lunes, 26 de marzo de 2012

Los dones de la soledad

Soledad
12" x 18" oil on cardboard


Por Ondina León ©


Impresionada y conmovida, como la lira de la canción “Longina”, me acerco a la obra y pregunto: “¿Es una acuarela, verdad?”. No, no es una acuarela, aunque haya transparencias hídricas y ondas como de piedra insertada en un lago: es una pintura al óleo. Sigo al próximo cuadro, me consterno ante la imagen andrógina y declaro: “¡Esto sí que es un pastel en cartulina!”. No, no es un pastel, aunque la ligereza de los colores y el degradé de los tonos del traje puedan crean una atmósfera de sutil irrealidad: es otra pintura al óleo sobre lienzo. Y así, sucesivamente, ni el ojo más experto tiene probabilidades de acertar, ciento por ciento, ante una obra del pintor cubano Ramón Unzueta: tal es el virtuosismo técnico que ha alcanzado este maestro del pincel con el óleo, el pastel o la acuarela.
Sin embargo, este artista no peca de ser estridente, como algunos músicos que derrochan técnica interpretativa, pero que terminan mareando a cualquiera, sino que su destreza y formación cumplen una función ancilar en su talento para pintar universos humanos. El virtuosismo técnico está puesto en función de retratar almas, sobre todo las femeninas, a las que Unzueta le rinde culto. Porque si bien en su ya vasta obra plástica hay naturalezas muertas, hombres diversos —marineros sensuales, ángeles, guajiritos—, paisajes urbanos o algún que otro cuadro marino, el peso de su obra está en sus retratos de mujeres, de todos los tipos, razas, edades y profesiones, que están más allá de lo puramente decorativo por su belleza o por sus gestos caricaturescos o esperpénticos, que provocan.
Sus pinceles se han dedicado a trazar radiografías del espíritu femenino y las circunstancias que lo han condicionado. Y esta maestría la ha alcanzado trabajando hasta el delirio para entregarnos una aparente sencillez en la composición, pero que tiene claves vitales, que tenemos que decodificar si queremos llegar a la esencia final del mensaje o la sugerencia del cuadro que tenemos delante, cuajado de pasiones. Una combinación del título de la obra —que muchas veces es creación de su hermana, Enaida Unzueta, quien dirige su galería de arte en Miami— con los colores y sus matices, los trajes, las miradas, los gestos, un trozo de paisaje que se filtra por una ventana, una radio antigua, que uno enciende en la imaginación, una tendedera de ropa en un balcón, un papalote en el cielo, pueden llevarnos, o tal vez obligarnos a saber si esta imagen femenina es la de una sufridora en La Habana, que espera abúlica por un milagro redentor, tal vez un amante que la rescate del encierro en su castillo de miserias; o si se trata de una gozadora parisina de los locos años 20 del siglo pasado, que acaba de ajusticiar con su silencio, cigarrillo en mano, al amante de turno, al estilo de Coco Chanel.
Todo puede suceder en este universo infinito de solitarias señoras: mulatas habaneras; geishas; actrices del Hollywood de oro; sevillanas sensuales; gordas felices; todas con una historia personal que nos cuentan, silenciosamente, sus miradas inevitables; sus labios carmesíes; sus accesorios de belleza; sus pechos ensangrentados de pasiones… Un mundo pletórico de aventuras y desventuras, que se manifiesta desde la soledad, porque rara vez estas imágenes están acompañadas por alguien.
Los cuadros de Unzueta destilan soledad, ese estado del alma en el que, tal vez, seamos más auténticos y en el que siempre nos podemos comunicar con Dios. Para este artista —yo lo siento: yo lo sé— la soledad es un don que engendra dones, como el milagro de llegar a conocernos a nosotros mismos; o como el prodigio de estar en comunión con el universo.
Uno de los graves males de nuestra civilización es que el ser humano ha perdido la capacidad de quedarse a solas consigo mismo, en silencio, paladeando la vida y su intensidad misteriosa. El hombre de hoy necesita estar consagrado a algo o alguien, permanentemente, sin ejercer el don de la contemplación. Cuando no estamos sumergidos en un mar sonoro, que cada día más es ajeno a la música, estamos atragantándonos de imágenes simiescas de la televisión o el cine, con toda su arrogante descarga de violencia, sangre, sexo animal o traumas sociales. Cuando no estamos cautivos de un juego virtual, estamos atrapados en la tela de araña de las redes sociales, aparentemente exhibiendo nuestras viditas y sus mareas. Cuando no estamos matándonos con la comida, estamos fumando, ahogándonos en alcohol o, vade retro, quemándonos en la hoguera de las drogas. No sabemos estar ni con las manos vacías, por un instante, para atrapar toda la grandeza de Dios...
Pero aquí es donde el arte de algunos artistas elegidos, como Unzueta, nos hace un llamado al orden o a un equilibrio imprescindible, aunque efímero, para seguir en comunión con el universo. Los personajes de este pintor de pintores nos regalan sus soledades con sus dones: la dignidad de la que cayó y se volvió a levantar; la que cultiva la esperanza del amor; la sombra del pescador que se fue y sigue estando en sus hijos, pescadores de belleza; la que se aferra a la última hojita de un árbol para vivir en la raíz de la nada, que nos conforma… Uno de sus cuadros más recientes es, tal vez, el súmmum de su concepto de la soledad y sus dones. En “Soledad”, ese mar de sombrillas rojas que se recorta contra un cielo borrascoso, se da la paradoja más tremenda de la soledad en compañía. Esa sombrilla que aparece al fondo, como levitando hacia unas alturas inciertas, nos dice que quizás la única forma de alcanzar el cielo es separándonos del rebaño, renunciando, hasta donde sea posible, al espíritu gregario para, como lobos esteparios, llegar a ser uno mismo. El cielo de la obra es negro, turbulento, pero las claridades del horizonte, tal vez, sean las claves de una esperanza renovada.
Unzueta es un pintor de múltiples lecturas porque él, como ser humano, es de una riqueza infinita y no sólo por su cultura, sino también y sobre todo por su condición humana, por su genio creativo. Otros verán en “Soledad” una obra deprimente, pero yo sólo alcanzo a ver un cuadro impactante, fuera de serie, que condensa una cosmovisión: somos, en última instancia, el fruto jugoso de nuestras soledades, de las que venimos y hacia las que vamos. Gracias a Dios, y ojalá que hasta la eternidad, la soledad de este artista y sus obras excepcionales nos acompañan ahora, en este presente, tan difícil y tan maravilloso, como siempre ha sido.


