sábado, 23 de febrero de 2013

Los cainitas cubanos.


Por Ondina León ©


Por estos días ha estado teniendo lugar en La Habana otra feria anual del libro. ¿El escenario? Una vez más la fortaleza de San Carlos de La Cabaña, que otrora defendió a la capital de la isla de ataques de piratas y corsarios y que, a partir de 1959, con el triunfo de la revolución castrista, se convirtió en centro de torturas y fusilamientos, y que en especial fue el escenario de los crímenes cometidos impunemente por el terrorista argentino Ernesto Guevara. Pero los tiempos cambian y desde hace algún tiempo esta fortaleza es destino turístico, donde la dictadura mafioso-castrense recauda divisas para seguir en el poder, y donde realiza eventos aparentemente culturales, como esta feria internacional, en la que los participantes son rigurosamente escogidos por los burócratas castristas de acuerdo con sus principios (o finales) políticos: apoyar al castrismo, sobre todo, y ser de la izquierda “progresista” anti-americana.

Y en la Sala Guillén de La Cabaña el escritor Leonardo Padura recibió el Premio Nacional de Literatura 2012, en esta edición XXII. ¿Se lo merece? Depende de los criterios que cada cual esgrima para premiar una carrera literaria, como el número de obras, su calidad estética, su éxito comercial y la repercusión de esa carrera en la vida cultural de la nación. En este caso, al margen del trabajo literario, la condición indispensable para recibir tal premio es ser un escritor oficial, así de sencillo. Porque el reconocimiento a la trayectoria lo otorgan los grises funcionarios y policías culturales del castrismo, que en su inmensa mayoría son escritores oficiales también, y sus organizaciones de censura y control, que monopolizan la vida cultural del país desde hace ya tanto tiempo.

Así, para empezar, Padura cumple con los requisitos mínimos y él mismo presume que sus libros siempre han sido impresos y distribuidos en la isla, sin ningún problema con la censura. Es decir, nunca se los han secuestrado ni quemados —recuérdese a Heberto Padilla o a Delfín Prats, entre otros muchos—por tener “problemas ideológicos” ni ser críticos con el rancio sistema genocida, que impera desde hace 54 años. Como se ha portado “bien” y ha entretenido a las masas con sus novelas negras, no ha tenido dificultades para realizarse como escritor, viajar, recibir premios en el extranjero y ganar sus buenos dólares y euros, incluso cuando era delito mortal tenerlos, si no se pertenecía a la casta gobernante o a las familias mafiosas en el poder. Para Padura, el principio borgiano de que “el arte debe ser como ese espejo, que nos revela nuestra propia cara”, no ha existido, y por esta razón ha navegado sin naufragar en las turbias aguas de la literatura actual cubana. Sus ficciones no han tenido fricciones con la dictadura, no han sido conflictivas para los inquisidores asalariados, que castran la creación desde sus raíces.

Lo que sí merece un lugar destacado en la historia de la infamia, sin duda alguna, es su discurso de agradecimiento por el tan codiciado premio. Titulado “Gratitud”, este dejó empequeñecido al de otro escritor oficial con ansias de Gran Maestro, Antón Arrufat, que fue premiado hace un tiempo y pronunció un discurso patético, antes de abrazarse obscenamente con el emperador Castro II, agradeciéndole sus laureles. Padura no sólo ha hecho derroche de egocentrismo y divismo, sino también ha insultado a colegas y ciudadanos, sus “hermanos” y coterráneos, al llamarlos “cainitas cubanos”, citando al pedante escritor cubano Abilio Estévez, quien desde España se apresuró a enviarle unas felicitaciones lacrimógenas y versallescas, como su literatura mediocre y aburrida, ladrillosa y gris.

¿Y quiénes pueden ser estos cainitas envidiosos de tanto éxito y tanta gloria arrebatadora? Estévez le dice: “No es difícil adivinar que ahora serás aún más la diana de los ataques de los cainitas cubanos, que se dan como la verdolaga”. Pero no especifica quiénes son esos enemigos de la gran pluma de Padura, aunque podemos imaginar la lista que, tal vez, incluya a Juan Abreu, Zoé Valdés, Carlos Alberto Montaner, María Elena Cruz Varela, Miriam Celaya, Ernesto Hernández Bustos, Daína Chaviano y tantos otros que no comulgan con el castrismo y denuncian sus crímenes, mientras crean su literatura y sus obras libres.

