lunes, 3 de marzo de 2014

Entre palomas y pioneritos.

Por Ondina León ©

Este año ha comenzado en la isla posesa de Cuba con varios temblores, unos de tierra, que por fortuna no devastaron la devastación, y otros socioculturales, como el estreno de la película “Conducta”, que dicen que ya se ha convertido en todo un fenómeno y éxito de taquilla, con cines abarrotados en los que el público aplaude, llora, se ríe y sale de la sala oscura a la oscuridad de la realidad con cierta sensación de catarsis y, a lo mejor, de cierta esperanza, nada real, pero confortable: mientras haya amor, la “patria” sigue viva . 
Producida, patrocinada, promovida y bendecida por el Ministerio de Cultura del gobierno castrista, por el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos, ICAIC, también de la dictadura, y otras entidades estatales, gubernamentales y educacionales, y con el apoyo de personalidades políticas, como Abel Prieto, exministro de cultura y eminencia gris de la intelectualidad castrista, se puede afirmar, sin temor a equívocos, que este es un filme oficial y oficialista, de punta a punta, pese a los arropes de la popularidad. 
Pero, ¿a qué se debe su éxito, entonces, entre las masas de cubanos hambrientos de un verdadero espejo artístico, que les revele su propia cara? “Conducta” está llena de fórmulas y mecanismos probados, sutiles y obvios, para seducir al espectador y arrastrarlo a un éxtasis sentimental, a una vorágine afectiva en la que cualquier intento de aproximación racional al producto artístico termina siendo un insulto para los creadores y un desmerito para el que intenta criticar de buena fe. 
Para empezar, sus protagonistas indiscutibles son los niños, los pioneritos que vociferan, día a día, en los matutinos “Pioneros por el comunismo: seremos como el Che”, aun con sus estómagos vacíos y los zapatos rotos. Los niños siempre inspiran ternura y sus dramas, solidaridad. Igualmente, la vieja maestra de escuela primaria, que sobrevive a un infarto cardíaco y a la soledad, porque su familia más cercana huyó del país, es la estrella matriarcal, como una Mariana Grajales que en lugar de enviar a sus hijos a los campos de batalla, lo que hace es tratar de rescatarlos de las fauces de la realidad, que los devora con sus injusticias. Los ancianos siempre arrancan lágrimas de emoción. 
Los niños y una anciana, pero no unos cualesquiera: el protagonista, “Chala”, es un rebelde con causa, que lucha para mantenerse y sostener a su madre que, por supuesto, tenía que ser alcohólica, drogadicta, promiscua y enajenada; el niño de 11 o 12 años es el que busca el dinero para pagar hasta las facturas de la luz, amén de los alimentos terrestres. Este buscón aguerrido, este pícaro bello, tierno y feroz, por supuesto, se gana la vida (o ese esbozo de vida) con cambalaches ilegales, como la cría de perros para peleas, y la crianza de palomas, que vende hasta en veinticinco dólares, no sé si para trabajos de brujería, tan de moda en Cuba, o para sopas de enfermos. Su Dulcinea es una aplicada niña del Oriente, de Holguín, lo que se llama “una palestina”, una ilegal en la Ciudad de los Derrumbes, La Habana —tan vana y tan villana—, y por lo tanto “deportable” debido a las leyes castristas imperantes, que hace cumplir la policía, integrada, ironías de ironías, en su mayoría, por esos mismos “palestinos”, que expresamente han sido desplegados en la decadente capital de la nación, azuzando los regionalismos y el racismo cubanos.  
A estos ingredientes que garantizan el componente lacrimógeno del filme hay que sumar otros, igualmente eficaces para encantar a las masas: los burócratas y funcionarios insensibles y ortodoxos, los llamados “cuadrados”; la amenaza de internar al niño en una escuela de rehabilitación de conducta debido a sus actividades “delictivas”; el horror de deportar a la niña con su padre, hermoso y trabajador, a su lugar de origen, Holguín; algunas frasecitas “críticas”, como el dardo dirigido a los veteranos “dirigentes” del gobierno —¡claro que no podían decir dictadores militares que llevan 55 años en el poder!—; un compañerito de clases, llamado “Camilo” (como aquel Cienfuegos que desapareció en el mar), enfermo e ingresado en un hospital, y que fallece; una estampita de la Patrona de Cuba, La Virgen de la Caridad del Cobre, que la niña protagonista coloca en el mural de la escuela y que desata un conflicto “ideológico” de grandes proporciones entre los maestros y burócratas de la educación, a pesar de que la propia directora del plantel se confiesa santera; la “tragedia” de que “Chala” no sabe quién es su padre y la sospecha de que pudiera serlo su compinche de fechorías con los perros de pelea, un joven también bello y repulsivo, pesado y áspero, pero que le paga en efectivo sus servicios; el “rechazo” de la damita principal al galancito y su negativa a ser su novia, aunque después sucumbe al “gallito”, al asere vulgarote y mal hablado, que le regala un abanico para sus clases de flamenco: bien entretejidos, todos estos elementos van conformando un melodrama que nos agarra por el cuello, nos corta las respiración y nos hace llorar sí o sí, en la butaca de las pasiones desatadas de los cines. 
En cuanto a factura en sí, la película cuenta con una excelente fotografía de Alejandro Pérez, que muestra todo el esplendor de la miseria habanera (perdón por la paradoja), que dinamita al discurso oficial con imágenes de las ruinas creadas por la dictadura perpetua de los Castro y subvierte los llamados logros de revolución. No hay en Cuba arma más peligrosa que una cámara, porque esta es capaz de denunciar el genocidio con sólo pasear por los horizontes urbanos, sin que haya palabra de por medio. La música es apropiada y subraya la intensidad dramática de ciertas escenas. Las actuaciones en su mayoría son convincentes, orgánicas, en especial la de “Carmela”, la actriz Alina  Rodríguez, y la de “Chala”, el niño Armando Valdés Freyre, que tiene un futuro luminoso en las artes dramáticas. 
¿Mi conclusión? “Conducta” es el filme que necesitaba el castrismo en esta etapa de supuestas reformas, de “apertura”, en este desliz de “humanización” en que el gobierno le financia operaciones de cambio de sexo a ciertas personas (lo que me parece bien), aunque se sigue reprimiendo salvajemente a los disidentes y a la oposición política; en esta hora en que ¡ya! se puede viajar al exterior (si tienes el dinero, claro) sin un humillante permiso de salida otorgado por el régimen, pero no hay libertad de expresión; en este momento en que “todo marcha bien con los cambios” del raulismo ligero y hasta The New York Times se entusiasma, sin embargo,  la educación y la salud están en bancarrota total e irreversible: ni luz ni agua ni caminos… 
En una nación arrasada moral y materialmente, donde impera la vulgaridad y la falta de modales, donde la población decrece y el sueño final de todo joven es escapar, huir de la pesadilla, “Conducta” viene a decir que no todo está perdido, que el amor salva, que los maestros deben volver a sus aulas y educar con ternura, que no todo marginal es un delincuente y que hay esperanzas permaneciendo en el marasmo. 

