domingo, 11 de noviembre de 2012

Yo, la mejor del mundo.


Por Ondina León ©


¿Quién fue el que dijo que la vida tenía que ser fácil? ¿Dónde se registró que para tener una gran vida todo tenía que ser un paseo por un campo de oréganos? Ludwig van Beethoven tuvo que componer una música celestial que Dios le prohibió escuchar: tenía que sentirla con las entrañas. Auguste Renoir pintó cuadros luminosos y coloridos, derrochando belleza, desde sus articulaciones férvidas y dolorosas. Jorge Luis Borges leyó y escribió desde unos ojos sin luz, pero que veían las catedrales del tiempo y los laberintos de la realidad y los convertía en perfección poética. Y Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, que se inmortalizó como Sor Juana Inés de la Cruz, tuvo que crucificarse en la religión para poder ser ella misma y que, ahora, siglos después, pudiéramos atisbar los fragmentos de su alma poderosa. Su cruz fue haber nacido mujer en una época en que imperaba un falocentrismo aberrante en la sociedad, en la política y en la religión católica. Pero arrastró su madero, se subió sobre él y tocó el cielo.

Cuando nació Sor Juana Inés, el 12 de noviembre de 1651, en San Miguel de Nepantla, Virreinato de Nueva España (hoy México), la iglesia católica era demasiado omnipotente y controlaba todos y cada uno de los resortes de una sociedad en que la mujer no tenía ni el derecho ni el deber de educarse. Sin embargo, desde muy niña, la que sería llamada “La Décima Musa”, se enamoró perdidamente de los libros y del conocimiento, y comenzó a saciar su hambre visceral de luz para sus entendederas: ya a los tres años de edad aprendió a leer y a escribir, como si fuera un Mozart de las letras.

Y se consagró a estudiar con tal pasión —de todo, clásicos griegos, latín, teología, poesía— que dicen que se cortaba unas cuantas pulgadas del cabello, si no se aprendía bien una lección, y esto en una era en que la mujer tenía que tener longuísimas cabelleras. Y hasta intentó convencer a su madre —que parece que también era “arriesgada” porque tuvo a todos sus hijos fuera del matrimonio, un pecado mortal— para que la dejara disfrazarse de hombre y entrar a estudiar a una universidad, templo sólo para hombres en aquel entonces, bajo el imperio de la criminal iglesia católica.

Ya adolescente, atrapada entre las opciones de convertirse en amantísima esposa, paridora de hijos, y ama de casa impoluta y obediente de un marido posesivo y proveedor, o casarse con Dios como monja, Juana Inés optó por el menor de los males, al parecer, y entró al convento con sólo 15 años, lo que desde nuestras perspectivas de mujeres del siglo XXI podría ser considerado como un claro caso de abuso infantil.

Fue tan brutal el rigor de las Carmelitas que la adolescente se enfermó y tuvo que renunciar a pertenecer a esta orden religiosa. Había pasado de los mimos de la corte del virrey, donde era venerada por su inteligencia y su creatividad, que expresaba con cierta libertad, a cumplir con los votos enloquecidos de humildad y obediencia, que supervisaba alguna madre superiora, nada piadosa, por seguro. Luego, ingresó en la Orden de San Jerónimo, en cuyo convento e iglesia pasaría la mayor parte de su vida. Allí, según se cuenta, los rigores eran más llevaderos y hasta Juana Inés tenía una celda (¡qué exacto es el término) para ella sola y sirvientas indígenas. También le permitieron estudiar, leer, hacer tertulias y recibir visitas, es decir, estaba presa de sus pasiones y su condición de mujer, pero al menos no la habían mutilado del todo.

Durante lo que se consideran sus años dorados, de 1680 al 1686, la poetisa escribió obras teatrales, villancicos, versos, administró el convento, realizó experimentos científicos, rechazó a un confesor jesuita, que la acusaba de ser demasiado mundana, y se consagró como una lumbrera de su época, lo que despertó la más bajas pasiones y envidias de sus superiores religiosos masculinos, que no acababan de aceptar que una mujer fuera tan superior. Todo era cuestión de tiempo. La venganza contra su talento natural cultivado se estaba tramando. Pero Juana Inés era tremenda y entre 1690 y 1691 se involucró en una polémica teológica contra un alto prelado y escribió su “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz”, en la que derrochó cultura e ingenio. Como táctica y estrategia, mientras, en un libro de penitencias del convento firmó como “Yo, la peor del mundo”, aunque sabía muy bien que allí, entre los “pecadores”, ella era la mejor de las mejores.

