lunes, 15 de abril de 2013

Bajo el Manto Negro.


Por Ondina León ©


A todas las víctimas del castrismo, en el aniversario 52 de haberse decretado el carácter “socialista” del macabro accidente histórico.

Desde hace 54 años, Cuba está cubierta por el manto negro de la dictadura castrista, que sólo ha engendrado miseria humana y material, represión, violación de los derechos humanos, encierro y torturas, inmoralidad, desidia y exilio. Cuba es una gran cárcel, rodeada por infranqueables muros de espuma de mar y tiburones guardianes, que cuenta a su vez con un sistema de prisiones que son antesalas del infierno. La población penal, amalgama de delitos comunes y políticos, es una de las más grandes del mundo en comparación con el total de los habitantes del archipiélago poseso. Todos los cubanos hemos sido o somos reos de la dictadura, pero hay algunos que lo han sido mucho más porque, literalmente, han sido condenados a pasar por las mazmorras de la locura y la deshumanización: tal es el caso de Teresa Cruz, quien estuvo presa en la Prisión de Mujeres de Occidente, más tristemente conocida como “El Manto Negro”, en El Cano, La Habana.

A pesar de esta experiencia extrema, sumada a otras tantas que tuvo que vivir hasta que logró escapar a España, en 1987, nunca he considerado a Teresa Cruz una víctima más del holocausto cubano, sino una sobreviviente muy digna, una luchadora que ha ofrecido una resistencia tenaz y ha conseguido vivir en libertad y darle a su hijo un horizonte luminoso de posibilidades. Por si fuera poco su ejemplo tangible, esta mujer nos ha regalado ahora el testimonio de su experiencia vital bajo el castrismo en “La esquina de mi memoria” —Editorial Asopazco, España, febrero 2013—, que más que una autobiografía al uso es un registro telúrico del horror que ha tenido que vivir y vive toda una nación.

Estas memorias, más que un compendio de anécdotas personales y familiares, pueden considerarse también como un manual de historia de un trozo de lo que ella llama, con toda certeza, “la dictadura de la sinrazón” que, en su caso específico, tuvo que sufrir en carne propia hasta el año 1987. Dios la libró de tener que resistir el llamado “Periodo Especial”, que fue decretado por la tiranía castrista en 1990, pero a cambio ella sí tuvo que vivir y desvivir el exilio en dos países diferentes, España y Estados Unidos (hoy vive en New Jersey): climas disímiles; lengua ajena; culturas extrañas; nostalgias; carencias; luchas a brazo partido por insertarse en los nuevos mundos con su familia. Salir al exilio, a nuevos rumbos de libertad, no quiere decir exactamente pasear por un campo de girasoles con un cielo azul. Pero ella es una guerrera de pura raza, como confirma en este libro.

A través de sus páginas, Teresa nos cuenta, con una sencillez que es suprema virtud, cómo aquel mundo real en el que vivía, de trabajo, de prosperidad y seguridad familiar y material, comienza a desmoronarse, a partir de 1959, con la instauración de la pesadilla castrista, que el mundo entero consumió como la realización de un sueño libertario, de una utopía hecha realidad para el bien de todos. La Revolución comenzó con los gritos de “Paredón, paredón” y “Patria o muerte. ¡Venceremos!” y allanó el camino para el horror de la más absoluta falta de libertades individuales, confiscaciones de bienes bien habidos, la eliminación de la patria potestad, el adoctrinamiento de los niños, la persecución de los religiosos, homosexuales y “lacras” del pasado, el encarcelamiento de opositores políticos, la tortura y el exilio de miles, que ya hoy suman millones de cubanos en los cuatro puntos cardinales. Si alguien —sobre todo las izquierdas babosas, los “progres” millonarios y los guevaristas— tiene dudas del éxito del régimen castrista en crear ruinas humanas y materiales, sólo tiene que leer estas memorias de “una cubana de a pie”, como la misma autora se define con una soberbia humildad.

Igualmente, con un estilo narrativo coloquial y fluido, Teresa Cruz deja su testimonio de eventos traumáticos que aún se sienten como cicatrices abiertas en el alma de la isla: Bahía de Cochinos y el fracaso de un intento justo por liberarnos del castrismo; la UMAP, esos campos de concentración deshumanizados; el delirante fracaso de la “Zafra de los Diez Millones” y la hambruna que provocó; los sangrientos actos de repudio durante el éxodo masivo del Mariel, en 1980; el horror fascista del Sidatorio de Villa Los Cocos, en Santiago de las Vegas; y mil manifestaciones más de la violencia estructural que día a día aún se vive en la Cuba de los emperadores Castro.

