han sido desplegados en la decadente capital de la nación, azuzando los regionalismos y el racismo cubanos.  
A estos ingredientes que garantizan el componente lacrimógeno del filme hay que sumar otros, igualmente eficaces para encantar a las masas: los burócratas y funcionarios insensibles y ortodoxos, los llamados “cuadrados”; la amenaza de internar al niño en una escuela de rehabilitación de conducta debido a sus actividades “delictivas”; el horror de deportar a la niña con su padre, hermoso y trabajador, a su lugar de origen, Holguín; algunas frasecitas “críticas”, como el dardo dirigido a los veteranos “dirigentes” del gobierno —¡claro que no podían decir dictadores militares que llevan 55 años en el poder!—; un compañerito de clases, llamado “Camilo” (como aquel Cienfuegos que desapareció en el mar), enfermo e ingresado en un hospital, y que fallece; una estampita de la Patrona de Cuba, La Virgen de la Caridad del Cobre, que la niña protagonista coloca en el mural de la escuela y que desata un conflicto “ideológico” de grandes proporciones entre los maestros y burócratas de la educación, a pesar de que la propia directora del plantel se confiesa santera; la “tragedia” de que “Chala” no sabe quién es su padre y la sospecha de que pudiera serlo su compinche de fechorías con los perros de pelea, un joven también bello y repulsivo, pesado y áspero, pero que le paga en efectivo sus servicios; el “rechazo” de la damita principal al galancito y su negativa a ser su novia, aunque después sucumbe al “gallito”, al asere vulgarote y mal hablado, que le regala un abanico para sus clases de flamenco: bien entretejidos, todos estos elementos van conformando un melodrama que nos agarra por el cuello, nos corta las respiración y nos hace llorar sí o sí, en la butaca de las pasiones desatadas de los cines. 
En cuanto a factura en sí, la película cuenta con una excelente fotografía de Alejandro Pérez, que muestra todo el esplendor de la miseria habanera (perdón por la paradoja), que dinamita al discurso oficial con imágenes de las ruinas creadas por la dictadura perpetua de los Castro y subvierte los llamados logros de revolución. No hay en Cuba arma más peligrosa que una cámara, porque esta es capaz de denunciar el genocidio con sólo pasear por los horizontes urbanos, sin que haya palabra de por medio. La música es apropiada y subraya la intensidad dramática de ciertas escenas. Las actuaciones en su mayoría son convincentes, orgánicas, en especial la de “Carmela”, la actriz Alina  Rodríguez, y la de “Chala”, el niño Armando Valdés Freyre, que tiene un futuro luminoso en las artes dramáticas. 
¿Mi conclusión? “Conducta” es el filme que necesitaba el castrismo en esta etapa de supuestas reformas, de “apertura”, en este desliz de “humanización” en que el gobierno le financia operaciones de cambio de sexo a ciertas personas (lo que me parece bien), aunque se sigue reprimiendo salvajemente a los disidentes y a la oposición política; en esta hora en que ¡ya! se puede viajar al exterior (si tienes el dinero, claro) sin un humillante permiso de salida otorgado por el régimen, pero no hay libertad de expresión; en este momento en que “todo marcha bien con los cambios” del raulismo ligero y hasta The New York Times se entusiasma, sin embargo,  la educación y la salud están en bancarrota total e irreversible: ni luz ni agua ni caminos… 
En una nación arrasada moral y materialmente, donde impera la vulgaridad y la falta de modales, donde la población decrece y el sueño final de todo joven es escapar, huir de la pesadilla, “Conducta” viene a decir que no todo está perdido, que el amor salva, que los maestros deben volver a sus aulas y educar con ternura, que no todo marginal es un delincuente y que hay esperanzas permaneciendo en el marasmo. 

Visto así, “Conducta” es la película que se merecen las masas cubanas, tan pasivas, tan teatralmente sentimentaloides, que no sentimentales, tan poseídas por la desidia, tan idiotizadas por 55 años de dictadura castrista. Nada, que entre palomas y pioneritos, Ernesto Daranas, el director y guionista de esta obra fílmica, nos quiere hacer creer que la vida vive en la isla, pese a todo. No por gusto hay una avalancha de altos funcionarios y ministros castristas, obispos, jineteras y obreros aplaudiendo el filme de pie, apoyados con firmeza sobre las ruinas que ellos mismos han creado y siguen pariendo, minuto a minuto, sin azúcar y sin tabaco, sin patria y sin país.