Muchos han querido ver en Sor Juana Inés una precursora del movimiento feminista del siglo XX y una abandera de los derechos básicos de la mujer, pero, bien visto, su caso no es tal ni pudo serlo por las limitaciones históricas y por carencia de conceptos. La poetisa simplemente luchó por ella y para ella misma, para expresarse y realizarse en vida, desafiando un mundo extremadamente a favor del hombre. Toda su vida fue una batalla permanente a favor de sí misma y en competencia consigo misma —“…yo estoy en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas”, diría Antonio Machado—, más allá de las horrendas presiones religiosas y sociales que enfrentó y venció.

Hacia el año 1693, Sor Juana Inés sufrió un extraño cambio en su vida y dejó de escribir. ¿Qué le pasó? Mucho se ha especulado y hasta grandes personalidades han escrito sobre esta etapa, incluido Octavio Paz, una de las glorias literarias de México, pero a ciencia cierta no se sabe qué le pasó. Tal vez las oscuras y tenebrosas autoridades eclesiásticas le hicieron algún tipo de chantaje; quizás tuvo un rapto místico y se consagró a Dios y a su misión caritativa; a lo mejor se cansó de luchar; o todo a la vez: no se sabe. El caso es que su pluma murió antes que una epidemia —la bacteria, como siempre, venciendo al ser humano— acabara con la vida de la poetisa novohispana, el 17 de abril de 1695.

Al margen de su obra literaria barroca, digna heredera de lo mejor de Luis de Góngora y Francisco de Quevedo; prescindiendo de su castellano monumental y ubérrimo, su vida nos queda como ejemplo de desafío a los opresores de siempre y de realización personal. ¿Amo esta monja a algún hombre o a alguna mujer con los que compartió su paso por el mundo? Tal vez sí; quizás no; nunca se sabrá. Sin embargo, su historia no inspira lástima ni frustración, porque lo que sí es evidente que Sor Juana Inés de la Cruz se amó intensamente a sí misma y se supo imponer, hasta donde humanamente pudo y hasta donde Dios se lo permitió. Y esto es todo un triunfo: esto es la imagen sagrada de una guerrera victoriosa, ella, la mejor de todas.

12 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Divino! Me hizo olvidar que es lunes.
Gracias.


Teresa Cruz

Gino Ginoris dijo...

De culto.
Texto obligado será este para generaciones por venir.

Anónimo dijo...

Muy interesante este artículo sobre la escritora Sor Juana Inés de la Cruz. Me aclaró que ella no es mexicana, sino "novohispana" porque en aquel entonces no existía México como tal. Luego, es verdad que ella no pudo ser "feminista" porque no tenía el concepto ni podía pensar que sus acciones repercutirían en la sociedad. Este es el tipo de texto que agradezco porque me aclara muchas cuestiones y me invita a buscar más. Gracias, Ondina, por compartir tan bellamente como lo hace su cultura y su experiencia. Y además usted demuestra que es una cubana abierta, universal y cosmopolita. Gracias a Josevelio, una vez más, por publicarla.

Enrique Aguirre

Anónimo dijo...

Ondina siempre me sorprende... ¡Qué texto tan excelente! ¡Cómo fluye poéticamente! La cita de Machado es inolvidable. Y el primer párrafo donde enumera a los genios que tuvieron que luchar contra sí mismos es de antología. Bello homenaje a la poetisa hoy, día de su nacimiento. Y como bien dice Teresa (siempre tan genial como Ondina), después de leerlo a una se le olvida que es lunes y que empiezan los rosarios de angustias y estrés. Gracias a todos.

Mara Villa del Valle

JosEvelio dijo...