En su agradecimiento, Padura enumera sólo por el nombre, como si de familia se tratara o fueran muy conocidos por las masas, a varios de los escritores y policías culturales más nefastos del castrismo: Arturo Arango, Abel Prieto, Miguel Barnet, Francisco López Sacha, Ambrosio Fornet, Norberto Codina —¿se le olvidó Fernández Retamar? Tales para cuales: grisura total. Llama la atención que entre sus amigos y mentores no hay ningún nombre que se pueda comparar a los grandes de Virgilio Piñera, Cabrera Infante, Reinaldo Arenas o Lezama Lima, seres esplendentes y extraordinarios creadores, que sí son auténticas glorias de Cuba.

En el paroxismo de su “Gratitud”, Padura se pone nostálgico y evoca en extenso su paso formativo por publicaciones culturales castristas, como “El Caimán Barbudo” y “La Gaceta de Cuba”, que todos conocemos muy bien qué publica y a quiénes les publica; y por ese otro órgano periodístico del partido comunista, el único que existe en la isla posesa, “Juventud Rebelde”, vocero de la mafia dirigido a la juventud, al rebaño sometido de los jóvenes rehenes. Padura presume de haber dejado “una huella perdurable” en esas publicaciones y de haber hecho “algo diferente en la cultura cubana”. ¿Qué es lo “diferente” que hizo? ¿Dónde está el resultado de sus “herejías”? Hasta donde se puede apreciar, todo sigue igual o peor en las publicaciones periódicas cubanas, que siguen secuestradas por los esbirros castristas, la censura, la unanimidad más absurda y la falta de una auténtica crítica a la dictadura más rancia del mundo. Si no es así, que alguien me demuestre lo contrario. Ahora, demostrando su “formación” en “Juventud Rebelde”, Padura se ha sumado a la cruzada que los policías culturales castristas, léase sus amigos íntimos, están llevando a cabo contra la vulgaridad en la música popular. Pero, evidentemente, la nueva inquisición no es contra la vulgaridad, sino contra la rebeldía que se manifiesta en esos textos agresivos e incisivos, que hasta arremeten contra los más altos mandarines de la casta gobernante de los Castro. ¡Qué reacción! Lo verdaderamente vulgar es la falta de libertad, Padura.

Para cerrar su discurso de agradecimiento al castrismo por haberle otorgado el premio, Padura vuelve e insiste en el tema de los cainitas, la envidia que él genera y hasta afirma que es un mal de la espiritualidad cubana la baja pasión de no tolerar los triunfos ajenos. Y en un arranque de “valentía” sin par se define a sí mismo como un personaje que “no pertenece a capillas, ni comparte militancias partidista o grupales” y afirma que su éxito arrollador es fruto “del trabajo cotidiano y no de los favores compartidos”. ¿Alguien podrá creerle?

Todo el mundo sabe que en el mundo cultural cubano hay que estar insertado en una cofradía y hay que militar en alguno de los bandos que tienen las riendas del poder porque de lo contrario ni hay publicación que valga ni viajecitos ni premios, que se reparten unos a los otros como reconocimiento a la fidelidad a los caciques castristas. Padura será o no militante del partido comunista, pero esto sólo es un detalle en su currículo de escritor oficial que acata los dogmas, supersticiones y axiomas de la dictadura.

Al final de su discurso, Padura nos amenaza con ser “cada día un poco más libre” (sólo él, por supuesto), mientras sigue escribiendo y soportando los ataques de los cainitas. Pero, ¿cómo va a ser un poco más libre en un régimen totalitario? ¿Le va a pedir permiso a su Majestad Castro II para abogar por el cese de la represión? ¿Va a denunciar las atrocidades que se cometen día a día bajo la violencia estructural de la gerontocracia que padece la isla? ¿Va a apoyar a las Damas de Blanco? ¿O será más libre con más euros y dólares en su casa de la empobrecida Mantilla, en la que aún vive? No espero ninguna heroicidad de este escritor ni de sus amigos grises, los verdaderos cainitas cubanos. Y para que esté tranquilo en cuanto a las “agresiones” por su éxito, le digo que la ignominia no se envidia.



14 comentarios:

Simon-Jose dijo...

Bueno, bueno, bueno....

Mejor cuento todo en detalles.
En la noche del viernes empecé a escribir un comentario en el post anterior, ya estaba más o menos por la mitad pero no pude continuar, así que lo guardé como borrador en un e-mail para continuarlo esta noche.
Ahora tenemos 1:06 de la madrugada. Acabo de hacerme una cafetera de mi imprescindible café cubano y vine con la intención de escribir el citado comentario y me encuentro un nuevo post, muy oportuno, al cual solo le dedicaré unas pocas palabras.
A lo largo de mi vida he conocido gentes a las cuales califican de "caraduras". Y acabo de darme cuenta que ha sido una calificación superficial.
Verdaderamente....
Pa'dura la de Leonardo.

