jueves, 14 de noviembre de 2013

Los izquierdos inhumanos.

Por Ondina León ©

No me sorprende en lo absoluto que “Cuba”, es decir, en este caso la dictadura castrista que impera en la isla posesa desde hace ya 55 años, haya sido elegida, una vez más, para formar parte de un organismo de derechos humanos en ese circo patético llamado Organización de Naciones Unidas, junto a China, Rusia y hasta Arabia Saudita. Este evento es coherente con el estado calamitoso en que se encuentra el mundo, donde los valores carecen de valor, y donde se padece de un defecto esencial en los mecanismos de la democracia, en los que se impone la dictadura de los números, su suma mecánica, que crea una mayoría, sea justa o no. En este universo en que habitamos, los países (¿o los gobiernos?) decentes y civilizados son escasísimos, al igual que los seres humanos, porque la mayoría pertenecen a la crápula mundial, aunque se digan “progresistas”. 
¿Qué mejor que “escoger”, democráticamente, a países que son expertos en violar, desde hace demasiados lustros, los derechos humanos? ¿Hay mejor forma de que estos estados delincuentes se protejan unos a otros que estar sentados juntos en el “tribunal”, que juzgará los desmanes que se cometen por todas partes? Cuando los criminales se erigen en jueces, hay que abandonar toda esperanza de justicia, aunque sea nominal. 
“Cuba” debería estar siempre presente en cualquier foro en el que se pretenda violentar al mundo para que sea más respetuoso con los derechos humanos, violados y requetecontraviolados, a diestra y siniestra, por la derecha y por la izquierda, por arriba, por debajo y por detrás, como Satanás. Esta islita se lo merece por el récord que tiene como matrona añeja y violadora empedernida de esos principios básicos: ¿libertad de expresión? ¿Estado de derecho? ¿Pluripartidismo? ¿Libertad de movimiento? ¿Separación de poderes? ¿Justicia independiente y equilibrada? ¿Derecho a la felicidad con decencia? No, no que son “rezagos de un pasado” humillante que no volverá, aunque haya que reducir a polvo el diente de perro, que demarca a esta prisión flotante con once millones de cadáveres. 
¿Para qué cambiar después de tantos éxitos sostenidos? Porque realmente la mafia castrista y su imperialismo, estos izquierdos inhumanos, pueden exhibir con descaro muchísimos logros: sostenerse en el poder por 55 años; hacer que el mundo entero los mire con simpatía y los aplauda —desde Francisco Franco y Jean Paul Sartre hasta Ted Turner y Bill de Blassio, el ultraizquierdista recién electo ¡¡alcalde de Nueva York!!—; exportar su “revolución”; armar un andamiaje para que el “enemigo”, léase el exilio y la diáspora cubana, los mantenga y sea su principal fuente de ingresos; exportar seres humanos al por mayor para “resolver” la miseria que ha creado (¡viva Robert Malthus!); hacer que todo un pueblo se suicide, día a día, y se envilezca, creyendo ante todo que son alegres y ocurrentes como el que más. La lista sería infinita, pero una debe tener su pudor de tribu, ¿no? Sí, “Cuba” es mucha cuba, pero de heces. 
¿Y China, la próxima gran potencia de la galaxia? Otro caso paradigmático de cómo combinar lo peor del capitalismo con lo peor del comunismo y dar un estado híbrido, donde se explota a las grandes masas, se les concede unas migajas para el estómago, para tenerlas sometidas, se permite que la casta gobernante se enriquezca, mientras se reprime y se controla siguiendo las pautas de una supuesta psicología social milenaria. Un horror que ha sido inseminado con el capital de Occidente y la bendición de todos los hombres de negocios del mundo entero, que se hincan de rodillas ante mil trescientos millones de potenciales consumidores. Ya se sabe y se comprueba: el capital no tiene moral ni mucho menos memoria para los derechos humanos. Y presten atención esos “disidentes” cubanos y esos políticos estadounidenses que piensan o creen (¿ingenuamente?) que “los puentes culturales”, el “intercambio de familia a familia” o las inversiones capitalistas en Cuba van a generar más democracia o hambre de libertad en el pueblo: China lo desmiente.
¿Y Rusia, ese país más basto que vasto, con ínfulas de gran potencia? De la KGB al Kremlin, gloriosamente Putín es el epítome del nuevo ruso, rudo, rapaz y contumaz, capaz de hacer desaparecer con polonio radiactivo al más pinto de la paloma, si es su enemigo o amante de la libertad, que viene a ser lo mismo. Los nuevos millonarios rusos son, en su gran mayoría, los exesbirros de la inteligencia y/o del ejército reciclados en empresarios y negociantes. El coloso es ejemplo de cómo los miembros del partido comunista del imperio de la URSS son ahora los del partido consumista. ¿Y la libertad? ¿Y los derechos humanos? Bien, gracias: a los periodistas se les manda a “Honduras”. La homofobia se hace ley. Y Putín y los hijos de Putín se eternizan para siempre en el trono. 
Como dije antes en otro artículo, la rusificación de Cuba comenzó hace rato y ya los mafiosos con carné, de antaño, son hoy los “empresarios”, que visitan festinadamente a Miami en busca de nuevos horizontes de bienestar personal. Y para los otros, cepo, “bocabajo”, garrote vil y empalamiento, porque ni un timbiriche con tres trapos para vender quieren en las calles, para que no “se enriquezcan” los ciudadanos de a pie de la Cuba de los Castro: la miseria como arma de control total.

