miércoles, 5 de diciembre de 2012

Poquita Cosa y mucho más.

Por Ondina León ©

“Pero, chico, ¿tú no te das cuenta que a mí me gusta sufrir por los hombres?”, le dice Poquita Cosa a uno de sus amigos confidentes, tal vez a Elperro Uría, que le reprocha su actuar errático en sus relaciones erótico-sentimentales. Le dice o le dijo o le pudo haber dicho, si no se lo llegó a decir, esta mujer que sufre por los hombres, mientras los devora, uno a uno, en su búsqueda de la identidad o de la felicidad, que no es lo mismo, pero se parecen… algo.

Poquita Cosa es la protagonista de la opera prima de ficción “Una artista del hombre”, de la escritora cubana Idalia Morejón Arnaiz, que yo no me atrevería a clasificar como novela, al menos no en el sentido convencional, sino como un vasto poema “épico” urbano, más exactamente uno de la ruinosa Habana del castrismo de los años 80 y 90 del siglo pasado, que ahora agoniza en su pesadilla perpetua, sin creer en lágrimas.

Pero no nos dejemos confundir por la afirmación de la estrella de esta odisea o anábasis, porque ella “sufre” gozando el sufrimiento que le ocasiona explorar no sólo los genitales, sino también el alma de los hombres, que conquista y coloniza con sus exigencias amatorias, y que le sirve, a su vez, para conocerse y conquistarse a sí misma y crecer, sin los complejos del feminismo, porque “para escribir sobre el feminismo, lo primero es proveerse de una tinta muy especial: esperma. Y no precisamente la de fabricar velas”. Lo dicho.

Lo que nos lleva a preguntarnos si la obra en sí es autobiográfica o testimonial. Y la respuesta se esboza barajando opciones preestablecidas, como que toda obra literaria es autobiográfica y punto. O que al menos, en parte, es realidad vivida por la autora. O que todo es ficción, luego de que la creadora mezcla y remezcla realidad y deseo, y perfila personajes a partir de seres reales. Sin embargo, no es necesario decodificar todas las claves, de lo que podría ser para algunos una obra críptica, para degustarla como un catálogo de aventuras y desventuras habaneras de una guajirita, tocada por la gracia divina de la inteligencia y con el don de amar a cualquier tipo de hombre, a tiempo, a destiempo y con intensidad de “resignada” buscadora de felicidades.

La protagonista (¿la autora?) tiene las hormonas en ristre y sufre un hambre crónica de mundo, y sus alimentos terrestres comienzan por ser los hombres, en un afán por trazarse su propio perfil humano, ella que desde chiquitica supo que lo suyo sería un combate voraz por transterrarse, desde el monte y la culebra del central azucarero del interior de la isla posesa, hasta la gran urbe, venida a menos por el genocidio castrista, pero que todavía seduce, hasta llegar a la jungla de asfalto y rascacielos del coloso del sur, Brasil, donde radica la novelista, con sus horizontes de libertad redefinida.

Así, Poquita Cosa es tan nómada o gitana como la que más y no le asombra ni le turba que en un mes puede que haya conocido a tres o cuatro hombres —aunque su non plus ultra de la ilusión sea un poeta empachado, budista y santero— , con los que tuvo algún tipo de escarceo o motivación erótica; o sexo, mondo y lirondo, y con los que juega a ponerse y a quitarse el traje de novia blanco, que en el fondo detesta por “cheo” o “picúo”, para su gusto, pero que complementa cualquier pluma, que ella deja caer con un gesto versallesco o dramático, como la vida misma, cuando intenta llevar el registro para otra futura obra, que llevará por título “Hombres de mi vida” y que, desde ya, debemos esperar con impaciencia, a modo de manual de artes amatorias o testimonio vital de una mujer glandularmente voraz.

En la codependencia con otras almas, se descubren las profundidades de la propia y no hay por qué avergonzarse de ello. Todos somos o terminamos siendo sólo capítulos en la vida que pasa en los demás. Y si admitimos esto con humildad y orgullo, habremos crecido en el gran libro de la ajenidad y lo efímero, que nos conforma en la (muy) soportable ligereza del ser. Y este es uno de los grandes encantos de Poquita Cosa, que se ríe saludablemente, lúdicamente, de ella y de sus angustias, así como de sus amigos, de sus hombres, de sus papelazos, de sus trichomonas vaginales o sus ladillas, y hasta de su propio hijo, Vulgarcito, que le da tanto lastre como alas, desafiando las carencias.

