miércoles, 2 de octubre de 2013

Era sin pedestal.


Por Ondina León © 

Pedir perdón puede ser un supremo acto de valentía ética y de humildad. También puede ser una maniobra maquiavélica con fines oportunistas o una estrategia para desarmar a un rival, que exija justicia. Sólo unos pocos elegidos logran, con autenticidad, cometer este acto de bondad y de delicadeza para con el prójimo, sus patrias y la historia. A juzgar por el contenido del texto “Ara, no pedestal”, de Roberto Ampuero, que recientemente comenzó a circular en los medios y en la Internet, este en un buen ejemplo de moralidad, aunque cada cual pueda reservarse el derecho de matizar sus afirmaciones y su mea culpa. 
Cuarenta años después, este escritor chileno, que fue militante comunista en su juventud, vuelve sobre el siempre dolorosamente vivo golpe de estado que derrocó al presidente Salvador Allende y catapultó a su país a las manos de una junta militar, encabezada por el general Augusto Pinochet. La historia polarizó a una nación y la trucidó cruelmente con un saldo de víctimas que da pavor, como en cualquier guerra, porque hubo una y mucho más grande de lo que se cree, dentro del marco del conflicto entre los valores del Occidente democrático y el imperialismo ruso, la llamada “Guerra Fría”, tan larga como costosa. 
En su texto, intenso y sentido, el autor de “Nuestros años verde olivo”, les pide perdón a sus compatriotas, a Allende y hasta a “los sufridos ciudadanos” de los países comunistas en los que vivió, como Cuba y Alemania, entre otros.  Ampuero reconoce, sin excusarse con su inocencia juvenil, que por aquellos años “todos estábamos enfermos de odio”. Y ya se sabe que, como la violencia sólo engendra violencia, el odio sólo crea más odio, irracional y castrante, excluyente y doloroso. 
Admiro esta sinceridad desbordada de un hombre maduro que tuvo el coraje de desgarrarse, revisar sus convicciones y evolucionar moral e ideológicamente, como en su momento tuvo que hacerlo otro grande de las letras, Mario Vargas Llosa, luego de ser de izquierdas y apoyar a la mal llamada “revolución cubana”. Sin embargo, si importante para la salud del alma y el desarrollo del espíritu es saber pedir perdón, también es vital saber a quién o a quiénes se les pide ese perdón liberador, que nos da una superior categoría humana. 
Ampuero le piden perdón “a sus compatriotas”, pero, ¿a cuáles de ellos? ¿A Pablo Neruda, que le cantó loas patéticas al asesino de Stalin? ¿Al errático Salvador Allende que le entregó el país a Fidel Castro, quien se pasó todo un mes en Chile sembrando su maleficio arruinador? ¿A Max Marambio, mafioso inescrupuloso que hizo negocios, durante 17 años, con la mafia castrista, hasta ayer de tarde? ¿A Camila Vallejo, terrorista en ciernes, entrenada por los estrategas del castrismo? ¿A la Michelle Bachelet que se levanta de una conferencia y corre lujuriosa a besar la mano del Sumo Pontífice del Mal, el Emperador Castro I, en La Habana? ¿A esos chilenos “aguerridos” que vandalizan Santiago al ritmo de una canción de Silvio Rodríguez, el trovador de la dictadura castrista? ¿A los compatriotas que desfilan pidiendo libertad con banderitas cubanas y la imagen del siniestro Ernesto “Che” Guevara, artífice del totalitarismo cubano y sembrador de odios? ¿Cómo se le puede pedir perdón a una masa física amorfa que se causa daño a sí misma con sus pretensiones depredadoras? 
En Chile, probablemente el país de América Latina más estable y moderno, hay un equilibrio precario entre las fuerzas políticas, que muchos pretenden romper con sus torpezas ideológicas y sus exigencias de cambios desmedidos y esa manía de hurgar en la historia, no para hacer justicia, sino con un afán de revanchismo patológico, que es revolver el estiércol estérilmente. A estos actores de la realidad, que no tienen estatura ética, Ampuero no tiene que pedirles perdón. Son todos ellos los que deberían reconsiderar sus supersticiones y sus caprichos ideológicos, evolucionar, pedir perdón por su complicidad con la dictadura castrista y todas las neodictaduras en América Latina —Ortega en Nicaragua; Chávez y Maduro en Venezuela; Correa en Ecuador; Morales en Bolivia; Cristina Fernández en Argentina— y en el mundo entero, y hacerse defensores de los derechos humanos y del pluralismo, que niegan esas izquierdas antidemocráticas y violentas.
 La gran tragedia del mundo de hoy, luego de cien años de historia llena de aberraciones sanguinarias, como el nazismo, el estalinismo, el castrismo, el putinismo ruso y el populismo latinoamericano (de Perón a Chávez), es que no hay un basamento moral sobre el cual, con educación, cultura y civilidad, levantar una filosofía auténticamente democrática que nos permita ser prósperos, material y espiritualmente: es una era sin pedestal ético. Sólo unos cuantos, como Ampuero, tienen el valor de admitir sus errores, rectificar y declararse liberal y humanista, desafiando los absurdos cotidianos, la contaminación de valores y la amalgama corrupta de izquierdas con derechas en la que se le rinde culto al capital más deshumanizado en interés propio y no en el de la sociedad. ¡Gracias, Roberto Ampuero, por el valor y la decencia!

