martes, 10 de septiembre de 2013

El último disparo.

Por Ondina León ©

Nadie hubiera sospechado nunca que tomaría una decisión de esa naturaleza. Pero lo hizo. Y la ejecutó: a sus 89 años se disparó un tiro en la cabeza. Usó su propia pistola, esa que todos deberíamos tener a mano para defendernos de nosotros mismos y, tal vez, de los demás que intenten secuestrarnos el tiempo, de alguna forma. Así se hizo justicia a sí mismo y evitó ser encerrado en un hospital, donde dependería por completo de unos asalariados, ajenos y distantes. Se libró del ultraje de la vejez. Murió ebrio de lucidez y, casi seguro, en paz, luego de haber sobrevivido a tantas guerras, esas que engendran las naciones en el delirio de la historia y las que surgen de nuestras propias entrañas y que pueden ser tan devastadoras como creativas. 

Sándor Márai —11 de abril de 1900, Kassa, Hungría-22 de febrero de 1989, San Diego, California—, novelista, dramaturgo y periodista, vivió dos guerras mundiales; resistió dos grandes aberraciones históricas, el nazismo alemán y el estalinismo ruso; vio cómo todo un mundo, ordenado y burgués, se desmoronaba en lo que otrora había sido llamado “imperio”; vivió el exilio político; a los 48 años tuvo que huir de su país, que había caído bajo la bota sangrienta del comunismo;  perdió a la mujer que amaba, su única esposa, luego de un matrimonio de 60 años; fue ninguneado en su propia patria por pertenecer a un supuesto “pasado vergonzoso”, a pesar de su grandeza, y, finalmente, se quedó sin fuerzas para seguir resistiendo el paso del calendario y su precio mortal. 

En el lapso que le tocó en suerte, entre la vieja Europa y el pujante Estados Unidos, ya fuera en Budapest, Berlín, Munich, París, Nueva York o San Diego, Márai no dejó de escribir como un poseso que cumple una misión sagrada. Y lo hizo tanto y tan bien que hoy está entre los grandes novelistas del siglo XX, a la misma altura de Thomas Mann, Herman Hesse, Stefan Sweig o Marguerite Yourcenar, por sólo citar a los europeos. Pudo haber escrito sus obras en alemán, pero  optó por el húngaro, su idioma materno, para demostrarse y demostrarnos que el lenguaje propio es la casa del ser, sobre todo para crear a plenitud. Y siempre escribió sus obras en húngaro, a pesar de ser políglota. Así, sus novelas “La herencia de Eszter”, “Divorcio en Buda”, “La hermana”, “El amante de Bolzano”, “La mujer justa” y la que está considerada su mejor creación, “El último encuentro”, constituyen un universo humano e histórico de primera magnitud en el que se pintan con maestría las más intensas (y también bajas) pasiones: el amor, que en su caso siempre es un triángulo entre dos hombres y una mujer o entre dos damas y un galán; la amistad, con sus cumbres luminosas y sus oscuros rincones, salpicados de erotismo contenido y traiciones imperdonables; el resentimiento con un fuerte condicionamiento clasista; las miserias físicas de las enfermedades y la piedad que pueden producir en los otros; el valor de las intenciones, buenas y malas, y su efecto en el prójimo; la relatividad de las verdades; el individualismo como bastión de la identidad; y la terrible hermosura del paso implacable del tiempo. Todo esto y mucho más expresó Márai en cada obra, en donde priman los monólogos y las largas conversaciones, y en donde las acciones de los protagonistas, esencialmente encajadas en el pasado, son evaluadas con un sentido de justicia muy personal, según los intereses de cada personaje.
 
Se ha dicho que este escritor húngaro retrató hábilmente el mundo europeo de entre guerras y es cierto. Pero si hubiera que definirlo sin riesgos, se podría decir que Márai es un pintor de almas, un escultor de personalidades y tipos que alcanzan su mejor expresión en medio de las vorágines de sus pasiones y las calamidades de la historia, incluidos los bombardeos a ciudades tan hermosas como Budapest. Todas sus novelas son intensas, pero termino privilegiando “La mujer justa” —me hubiera gustado más, para evitar anfibologías, el título de “La mujer ideal”—, en la que, con una pericia digna de Balzac, los mismos hechos son narrados y juzgados con una visión muy diferente por cada uno de los personajes involucrados en el triángulo amoroso, un hombre y dos mujeres que antagonizaron por su afecto. Lo que nos hace recordar ese filme japonés ya clásico de Akira Kurosawa, “Rashomon”, con sus perspectivas tan disímiles y ¿válidas? Impresionan la concatenación de los hechos y la sabiduría, que a golpes de eventos y decisiones extremas van alcanzado los personajes, y que son un registro exacto del conocimiento que alcanzó Márai del ser humano en toda su dimensión, con sus grandezas y sus miserias.

Este artista se consagró tanto a su pluma que ya a los 40 años había alcanzado una fama muy respetable. Sus obras eran éxitos de venta y se traducían a los principales idiomas del mundo. Sin embargo, con la imposición del comunismo en su país, luego de la Segunda Guerra Mundial,  Márai fue ninguneado y clasificado como un escritor “decadente y burgués” por la burocracia inquisitorial, que contó con la complicidad de sus colegas y la indiferencia de sus compatriotas. No le quedó más remedio que asumir el destino, salvarse de la colectivización forzosa de la sociedad y, en 1948, huir de Hungría, a la que nunca más volvería. 

Por un periodo demasiado largo en términos de vida humana, Márai cayó injustamente en el olvido. Con el colapso del llamado “campo socialista” en Europa del este y los cambios radicales en su patria, este gran escritor ha sido rescatado y vuelto a ser valorado como merece. Márai no pudo disfrutar de la caída del Muro de Berlín, pero seguro que presintió los hechos y, antes de apretar el gatillo y dar el último disparo, tiene que haber suspirado con algo de esperanza y sentir que sus obras seguirían siendo sus disparos sostenidos en el mundo. 

