sábado, 11 de mayo de 2013

Sombra dorada.



Por Ondina León ©


Tal vez, en este ya remoto 1959, fuiste de las tantas, la mayoría, que los recibió con los brazos abiertos y una enorme sonrisa de esperanzas. Tú querías un cambio radical y que tus hijos nacieran en libertad, no bajo una dictadura. Ellos era jóvenes, hermosos como dioses griegos y simbolizaban la vocación democrática de un pueblo, que estaba bien materialmente, pero que quería soberbiamente estar mucho mejor y con libertades de sobra. Tal vez, los gritos de “Paredón, paredón” te pusieron nerviosa y dubitativa. ¿Por qué había que manchar de sangre el amanecer verde olivo? Luego, no acabaste de entender a plenitud por qué había que confiscar tantos bienes a aquellos que los habían obtenido trabajando duro de sol a sol. Te dijeron que la zafra de atracos era para que todos fueran iguales, para que hubiera justicia. Cada verbo parecía justo, pero tú sentías, tal vez, que había demasiada violencia, sobre todo contra los que osaban criticar las vertiginosas decisiones de aquel líder carismático, que desbordaba testosterona y que amenazaba a un imperio demasiado grande para ser desafiado. Y en medio de la fiebre revolucionaria, cometiste el supremo acto de bondad de convertirte en madre. Ahora, tu hija era tu reto mayor y tu ancla en medio del vendaval. Pero, ¿cómo garantizarle su leche? ¿Cómo hacer para que no la envenenaran con un odio prefabricado de unos cubanos contra otros? Ya habías comenzado a perder familiares y amigos que huían “al Norte” porque les habían despojado de todo, incluso de sus derechos. Tú resistías y te desencantabas por días. Sin embargo, tal vez, tuviste la esperanza de que cambiaran las cosas, que se moderaran los excesos, que se hiciera justicia y que no se inyectara en el corazón de los niños tanta obediencia ciega y tanta desidia. Ya bastante estabas sufriendo por parar la olla nuestra de cada día y que tu familia se alimentara con esos frutos del “invento”, de la bolsa negra o del “resolver”, porque ya habían castrado los campos y sacralizado al ganado. Y vinieron para tu hija las escuelas al campo, las absurdas guardias en la cuadra para controlar a los vecinos, las milicias, la imposición de la vulgaridad, la simulación en aquella lucha que no habías escogido en realidad. Tenías que resistir y ayudar a resistir a tu hija, a tus hijos que se multiplicaron, mientras mermaba tu esperanza de un mundo mejor, cada vez más lejano. Aquel “hombre nuevo” que te proponían era cada vez menos hombre y más bandido, más pícaro, más pusilánime, más poco patriota. Lo único realmente esperanzador era huir de aquella isla rehén. Pero, ¿cómo? Mientras, tú eras el abrigo contra tantas privaciones, la peor de todas, la falta de opciones de vida. Y pasó el tiempo y pasó no un águila majestuosa, sino el oscuro cuervo del desasosiego. Y tu hija creció y se convirtió, valerosamente, en madre también. Y ahora tú eras abuela de una hermosa niña, tan desnuda como las generaciones anteriores de mujeres de tu familia, tan todo futuro como tú lo habías sido para terminar en esta amargura. Pero, ¿qué ofrecerle más acá de todo tu amor, instintivo y fiel? Sólo tu sombra dorada. Para esos soles carnívoros, madre, tú te creces día a día, te encalleces y nos acoges bajo tu ala protectora. Ante tu amor, no hay exilio voraz ni distancias criminales ni silencios torrenciales. Sólo tu amor es cierto. Sólo tu seno es fecundo. La pesadilla es perpetua, pero cada día que despertamos huérfanos de patria, sin país ni nación, volvemos a renacer y a parir continentes habitables gracias a ti, sombra dorada. Cada día es tu día, pero hay algunos en que tu título de madre se revalida con esos gestos irrepetibles de amor, como cuando despides a un hijo que parte hacia lo desconocido, buscando otros horizontes de luz y dejando atrás toda su vida y a ti. Gracias, madre, por hacerme quien soy y por querer ser como tú. Más que felicidades, te deseo hoy larga vida: larga esperanza para todos en este mundo de incertidumbres y hecatombes.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Libertad y vida.