Su risa es más quevediana que la expresión de una masoquista irremediable. “Una artista del hombre” nos hace reír desde el principio y nos catapulta a un estado de distanciamiento de la realidad en que salimos extrañamente ilesos de sus crueldades y sus injusticias, no sólo en el amor, sino también de la vida. Y tanto es así que la historia de Poquita Cosa, que “también nació comemierda”, nos hace recordar la de otra poetisa, Sylvia Plath, pero sin llegar al punto de meter la cabeza en el horno a gas y partir, perfectamente, dejando atrás la corrección del papel de madre, esposa, hija y amante de las bellas letras: para esta cubana, el suicidio es un asunto postergable en aras de la lucha.

Nada me da más orgullo de tribu como saber que nuestra literatura cuenta ahora con otra gran novelista, Idalia Morejón Arnaiz, que se ha atrevido a explorar la búsqueda de la identidad personal, desde los escabrosos pedregales del amor al hombre, a la vida.

11 comentarios:

TURANDOT dijo...

Me encanto. Esta es mi Ondina preferida. Gracias.

Anónimo dijo...

Excelente presentación de una obra literaria. Y si Ondina la recomienda, hay que leerse la novela. Trataré de conseguirla sin falta. ¡Felicidades a Idalia Morejón! Gracias Ondina y Josevelio.
Saludos,

Enrique Aguirre

Anónimo dijo...

Pero, ¿por fin es una novela feminista o no? Porque yo soy alérgica al feminismo, y no quiero decir que todas las feministas sean lesbianas, aunque sí creo que la mayoría. Eso de liberar a la mujer es un fracaso porque lo que hizo fue esclavizarla más y lanzarla al mundo de la competencia laboral masculina, con la carga histórica de casa, marido, hijos y familia. Me gustó la reseña de Ondina que siempre escribe muy bien y con arte. Espero que Poquita Cosa me caiga bien. Gracias.

Mara Villa del Valle

TURANDOT dijo...

Totalmente de acuerdo con Mara. Esas mujeres que juegan a los dos papeles, seguidoras gregarias de las ¨modas¨impuestas y luego lobas a la hora de competir por un puesto de trabajo me inspiran como poco, aburrimiento. Un buen cerebro no tiene sexo. La diferencia esta en la inteligencia.

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo con Turandot, Mara y Enrique. No soy machista pero el feminismo es un fracaso porque cae en el "hembrismo" y somete doblemente a la mujer. Por la magistral reseña de Ondina, la novela no es feminista. Habría que leersela pronto para comentarla. Mis felicidades para la escritora Idalia Morejón. Gracias a todos.

Cristobal

Anónimo dijo...

Ahora resulta ser que la "divina" Ondina ademas de gusana recalcitrante, amargada y resentida, que no esta a favor de los puentes entre Cuba y el exilio ni a favor del dialogo entre hermanos, también es anti-feminista. Si Ondina escribió a favor de esa novela es porque tiene que ser tan retorcida como ella y todos los que escriben en este blog a su favor (¿les seguirá pagando?). Quisas ella prefiere que la mujer siga encerrada en la casa cosiendo y cocinando para sus machos. Bueno, como ella es de otra época pasada y burguesa se puede entender. Gracias.

Elpidio Valdés

Anónimo dijo...

Ondina, gracias por la recomendación de esta novela que, desde ya, sé que me va a gustar. Usted como siempre me sorprende con su prosa y cultura. No le haga caso a esos que usando nombrecitos prestados de muñequitos, sin dar la cara, pretenden ofenderla. Hace bien en no responderle. Si fuera discutir ideas estaría bien, pero responder insultos es perder el tiempo. Aunque Josevelio hace muy bien en ser democrático y publicarlo todo, incluso lo que seguro no le gusta.
Saludos,

Margarita León

Anónimo dijo...

Ondina, Ondina eres divina...

IMA dijo...

gracias, mi amiga. tú siempre afilada. todo mi cariño. id.

IMA dijo...

muchas gracias a ondina por este comentario. poquita cosa, y la autora del libro, aquí están en buenas manos.
idaline.

Anónimo dijo...

Me muero por leerme esta novela de Poquita Cosa (el nombre es genial). Si Ondina la reseña, a correr tras ella. Haría falta saber qué piensa la autora de lo que opina Ondina, pero debe estar de acuerdo. Felicidades a Idalia Morejón. Gracias Josevelio por tu blog.

Fabrizio del Dongo