¿Cuál habrá sido su último pensamiento, antes de hacerse justicia y librarse de una cadena perpetua? No me atrevo a especular. Pero ya Márai había dicho “Uno acepta el mundo, poco a poco, y muere”. Además, también había afirmado con total lucidez: “Uno siempre responde con su vida a las preguntas más importantes”. Y así lo hizo. Para todo aquel que quiera acercarse a su colosal obra y tocar su vida en cada libro, sólo hay que entrar al sitio virtual www.libroos.es y leer o descargar, ¡gratis!, sus mejores novelas. No dejen de hacerlo. La aventura es arriesgada, pero necesaria.

14 comentarios:

Zoé Valdés dijo...

Gracias, hermoso homenaje a uno de mis escritores favoritos.

TURANDOT dijo...

Excelente. Gracias Ondina.

Anónimo dijo...

"Uno acepta el mundo, poco a poco, y muere”. Así es.
Nuestra misteriosa presencia en el planeta se resume en esas palabras.

Bienvenido el regreso de Ondina. La echamos de menos. Gracias a Jose Evelio y a Ondina.

Teresa Cruz

Gino Ginoris dijo...

"la terrible hermosura del paso implacable del tiempo"

Hay que visitar esa página, gracias Ondina, gracias Jose.
Abrazo.

Anónimo dijo...

La señora Ondina como siempre intensa, sabia, poetica y convincente. No conozco al escritor, pero lo buscaré. Tambien tengo que pensar la sugerencia de la pistola salvadora. Excelente como dice Turandot. Gracias a todos.

Enrique Aguirre

Anónimo dijo...

"La aventura es arriesgada, pero necesaria", afirma Ondina. Y luego de leer tan apasionado artículo estoy convencida de que debo arriesgarme y leer a Márai. Seguro que nunca terminaré de darle las gracias a Ondina y a su pluma que siempre nos da hermosura y conocimiento. ¿Se puede pedir más de alguien? Aunque no estoy de acuerdo con el suicidio, pudiera entender las razones de este hombre para hacerlo. Dios sabrá. Gracias, Josevelio por volver a publicar a esta señora única en la blogosfera cubana.

Margarita León

Anónimo dijo...

Yo no se como Zoe, Turando, Gino, Teresa y comparsa pueden encontrar bueno este post. Ondina esta a favor de las armas y del suicidio. Se ve que es violenta amargada y retorsida como siempre. Pobre Josevelio que tiene que sacar esto de un ungaro que nadie conoce ni se va a leer. Ojala que esta ansiana se dedique a teger. Gracias
J.F.

Anónimo dijo...

Me sumo a los comentarios de las personas inteligentes y cultas que visitan este blog. El articulo de la señora Ondina León es excelente, como todo lo que ella escribe. Si alguien hizo una lectura limitada (¡no hay cerebro!) y solo vio violencia en sus palabras, eso habla de lo que tiene en el alma. Qué lastima. Yo tampoco conozco a este escritor, pero lo descubriré gracias a Ondina. El comentario de Teresa Cruz me conmovió. Gracias, Josevelio.

Cristobal

JosEvelio dijo...

Agradezco a Zoé Valdés, Turandot y a Ondina porque a través de ellas conocí la obra de Sandor Marais. La mujer justa y El último encuentro son mis preferidas.
Gracias y saludos a casi todos.

Anónimo dijo...

Las personas inteligentes y sensibles siempre tienen un patrimonio cultural compartido y que comparten. Por esta invaluable razón, Ondina, Zoe, Turandot y Josevelio conocen bien a este escritor hungaro. Los demás comentaristas de igual categoría valoran la sugerencia de Ondina y corren a leerlo. Por lo demás, siempre hay algun acomplejado que se resiste a alimentar su espíritu, como ese que dice que es "un ungaro que nadie conoce ni va a leer"... Claro, primero tiene que alfabetizarse para luego poder leer. Nada, Ondina, lo importante es regalar perlas y margaritas, aunque haya algun cerdo colado en este blog. Gracias, Maestro Josevelio, por ser tan tolerante y democrático. Maestra Ondina, mis respetos otra vez más.

Mara Villa del Valle

Taty Cascada dijo...

La lectura es siempre un placer; pero se transforma en adicción, cuando leemos un escrito bien desarrollado, fundamentado y con suficiente material para investigar.
Felicitaciones por su maestría en las letras.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Si Ondina afirma que es comparable a Mann,, Hesse y Yourcenar, entonces hay que leerlo y sin prejuicios por su nacionalidad, que en todas partes hay talento. Gracias por este excelente texto. Ya extrañaba la impresionante sabiduría y la pluma de esta señora, en este blog de altura.
Saludos a todos.

Fabrizio del Dongo

Anónimo dijo...

Hola. No he leído ningún libro del autor, pero por este magnifico artículo me animo a investigar su obra, un abrazo para Ondina y Josevelio y un cordial saludo para los comentaristas.

Roger

Gino Ginoris dijo...

He vuelto a este comentario porque son casi las 3 de la mañana y estoy que me orino de la risa con el comentario del anónimo que firma J.F.
Parece que es algo cíclico, cada cierto tiempo se presenta un personaje con alma de payaso por este blog, casi siempre negativo y con una extraña propensión a la escasez de materia gris, este que nos llega ahora es un ejemplar para estudio , escribe Ungaro y anSiana de una forma muy peculiar y divertida, estoy seguro que si retorSieramos un poco su masa encefálica se pondría a teGer con la gandofia resultante unos pañitos preciosos para cubrir sus entendederas.