Amigo Gino: Verdadero que es un texto de culto este de Sor Juana Inés de la Cruz. Casi todos los amigos me agradecen reiteradamente porque publico los textos de Madame Ondina....sin embargo, soy yo el honrado. Este Blog Guitáfora, no pasaba de ser algo muy personal y desabrido antes de la llegada de esta mujer que "nos mueve el piso a muchos".....gracias generosa amiga y bendiciones a todos....disfrutémosla!!

Anónimo dijo...

Ondina está rara de un tiempo para aca. Cuando no escribe de un poeta que nadie conoce escribe de una monja mexicana rara. Pero no quiere hablar de Cuba ni de política. ¿Cojió miedo? A veces creo que ella escribe para sabios y cientificos por que no entiendo mucho las palabras que usa. Mejor seria que hablara de lo que nos afecta a todos y de Cuba. Por que no hay quien se la dispare. Gracias.

cubanochileno dijo...

Gracias Ondina, que mejor forma de empezar una semana que leer algo asi . Nada de asombro, porque tu nombre en este blog tiene luz propia y es una garantía de belleza,impecable castellano y sentido comun excepcional. Cubanochileno. Me hubiera gustado tambien hacer un comentario en su blog, pero por razones de mi afinidad con Yoanis Sánchez , me tiene bloqueado. Eres una verdadera reina. .

Anónimo dijo...

Josevelio: Veo que ya subiste de rango a Ondina. Ahora es Madame. Muy bueno, creo que ese titulo lo tiene bien merecido.
Gracias a la Sra. Leon por las Clases Maestras con que nos tiene acostumbrados.

George Sand.

PD. La tecla de los acentos no funciona.

JosEvelio dijo...

Anónimo deje tranquila a Ondina y váyanse a bailar regueton.....

Simon-Jose dijo...

Anonimo 14:21

Para nadie es un secreto que todos los cubanos tenemos "delirio de medico".
Nos conocemos todas las enfermedades y todos los remedios para las mismas.
Y haciendo gala de mis conocimientos en la materia, te voy a recetar algo para que entiendas a Ondina:
Te vas a vivir a Cuba.
Te alimentas durante seis meses con tres tazas de infusión de moringa por la mañana.
De almuerzo solo una limonada.
A la hora de la comida ingieres un durofrío.
Y por la noche, antes de acostarte, te tomas otras tres tazas de infusión de moringa.
A los seis meses, si todavía aguantas, cambias y por la mañana te tomas la limonada.
Al mediodía te tomas dos vasos de jarabe de moringa, si encuentras azúcar para hacerlo, y a la hora de la comida otros dos vasos de jarabe.
A la hora de acostarte, de nuevo el durofrío.
Asi hasta totalizar un año completico.
Cuando termines, habrás experimentado y comprendido el por que Ondina y todos nosotros nos oponemos al castrismo, habremos salido de ti y podrás entender a Ondina porque ya estarás en el cielo y te acostumbraras al lenguaje de los angeles.
Te deseo buen viaje.
Simón José Martí Bolívar.

Anónimo dijo...

Genial y muy divertido el comentario del maestro Simón-José. También me sumo a los comentarios de Josevelio, Teresa, George Sand, Mara, Margarita y Gino. El que no entienda a Ondina, que se busque un diccionario y aprenda. Ella siempre enseña magistralmente y comparte sus conocimientos de forma bella. Este texto sobre Sor Juana Inés es muy bueno. ¡Ah!, yo no entendí bien a Cubanochileno, ¿qué le pasó señor? ¿Quién lo tiene bloqueado a usted? Por supuesto que NO es Josevelio. El que sea, debería dejarlo hablar libremente, como aquí. Y en cunato a la política y Cuba, Ondina escribirá cuando lo desee. Tal vez está deprimida por tantas derrotas, como las elecciones que pasaron ahora en Estados Unidos y en las que ganó la chusmería vaga.

Fabrizio del Dongo

Anónimo dijo...

Nunca he leído a esta escritora, pero ahora se que tengo que leer algo de ella. Gracias, Ondina, por siempre estar enseñando y dando cultura. Gracias Josevelio por estos textos, como dice usted, de "Madame".

Cristobal