Visto así, “Conducta” es la película que se merecen las masas cubanas, tan pasivas, tan teatralmente sentimentaloides, que no sentimentales, tan poseídas por la desidia, tan idiotizadas por 55 años de dictadura castrista. Nada, que entre palomas y pioneritos, Ernesto Daranas, el director y guionista de esta obra fílmica, nos quiere hacer creer que la vida vive en la isla, pese a todo. No por gusto hay una avalancha de altos funcionarios y ministros castristas, obispos, jineteras y obreros aplaudiendo el filme de pie, apoyados con firmeza sobre las ruinas que ellos mismos han creado y siguen pariendo, minuto a minuto, sin azúcar y sin tabaco, sin patria y sin país. 

7 comentarios:

Anónimo dijo...

La trama no ofrece soluciones ni esperanzas-no es función del cine- sino la supervivencia aislada de la honradez y la moral. No se ve un futuro diferente a lo cotidiano.


Gracias, Ondina.


Teresa Cruz

TURANDOT dijo...

Gracias Ondina. No gastaré dos horas en más de lo mismo. Como siempre, me fio de tí.

Simon-Jose dijo...

Mi querida Ondina;
Hay un concepto inviolable en estos asuntos:

"En política nada sucede por casualidad".

Y los Castro son marrulleros muy experimentados.

Mis amigos todos, los quiero.
Vengo, leo y me voy.
Ando por la Venezuela Virtual de estos días de lucha en aras de una Venezuela Real que se refleje después en Cuba.
Un abrazo a todos,
Simón José.

Anónimo dijo...

Después de leer esta crítica de nuestra Ondina, no me queda más remedio que tratar de ver la película "Conducta" para ver cómo el arte, puesto en función de la política, manipula a las masas. Ya estoy advertido por lo que no me dejaré chantajear por el melodrama. No creo que pierda el tiempo al hacerlo porque luego podré opinar con base. Gracias, Ondina, una vez más por hablar como se debe, sin miedo, incluso con el riesgo de que te acusen de dura. Gracias Josevelio por hacernos llegar este post. saludos a todos.

Enrique Aguirre

Anónimo dijo...

Me pasó igual que a Ondina con esta película. Lloré a moco tendido pero me doy cuenta que es manipuladora. El que no llore con ella no tiene cotrazon pero el que despues no razone que es una película hecha por la dictadura para dar la impresion de cambios, no tiene cerebro. Ondina puede parecer dura en su critica pero es muy lúcida y valiente cuando la expresa. Claro, es muy facil aplaudir la "critica" al sistema en la oscuridad del cine pero ¿apoyan a las Damas de Blanco en la calle? NO. Porque esto tiene un precio alto y lleva carcel. El valor parece ser la virtud más escasa entre los cubanos. No por gusto tantos hemos huido del pais y se lo hemos dejado a los castristas. esa es la verdad. Gracias Josevelio por este blog.

Margarita León

Gino dijo...

Gino Ginoris Querida Ondina, estoy recién llegando de La Isla, vi la película con mi familia, más de lo mismo, una gota de siniestra doble moral se convierte en este filme en un aguacero tremendo, coincido con tu opinión sobre la música y la fotografía, si algo rescaté de esta película fue el ojo del fotógrafo, los viajes sobre una Habana decadente y en ruinas, eso me quedó.
Abrazo a todos.

Anónimo dijo...

No estoy para dramones y pioneritos.Para llorar pongo mejor Madreselva con Libertad Lamarque. Bastante me tuve que rejoder en la Isla Maldita.
La que quisiera ver no la he encontrado. Pero de todos modos muchas gracias a Ondina y su afilada lengua en contra de ese régimen.


George Sand.