Sobre el comentario al post anterior, había decidido escribirlo de otro modo.
Había escrito algunas cifras "interesantes" pues me defiendo bien con el Abecedario de Pitágoras, pero el último comentario escrito por Manolo nos hace saber que en días no lejanos tal vez pueda "haber una presentación" y ya estoy pidiendo y rogando "estar ahí". De darse esa ocasión, entonces les haré saber en directo esas cifras y me daré el gusto de ver a todos ponerse las manos en la cabeza y decir "Dios Mío".

JoEvelio, (abusando de la confianza), como se que Zoé viene diariamente a tu blog, le dejaré unas palabras a ella aquí.
Zoe,
He entrado a tu blog varias veces con la intención de publicar un comentario, pero el control de FB o Wordpress no me lo permite. Yo no estoy en FB.
El último fue en "NO COMO MIEDO" y te decía que estoy a tu lado y que ojalá pudiera hablar contigo un par de horas. También te pondrías las manos en la cabeza y dirías "Dios Mío".

Abrazos y besos especiales a Ondina y Zoé.

Un abrazo patriótico y cubanísimo a todos y todas,
Simón José Martí Bolívar.

Zoé Valdés dijo...

Gracias, querida Ondina, cada día mejor. Sin contar la historia de funcionario censor de escritores jóvenes que tiene Padura desde la Uneac.
A Simón-José, me han tratado de tumbar el blog y me están atacando ahora por los comentarios que no pasan, no me extraña que le haya sucedido. Seguramente lo mejor será suscribirse al blog, es gratis, y sólo tiene que bajar con el cursor, hasta que encuentre en la columna de la derecha, una indicación para Seguir el Blog. Gracias a los tres, a Josevelio, Ondina, y a usted.

TURANDOT dijo...

Gracias Ondina, cada dia mas esclarecedora. Ese Padura es la mediocridad en si mismo. Hace unos meses estando en Espana por casualidad escuche sus respuestas en una entrevista y me dio verguerza ser cubana.

Anónimo dijo...

Ah! Nuestra Ondina, siempre lúcida, siempre genial! Qué mujer! Cuando leo a esta extraordinaria mujer me ocurre como cuando escucho a Barbra Streisand o a F. Mercury; cuando escucho a estos dos genios me digo - " Nadie tiene nada más qué hacer, después de ellos no se puede cantar". Bueno, yo al menos no lo haría. Pues cuando leo a esta mujer, siempre me pregunto - " Hay algo más que decir?" Solo comentar algo que me vino a la mente. Ondina menciona en esta entrada el periódico Juventud Rebelde y recuerdo que G.C.Infante le llamaba Senectud Obediente, ha, ha, ha. Ondina, muchos besitos para tí y que Dios te dé mucha vida. Love, El Tritón de Cádiz

Anónimo dijo...

Muy bueno el artículo de Ondina y los comentarios de Zoe Valdes y Simon Jose. Padura da asco, al igual que todos esos escritores oficiales, que son unos mediocres y de contra unos arrastrados ante la dictadura. Solo les importa publicar sus mierdas y que los dejen viajar. Bueno, algunos también se arrastran para que la UNEAC les venda un carrito de uso o les ceda un apartamentico medio derrumbado. Hay que portarse bien para ser "escritor premiado", como el descarado de Padura. Algun día la historia les pasara la cuenta, mientras, nosotros los juzgamos y los condenamos a nuestro desprecio. Gracias.

Enrique Aguirre

Anónimo dijo...

Genial el comentario de El Tritón de Cadiz. Ondina siempre fuerte y valiente, denunciando a los cómplices (más bien los artífices) de la dictadura, con su pluma afilada y magistral. Tal vez ella sepa que hace unos años atrás, cuando un periodista le preguntó a Padura, en República Dominicana, y ante las camaras de television, sobre el fusilamiento de tres jóvenes negros que intentaron huir en una lancha, ordenado por Fidel Castro, este se ofendió mortalmente y le dijo que él no iba a responder a "ese tipo de preguntas" y le dio la espalda. Más cobardía no puede ser expresada ni más bajeza. Padura es todo un símbolo de los escritores al servicio de la dictadura, pero pretende estar vestido con trajes de "crítico" y de "liberal", cuando no deja de ser un inquisidor más y un lamebotas de la dictadura. ¡Que verguenza para é! Y lo de Abilio Estevez es por el estilo, aunque viva en España. Ondina, nunca le estaré lo suficientemente agradecida por sus textos. Josevelio, excelente blog. Comentaristas, gracias por el apoyo a la libertad de Cuba y a la cultura.