Por Ondina León ©


Al nefasto grito de “Patria o muerte”, incrustado por un caudillo, a partir del año 1959 en el rostro del archipiélago caribeño, una cubana le ha respondido en los últimos años con su “Libertad y vida”. Y no sólo ha contestado así a lo peor de un machismo necrófilo y genocida, a una mafia hacedora de ruinas, sino que también ha sostenido su respuesta con una voz inteligente y firme, que ha tenido que desafiar a los castristas y a los anticastristas, o a los que se pintan como tales: la batalla de Zoé Valdés, sin exagerar, ha sido épica en su literatura y en su blog.

Ahora, coincidiendo con su cumpleaños 54 —ella siempre ha dicho su edad en voz alta y con orgullo—, Zoé ha decidido hacer un alto en su misión como bloguera y consagrar más tiempo a su obra literaria, a proyectos personales y a su familia. ¡Felicidades!

Muchos se lamentan de esta decisión con razón, porque su blog es una excepción positiva en esa galaxia infinita y turbia de la blogósfera cubana, en la que priman los egos, la miseria humana, la incultura, el infantilismo político, la falta de sentido democrático y, en los últimos oscuros tiempos, una fascinación con los reacomodos de cargas de la dictadura de Castro II, lo que tristemente se ha dado en llamar el “raulismo light”, esas flatulencias de sus cerebros.

Extrañaremos su blog. Este ha sido un vasto campo de batallas de ideas, tendencias y criterios, que ha tenido perfil de periódico, de cátedra universitaria, de medio de difusión cultural, o de templo de las bellas artes, como la pintura o el cine. El blog de Zoé ha sido diverso, dinámico, rico y profundo. Si alguien sólo quería saciar su sed de cultura y no embarrarse de los debates políticos, allí encontraba su reino sagrado. Si por el contrario, el interés era mayormente político o histórico, este blog ofrecía infinitas posibilidades no sólo de la propia escritora, sino también de diferentes personajes.

En esta ágora cibernética todos han tenido participación activa, incluso los que dejaron sus testimonios, no siempre decentes, no siempre educados, en contra de los puntos de vista de Zoé y su justa militancia anticastrista. En este sentido, desde ya su blog queda como un paradigma de lo que deben ser estos espacios virtuales. Y queda, además, como un ensayo general de lo que debe ser la democracia en una Cuba futura, si el país llega a existir.

Criticada absurdamente, vilipendiada, calumniada hasta el delirio, manipulada inmoralmente, saboteada por el brazo largo y negro del castrismo y sus cómplices de todas partes, Zoé ha resistido como la guerrera excepcional y apasionada que es. Pero hasta las más grandes guerreras necesitan su descanso, su parada hospitalaria para recobrar el aliento y seguir dando batalla y vida. Ahora le toca respirar y privilegiar otros intereses, más allá o más acá del casi inútil combate por la libertad de su pueblo, que tanta resistencia ofrece a un cambio radical que lo eleve a nuevos horizontes de abundancia y paz. Ya lo dijo otro iluminado que padeció y no sobrevivió a la cubanidad: “Los pueblos no pueden ser arrastrados a la libertad”.

Sólo me queda expresarle abiertamente mi apoyo a Zoé Valdés y darle, una vez más, las gracias por todo lo que ha hecho por la literatura cubana libre —está presentando otra novela más— y por la libertad y la dignidad de los cubanos. El mejor premio que puede recibir esta creadora es saber que, en la que alguna vez fue su patria y donde ella está prohibida por la dictadura y la policía cultural y sus colegas abyectos, su obra se lee clandestinamente, pasa de mano en mano con fruición, y es devorada como alimento terrestre, aun con los estómagos vacíos y una aguda falta de esperanzas.

Por su obra, por su entereza como mujer, por su fuerza y por su ternura, por su lengua libre y desafiante, y por su cumpleaños 54, ¡felicidades, Zoé!

Ten presente que este sitio del Maestro Josevelio Rodríguez, “Guitáfora”, que tanto has apoyado, es también tu casa y puedes entrar a ella, cuantas veces quieras o lo necesites, y quedarte. Aquí te estaremos esperando con los brazos abiertos para darte siempre las gracias por tu existencia.