“La esquina de mi memoria” es su autobiografía, pero también es, inevitablemente, la historia de otras vidas cercanas a Teresa, desde la de su esposo, Antonio Hallado, bastión de su resistencia ante el castrismo; la de sus familiares allegados, en especial la de su madre, sembradora de libertad; hasta la de personajes como la famosa Nitza Villapol o el escritor Arturo Doreste (tan injustamente ignorado), pasando por una extensa horda de seres viles, deleznables, inmorales, oportunistas, cobardes y envidiosos, que han sido el sustento de este régimen de patologías y aberraciones, que todavía impera en nuestra nación. Mención aparte merece el largo capítulo dedicado a su paso por la prisión de “El Manto Negro”, donde la condición humana de cualquiera se pone a prueba y no siempre con éxito.

Estas memorias son desde ya un libro imprescindible para complementar el estudio de la historia de Cuba. Cuando una lo cierra, después de leerlo de un tirón y haber llorado (las tragedias son muchas) y haber reído (el absurdo es demasiado), como Dios manda, se impone una pregunta: ¿y cuando se hará justicia por tantos crímenes? ¿Cuándo nos libraremos de la sinrazón?

Actualmente se habla demasiado de “diálogo”, de “reconciliación”, de “convivencia”, de “puentes culturales”, pero no escucho (ni oigo) hablar de justicia, porque los hacedores del mal están aún ejerciéndolo y hasta enriqueciéndose desde sus tronos de veteranos mafiosos. La lectura de este libro me reafirma el sentimiento de que se necesita justicia para luego intentar refundar la nación. Limpieza general y sólo después, reconstrucción moral y material.

Por el momento, mientras esperamos el milagro de la justicia, Teresa Cruz, amiga desde la cárcel del Manto Negro, gracias de todo corazón por haber tenido el valor y el talento de dejar un sólido testimonio para la posteridad. Tú te consideras “una cubana de a pie”, pero tu alma libre, sin duda alguna, vuela más allá de las nubes. Gracias.







15 comentarios:

Anónimo dijo...

Le debo a Ud. y a Ondina- un grato e inesperado amanecer, unas palabras de aliento.

Muchas gracias.

Teresa Cruz

JosEvelio dijo...

Gracias a usted amiga Teresa Cruz por dejarnos ver sus dolorosas memorias. ¡Dios la bendiga!

Anónimo dijo...

Este es un libro que hay que leerse sin falta. Todos tenemos nuestras historias pero pocos las llegamos a escribir para compartirlas como ha hecho Teresa Cruz. La experiencia de la carcel tiene que haber sido muy fuerte para ella y su familia. Ondina, estoy de acuerdo con usted. ¿Y la justicia? Gracias por este blog tan dinamico y democratico. Saludos a los comentaristas.

Enrique Aguirre

Anónimo dijo...

Excelente reseña sobre las memorias de Teresa Cruz. Está bien que se hable de esas quimeras de diálogo y reconciliacion pero como todavia no se han juzgado a los culpables de la tragedia, hay que empezar por la justicia. Aunque no creo que alguna vez pase esto porque muchos de los culpables andan sueltos por Miami y haciendo negocios, sin ninguna moral. ¿Dónde se puede comprar el libro de Teresa? ¿En Amazon? Gracias Ondina y Josevelio.

Margarita León

Frida M dijo...

Gracias estimada Ondina por esta reseña.
Pregunto como lo hace Margarita León: ¿donde puedo comprar este importane libro?
Mientras tanto, le envio un pensamiento solidario, el major a la autora y a ud. Ondina.
Gracias JosEvelio.

Frida M dijo...

Me suscribo al comentario de Margarita León.
Como ella quiero saber donde adquirir el importante libro de Teresa Cruz que tan bien ha reseñado mi estimada Ondina.
Gracias JosEvelio.
Saludos a los Buenos.
Frida Masdeu

Simon-Jose dijo...

Como ya dije antes, ruego me disculpen porque casi todo mi tiempo lo estoy dedicando a otro sitio y ustedes saben por que.