Mara Villa del Valle

Anónimo dijo...

Solamente me pregunto so Ondina existe realmente o es producto de mi imaginacion y lo que yo quisiera ser y decir si tuviera una mente pre-clara y tan maravilloso manejo del idioma
Gracias Ondina, gracias Eve. Nos vemos pronto en casa de Turandot?
Manolo

Anónimo dijo...

De escritores castristas y de auras tiñosas está llena la literatura cubana. ¿Vieron lo de Heberto Padilla en esta última feria del libro? Después que lo metieron preso y lo torturaron, y luego lo desaparecieron como creador, ahora esos mismos policías culturales lo desentierran y lo publican como si fuera uno de los suyos. Así son de inmorales esos intelectuales egocentricos y mediocres. Menos mal que la familia de Padilla y Belkis Cuza Male protestaron por el robo descarado de su obra. Ondina, como siempre, clara, fuerte y directa, no hay mucho más que decir en contra del bandido de Padura. En este blog sí que se defiende lo mejor de la cultura cubana y se dicen las verdades. Saludos.

Fabrizio del Dongo

Anónimo dijo...

Ya se lo que le pasa a Ondina, que quiere ser como Zoe y no puede. Zoe envidia a Padura porque no escribe bien como él, y por eso le dice a Ondina que hable mal de él, y asi todo queda perfecto entre las dos envidiosas y gusanas. Pero mientras, Padura se da la gran vida y sigue publicando. Y ellas se quedan sin hígado, ja, ja, ja. Saludos a las tres, incluida TurandoTTTTT.

Elpidio Valdes


Simon-Jose dijo...

Elpidio Valdés,

Como soy bastante viejo (ya tengo una biznieta) tengo muchos cuentos para "pasar el tiempo".
Te voy a contar uno que conocí a mediados de los años sesenta y, cuando lo contaron en mi presencia, dijeron que se lo habían escuchado nada menos que a Raul Castro.

Es la historia de un mexicano que se monta en un avión y viene (desde Miami debo decir "va") para Cuba porque quiere ser revolucionario.
Llega al aeropuerto, lo interrogan los agentes de inmigración y el se mantiene diciendo solamente que el vino para Cuba porque quiere ser revolucionario.
Así las cosas, como México es un país amigo y puede provocarse algun incidente, pues se va elevando el asunto a los superiores hasta que llega al mismísimo Fidel Castro.
Y se presenta el mexicano ante Fidel Castro y éste le pregunta:
FC-¿Cuál es el problema?. ¿Por qué vino para Cuba?
M-Pues, Mano, mire usted, yo vine para Cuba porque yo quiero ser revolucionario.
FC-Bueno, pues eso está bien, pero ser revolucionario es tener una actitud ante la vida.
M-Y la tengo, mano, si yo quiero ser revolucionario.
FC-NO es solo decirlo. Hay que estar dispuesto a ser el que más trabaje.
M-Y trabajo mas que nadie, mano, si yo quiero ser revolucionario.
FC- Tiene que estar dispuesto a ser el último en descansar.
M- Y lo soy, mano. Ya le dije que yo quiero ser revolucionario.
FC- Tiene que estar dispuesto a ser el último en disfrutar de beneficios por su trabajo y su condición de revolucionario.
M- Y lo estoy, mano. Yo quiero ser revolucionario.
FC-Tiene que ser el último en comer.
M- Lo mismo mano. Soy el último en comer. Yo quiero ser revolucionario.
FC- Tiene que estar dispuesto a ser el primero en morir.
M- Y me muero, mano, si de todos modos, para la vida de perro de mierda que voy a llevar es mejor morirse.

Mi no-estimado Elpidio, espero lo disfrutes y se te quiten las ganas de ser revolucionario.

Simón José Martí Bolívar.

Anónimo dijo...

¡¡¡Bravo por Simón José!!!! Genial su cuento que espero le sirva al burro (perdón por ellos) de Elpidio Valdés. Ondina, una vez mas mis respetos por denunciar a los cómplices y actores de la dictadura. Me encanta este blog.

Margarita León

Anónimo dijo...

Gratitud servil. Ese discurso lo legitima como jinetero de la cultura.



Teresa Cruz

Anónimo dijo...

¡¡Qué exactitud la de Teresa Cruz!!! Eso es realmente Padura, un jinetero cultural. ¡Bravo! Las mujeres como siempre a la vanguardia.

Enrique Aguirre

TURANDOT dijo...

Te gusta la "t" . Puede ser útil para crucificarte en ella por malintencionado y mediocre.Ademas de sapingo,claro.Porque solo para alguien como tu el cara dura ese puede escribir bien.