¿Y Arabia Saudita? Ese mar de arenas y petróleo, donde la mujer es reverenciada como reina y los camellos apedreados por infieles y promiscuos malolientes, es un paraíso de humanidad... como todo sitio en el que rige las más fundamentalistas leyes, preceptos y dogmas islámicos. Tal vez a “Cuba” le vendría bien declararse califato e instaurar la sharía, aunque desgraciadamente para los jeques castristas no haya petróleo. Pero, en fin, este país árabe, junto a los alegres caribeños, los chinos filosóficos y los ladinos rusos harán una labor extraordinaria en la comisión de derechos humanos de la ONU. ¡Que Dios nos coja confesados! Amén.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Apogeo de egos y más.

Por Ondina León ©

“¿Cuál es la diferencia entre un pesimista y un optimista? Que en última instancia, ninguno de los dos tiene razón, pero el optimista se la pasa mejor…”. No por viejo el “chiste” es menos válido. Así que yo, en cuanto a Cuba, me la paso muy, muy mal, a cada vez que una información sobre la isla posesa y sus “ilustres” vástagos y bastardos me llega, como una bofetada en pleno rostro de la incertidumbre. 
Ahora ha sido un “evento cultural”, totalmente desvinculado de la política, del que todos (¿todos?) los cubanos tenemos que sentirnos orgullosos, según han decretado los paladines de la libertad y la liberación “progresista”. La señorita Mayda Bustamante escribió el libro “Alicia Alonso o la eternidad de Giselle” y la Fundación Apogeo, dirigida por un tal Baltasar Martín, alquiló, por sólo trescientos dólares, un espacio del Koubek Center —que pertenece al Miami Dade College, institución pública que todos los contribuyentes pagamos— para rendirle homenaje a la excelsa bailarina clásica por su debut, hace 70 años, en el protagónico de “Giselle”. Si este caso fuera en otra nación, en otras circunstancias históricas, no tendría absolutamente ninguna relevancia ni repercusión social: sería sólo un evento cultural y artístico del que sentirse orgullosos. Pero entre cubanos anda la cosa…
¿Quiénes son los protagonistas de esta historieta grotesca? Unos magníficos ejemplares de la fauna castrista. Alicia Alonso ni necesita presentación: genial bailarina que encarna lo peor de la dictadura, porque ella misma es una tirana, absolutamente política, en el peor sentido del término. Ha sido y es la gran matrona que ha dictado sentencia sobre vida y hacienda de “sus” bailarines, esos mismos que están desperdigados por los cuatro puntos cardinales, gracias a sus desmanes, reproducción exacta de los mismos cometidos por la dictadura de los emperadores Castro I y Castro II, como muestra la historia de los últimos 55 años en el archipiélago maldito. 
Aún hoy, mientras la “progresista” y “revolucionaria” Alonso se pasea por el mundo con su “esposo”, Pedro Simón, su lazarillo repulsivo y trepador, traficante de apartamentos para sus mancebos, y junto a su corte de lameculos oportunistas, y se hospeda en grandes hoteles de lujo y se da vida de caviar y champán, los bailarines de su ballet danzan con las mallas viejas y rotas y con zapatillas buenas para la basura, pasan hambre contando los centavos de los “viáticos” y ahorran para comprar “pacotilla” indispensable, como calzoncillos y medias, y sueñan con huir de la pesadilla de represión y frustración, que la gran pastora danzante ha impuesto en su rebaño de Cuba. Alicia, en su reino de maravillas, es la misma que se vestía de miliciana para cantar con sus puntas y piruetas loas a la dictadura; es la militante del partido comunista; es la que firma las cartas de los intelectuales y artistas apoyando los fusilamientos de jóvenes negros, que cometieron el terrible delito de querer escapar del campo de concentración masivo de los Castro; es la que nunca ha alzado su voz a favor de