No sabía que Teresa también había estado en "la escuela de portarse bien". Y me imagino que también habrá tenido, como yo los tuve, unos maestros tan malos que salimos más brutos que cuando entramos y nos portamos más mal que antes.

Desde el principio Castro cargó "la responsabilidad" de su revolución sobre la figura de José Martí.
Y basta una ojeada superficial al trato que recibieron y reciben en la prisión las presas políticas cubanas para desmentir tal infundio. Jamás se podrá encontrar un punto de enlace entre el pensamiento, la palabra y el sentimiento de enorme sensibilidad hacia la mujer por parte de José Martí con el trato inhumano, degradante, inescrupuloso y vil, además de la represión, dado a estas dignas mujeres cubanas.
Vale aquí señalar un detalle que que explica en parte ese comportamiento bestial.
Estos cubanos, aplicados discípulos de los soviéticos, no podían quedarse atrás de sus maestros en sus modos de tratar a las mujeres.
Cuando se abrieron los archivos, a la caída de la URSS, apareció algo que ni los más acérrimos sovietólogos anticomunistas se podían imaginar:
En los archivos de la KGB estaban las denuncias de más de dos millones seicientas mil mujeres alemanas que fueron violadas por los soldados soviéticos de ocupación.
NINGUNA DE ESAS DENUNCIAS FUE INVESTIGADA. (Vae Victis)
El día que se pueda escribir completa la verdadera historia de estos años de calvario en el presidio político cubano, masculino y femenino, habrá tantas historias horrendas que las actuales películas de horror nos parecerán tan agradables como las comedias de Charles Chaplin y Buster Keaton.
Visiten este link. Es largo, pero hagan el esfuerzo que lo merece.'

http://noticias.lainformacion.com/mundo/la-mujer-que-probaba-la-comida-de-hitler-para-evitar-un-envenenamiento-daba-miedo-cada-bocado_eZLaAVv6fCvpRnQy1TtbA4/

Un abrazo cubanísimo a todos, mis estimados amigos,
Simón José Martí Bolívar.

Anónimo dijo...

Yo tambien tengo mi historia y cada cubano en el exilio o en la propia Isla la tienen. Teresa la felicito de todo corazon por entregarnos todo el dolor por el que paso solo por pensar diferente, solo diferente.
Gracias Ondina por darnos a conocer este libro.Hago estensivas las gracias a mi querido amigo Jose Evelio ya que el tambien tuvo lo suyo. Los quiero.

DP.

Anónimo dijo...

Disculpen que no haya dado esta información con anterioridad, no estaba en casa. Pueden encontrar el libro en los siguientes enlaces y pronto estará en Amazon. Muchas gracias por el ínterés.

Teresa Cruz






https://www.libreriaproteo.com/libro/ver/id/1071322/titulo/la-esquina-de-mi-memoria.html


http://libros.elmundo.es/LA-ESQUINA-DE-MI-MEMORIA-TERESA-CRUZ-MARTINEZ-ENTRELINEAS-LibroEbook-es-9788494106033.html



http://www.todostuslibros.com/libros/la-esquina-de-mi-memoria_978-84-941060-2-6


http://ebooks.elcorteingles.es/detalle.aspx?isbn=9788494106033

TURANDOT dijo...

No me negaras que el comienzo es de informe del G-2.

Anónimo dijo...

Parece que Turandot tiene problemas de percepción o en la vista porque no entendió el post. ¿a qué comienzo se refiere como que es del G-2? ¿A la dedicatoria o al primer párrafo? Parece mentira que reaccione así a esta reseña sobre un libro en el que se narran los horrores del castrismo, escrito por una de sus tantas víctimas. Si no le gustó el texto, que no ofenda a nadie, ni a Ondina ni a la escritora. Gracias.

Enrique Aguirre

Anónimo dijo...

Turandot:

No entiendo a qué se refiere usted.


Teresa Cruz

Anónimo dijo...

Me parece que la Sra. Turandot se cago fuera del cajon con el perdon de todos. Con quien Ud. esta, con los indios a los cowboys.

Capullito de Aleli.

Anónimo dijo...

Ni jugando se dicen estas cosas, Turandot, porque puedes provocar un suicidio o que te ajusticien...

Anónimo dijo...

No me negarán que Turandot cogió miedo a explicarse como pide Teresa. O estará jugando...

Mara Villa del Valle