Turandot
9" x 12" oil on canvas



UNZUETA & UNZUETA
UNZUETA GALLERY
1607 SW 8 ST
Miami, FL 33135
(305) 788 5250
unzuetagallery@gmail.com
www.ramonunzueta.com

13 comentarios:

Gino Ginoris dijo...

Ay Ondina, serás la culpable de un “arranque de cenizas” porque me dan unas ganas enormes de mandar todo a los cuatro vientos y aparecerme en esa galería a contemplar soledades, esos frutos jugosos y que tú tan bien envuelves en poesía.
Ya eres una letra imprescindible Ondina, sinceramente.
Abrazos.

TURANDOT dijo...

Gracias Ondina Leon.

JosEvelio dijo...

Venturosa Madame Ondina León que con su proverbial
sabiduría nos incita a ver con “sus ojos”; las infinitas atmósferas del maestro y amigo Ramón Unzueta. Así nos devela las claves del universo visual de soledades atesoradas, que con genialidad absoluta el artista nos conquista. Finalmente la complicidad con su hermana Enaida Unzueta, nos premian con la magia inefable del Gran Arte. Enorme privilegio para Guitáfora. ¡Gracias a los tres y enhorabuena!

Anónimo dijo...

Bien merecido este comentario para nuestro querido artista Ramón Unzueta.

George Sand.

Anónimo dijo...

Ondina, usted siempre me sorprende porque yo estaba esperando un artículo sobre la visita del Papa a Cuba y usted nos regala esta "pintura" sobre un pintor cubano. Ha hecho muy bien en refugiarse en el arte y llevarnos a conocer a un artista. Ya estamos saturados del tema del papa y los horrores de la dictadura. El cuadro "Soledad" es bello y expresivo. Gracias, Ondina, y gracias, Josevelio, por honrar a otro artista como usted.

Margarita León

Zoé Valdés dijo...

Gracias, Ondina, excelente. Unzueta ha alcanzado una maestría inusual, y sin alardes, todo en silencio, a golpe de pincel.

Ibis García Alonso dijo...

Fascinante, estimada Ondina. Pura sinfonía su interpretación de la soledad, de “Soledad” y de la obra en general de Ramón Unzueta. Me encantan todos sus cuadros, o por lo menos todos los que he podido ver vía internet, generalmente en el blog de Zoé Valdés. Me encantan sus mujeres. Me encanta “Soledad”. Un artista extraordinario, sin lugar a dudas.

Gracias, Ondina y Josevelio. Divino post.

Frida M dijo...

El maestro Unzueta vibra.
Gracias Mme Ondina, JosEvelio.
Cariños,
FM

Anónimo dijo...

Si impresionante son las obras de Unzueta (recorrí si sitio y me muero por tener uno de sus cuadros), también lo es el texto de Ondina, que también "pinta" con arte. En estos casos es cuando siento orgullo de ser cubana. Magnífico este blog que siempre me sorprende para bien. Gracias a todos.

Mara Villa del Valle

Anónimo dijo...

La señora Ondina tiene el apellido bien puesto porque tiene "garra" para cualquier tema que trata. Ahora, con este artículo, me ha motivado a ver y a valorar la obra de ese gran artista que es Unzueta. Ondina nos sacude la conciencia y nos abre los ojos al mundo, que es mucho más que política y tragedia: también es belleza y arte del bueno. Nunca dejaré de darle las gracias.

Enrique Aguirre

Anónimo dijo...

¿Pero dónde estaba yo que no conocía al Maestro Unzueta? Gracias, Ondina, por ese talento que tiene para valorar el arte. Su prosa poética y sabia siempre me educa. Gracias, Josevelio, por este blog de élite. Saludos.

Cristobal

JosEvelio dijo...

Festejar a un artista único como Ramón Unzueta, es lo que ha estado en el ánimo de “TODOS”.
Gracias y saludos.

Anónimo dijo...

¡Bravo por Unzueta! Gracias, Ondina. Este blog es A-1.