8 comentarios:

Gino Ginoris dijo...

Gracias Ondina León por este texto.
Vivo en Chile y ahora lo comparto con mis conocidos.

Anónimo dijo...

Brillante como siempre. En esta ocasión, Ondina derrocha sabiduria y sentido de la justicia. Honra a Ampuero, pero abiertamente expresa lo que siente sobre su peticion de perdón. Yo la apoyo sobre todo porque sus argumentos son fuertes. gracias por hacerme pensar una vez mas. Josevelio, usted tambien es un maestro por seleccionar temas serios de actualidad para este excelente blog.

Enrique Aguirre

Anónimo dijo...

Ondina no es chilena que yo sepa. No puede hablar de este asunto. Siempre se mete en lo que no le importa. Ahora un tipo pide perdon por que fue comunista, canbio de saco y dice que es "humanista" y ya va ella a aplaudir lo. Es un caso esta señora. a lo mejor ella tan bien fue comunista y esta arepentida.

J.F.

Anónimo dijo...

Valor y decencia que no hemos visto-públicamente- en nuestros compatriotas con la excepción de Benigno, que yo sepa.


Teresa Cruz

Anónimo dijo...

Aqui cada cual habla de lo que le da la gana o lo que le sale de sus entretelas mondongales. Este es un pais libre y se respeta la opinion de cada cual. Punto.

George Sand.

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con George Sand. Este es un blog libre y cada cual se expresa sobre lo que necesita. El post es excelente y honra a quien tiene que honrar y denuncia a los hijos de puta de siempre. ¿Cuando tendrán valor nuestras "figuras" para pedir perdón por sus crímenes y complicidades con la dictadura? Hace unos años, un cantante ciego (del grupo los 5u4, creo) que llegó a Miami, pidió perdón por cantarle a la dictadura y por poco se lo comen vivo, como si nadie tuviera culpa de nada. Recuerdo a la mercenaria de Carmen Duarte, una esbirra del castrismo con licencia de impunidad en Miami, criticarlo sin piedad. así andamos. Gracias.

Cristobal

roger dijo...

Sin dudas es admirable que este señor se disculpe por haber apoyado una causa que esclaviza a los pueblos ideológicamente, perpetua a los políticos en el poder y vuelve a la gente una cuerda de mantenidos por el estado, pero para perdonar esta dios, lamento que no crea mucho en el perdón de los ex comunistas. un cordial saludos para Ondina, José y los comentaristas!

antonioramos295@gmail.com dijo...

Es muy justo el comentario de Ondina León. Fui alumno de Jesús Días Ribot en décimo grado en 1975-76 y su amigo. Después de salir de Forjadores del Futuro, fue profesor en la Escuela Vocacional Lenin, donde sus alumnos lo admiraban. En un determinado momento lo expulsaron del Partido Comunista por expresar su verdad, tal como la conocía y defendía con vehemencia, fue encarcelado más tarde por "delitos contra la seguridad del Estado". Lo vi ya cuando salió de la cárcel. Pero no hablaba de eso. Sufrió mucho y empezó a padecer del corazón. Una vez lo vi en el Cerro. Se había ido al Estadio del Cerro a ver su equipo favorito, Industriales y se le olvidaron las pastillas, regresaba a su casa de Centro Habana a toda carrera. La ultima vez que lo vi fue a finales de 2005. Daba clases en un escuela de adultos. Aquí en España me he acordado mucho de el y hasta he pensado que hubiera dicho si viera estos campos de Castilla que tanto amo.Cuanta tristeza.Su vida fue trágica. Como bien dice Ondina,era un intelectual excepcional y una excelente persona. En Paz descanse.