los disidentes y las Damas de Blanco; es la que ha permitido que el “Gran Teatro de la Habana García Lorca”, sede del Ballet Nacional, se caiga a pedazos con filtraciones, goteras y grietas, sin renunciar a sus privilegios materiales en un país bombardeado por la miseria castrista, las enfermedades tropicales (dengue, cólera, malaria…) y un éxodo sostenido y casi masivo que ha desangrado a la nación. Es decir, que de inocente y artista “pura” esta señora no tiene ni un pelo ni su mala sombra. Ella es un paradigma del divorcio abismal que puede haber entre la magnificencia, como artista, y la miseria moral y humana, como persona. Quien acepta el mecenazgo de una mafia con estructura de estado tiene que venderle su alma al diablo, quiera o no.
La señorita Mayda Bustamante formó parte de la corte de la “prima ballerina assoluta” durante 17 años. Con diligencia le sirvió como lacaya, mayoral, capataz o vocera. Fue famosa por su arrogancia, su despotismo, su dureza y su cinismo para con todos. Era despreciada y odiada pero temida, porque tenía el apoyo incondicional de la dictadora en tutú. Luego de estar tan comprometida con el sistema y sus crímenes —no siempre tiene que haber sangre para matar a alguien o ningunearlo—, un buen día esta tenebrosa y oscura funcionaria partió rumbo a España, a vivir su exilio de terciopelo, con regresos festinados a Cuba, viajes a Miami, donde dice que tiene “amores” (algunas ex que infectan el enclave, digo yo) y giras por el orbe. Siempre ha mantenido su fidelidad a su ama y ahora, a raíz de la publicación de su libro en el que le rinde culto a la déspota castrista, declara que la obra “es un acto de amor en mi vida” y agrega, ruda y desafiante, como un carcelero cruel, que hay que respetarla “porque los actos de amor nunca deberían ser cuestionados”. 
Y me permito preguntarle: ¿Y quién te dio a ti autoridad moral para decretar que no eres cuestionable por tu amor a una cacica de la mafia castrista? Si esto no fuera un insulto a todas las víctimas de la peor y más larga dictadura de la América Cretina, sería sólo un gesto patético de una ególatra más. Bustamante debería comenzar por pedir perdón por todas sus fechorías y su servilismo, juzgar sin piedad a Alicia Alonso como persona y luego sentarse a hablar de su virtuosismo como artista. Pero para esto hacen falta cojones y grandeza de alma y ella nunca los tendrá, aunque se piense muy cojonuda y hasta llegue a recomendarle desde su trono el suicidio o el exilio a un joven intelectual, etiquetado de “no confiable” por los comisarios culturales, en pleno Periodo Especial, léase del 1959 hasta hoy, en la eterna pesadilla. 
En cuanto al director de la Fundación Apogeo, no hay mucho que decir: veleidoso “intelectual”; pésimo ensayista y literato; trepador y oportunista; estratega del mercadeo para venderse al mejor postor; mediocre “promotor cultural”, sumo pontífice de los que tienden “puentes culturales” en un solo sentido y siempre a favor de una supuesta reconciliación entre cubanos, a pesar de que aún no ha habido justicia ni se han juzgado a los criminales castristas (¿la habrá alguna vez?). Con “libertadores” como él, las próximas cadenas están garantizadas. Pero eso sí, consiguió regar más el estiércol en Miami con este evento “cultural” del que todos tenemos que sentirnos “orgullosos” y realizados. 
Con hechos como este, es muy difícil sentirse optimista de cómo marchan las cosas para la nación cubana, incluso para esta parte que vive en democracia y que, día a día, tiene que ver cómo la dictadura y sus secuaces usan y abusan de las leyes, normas y ordenanzas, que garantizan la libertad de empresa y de expresión, fenómenos ausentes en la isla. Dolorosamente, la democracia es así. ¿Qué se puede hacer? Esto es sólo el principio: horrores se verán…