sábado, 31 de marzo de 2012

Lazos de vida


Por Ondina León ©

Salmón, champán, helado, sonrisas, ocho invitados exclusivos, sus mejores amigos… ¿Qué celebraban? La vida en común, 61 años de matrimonio, cinco hijos, sus lazos de vida… ¿Y luego de la celebración? Los periódicos traen la noticia... A él lo hallaron muerto de un tiro, segundos después de haber… ¿matado?... a su esposa. Pero, ¿la asesinó o la liberó? ¿Se hizo justicia o se cometió un horrendo crimen? ¿Qué pasó? ¿Por qué?
Porque ella, Adrienne, padecía del mal de Alzheimer, desde hacía seis años, y su vida cada vez era menos vida: era sólo un tiempo que transcurría sin memoria, sin anclas echadas a la realidad, sin esperanza de regresar a esos horizontes de luz, cotidiana y vital… Para él, Charles, su vida era cada día menos vida, porque se iba quedando cada vez más solo en compañía de su mujer, que era cada vez más un árbol sonriente o una piedra amorosa. ¿Con quién podría conversar o compartir sueños? Además, su corazón se estaba apagando lentamente, como un ocaso, y sus rodillas le flaqueaban, humillándolo como sólo él lo sabía. El ultraje de los años iba venciendo y no había música ni poesía que pudieran salvarlos, pero sí el amor cómplice...
¿Pactaron sus muertes? Probablemente. Después de haber vivido toda una vida compartida, cada cual es dueño del tiempo del otro. La otredad se vuelve, irremediablemente, unicidad. La fusión de almas es total. Es el amor. Por esto Charles, en su última cena, brindó por su mujer y por sus amigos, y no por el éxito financiero ni por el presidente de turno ni por la reina de Inglaterra: fue el triunfo del amor. Ni todo su dinero ni sus logros, que fueron muchos, terminaron siendo sus galardones ni trofeos, pero sí lo fueron su compañera y sus amigos, esos otros amores imprescindibles para vivir.
Charles hizo lo que debía hacer, desde el principio que ambos conocieron que ella padecía Alzheimer. Primero, no la internó en un asilo, como Adrienne le pidió, sino que la cuidó con devoción en su propia casa. Religiosamente la acompañó por las brumas de su desmemoria, como ella había hecho con él, toda su vida, endulzándolo, comprendiéndolo y amándolo, aun en sus peores defectos y desatinos de animal impaciente y gruñón, como “hombre de éxito”. Y ahora la liberó y se liberó de una muerte en vida, sin retornos.
Las religiones, las leyes, las “buenas” costumbres podrán condenar el hecho y sentenciar que nadie está facultado para quitarle la vida a alguien, ni quitársela a sí mismo, que sólo Dios puede hacerlo y que la ciencia y la medicina tienen que luchar, hasta el último aliento, para evitar el último suspiro. Sin embargo, desde el fondo de mi corazón y desafiando los convencionalismos, creo que ellos hicieron lo que debían hacer y creo que Dios no los va a condenar por este acto supremo de partir juntos hacia… ¿otra vida?
“Ama y haz lo que quieras”, dijo el sabio de San Agustín, acuñando una de las máximas que he tratado de esgrimir toda mi vida para actuar o juzgar con un mínimo de sentido de la justicia, porque sólo el amor nos permite obrar con impunidad. Y creo que Charles Snelling y su esposa, Adrienne, actuaron por amor: no se abandonaron ni con el pensamiento, nunca.
Ni eutanasia ni muerte asistida ni pacto suicida ni crimen: sólo la palabra amor debe ser entre dicha, con respeto, cuando comentemos esta noticia que, en un mare magnum de miserias y calamidades humanas, nos grita que no todo está perdido y que una historia como esta salva al planeta de sus inexorables giros por una galaxia de horrores. ¡Descansen en paz, Charles y Adrianne! ¡Viva el amor!

30 comentarios:

Anónimo dijo...

Ellos están con Dios.


Teresa Cruz

Gino Ginoris dijo...

Sé que será polémico este post, que tendrás tus detractores y los que te apoyen en tu planteamiento de una situación muy puntual y extremadamente delicada.
Yo lo haría, tal y como lo hizo Charles y eso, amiga mía, es a mi juicio una de las más grandes pruebas de amor que de las que he tenido noticias en mi vida.
Mi abrazo.
Gino.

Zoé Valdés dijo...

Humano, muy humano

Anónimo dijo...

Excelente texto porque llama a la polémica sobre un tema muy espinoso. Sin duda alguna los protagonistas de esta historia, Adrienne y Charles, se amaron muchísimo. Tengo que confesar que yo no podría hacer lo que él hizo, aunque parezca un acto de amor. Charles tenía que haber seguido cuidándola, hasta que Dios decidiera llevársela o llevárselo a él. Sus hijos hubieran podido cuidar de ella, si él hubiera muerto antes, creo yo. Gracias, Ondina, por tener el valor de expresar su opinión sobre el asunto de la eutanasia. Saludos, Josevelio.

Margarita León

Anónimo dijo...

Ondina, Ondina, Ondina... ¡mujer divina! Bello y conmovedor artículo. Yo estoy de acuerdo contigo y con Gino y también apoyo lo que hizo Charles. Hay que tener mucho valor para cometer este acto supremo y final de amor que es rescatar de la decadencia al ser amado. En un futuro las leyes cambiarán y ya no será un delito ni un crimen este tipo de hechos, estoy seguro. Gracias a todos.

Enrique Aguirre

JosEvelio dijo...

Aunque reconozco que ha sido un acto de “un gran amor”, me inclino por la opinión de Margarita León y agregaría; que el Sr. Charles tuvo un "trance" de demencia senil para consumar su ejemplar lección. Descanso, paz y luz para sus espíritus. Gracias y saludos a todos.

TURANDOT dijo...

Charles hizo lo que habia que hacer. Me pido un Charles.

Anónimo dijo...

Pa´su escopeta!!! Ahora la señora Ondina apoya el asesinato de mujeres inosentes y desbalidas... El cuento puede ser muy romantico pero nadie esta autorisado a matar. Ondina es muy peligrosa... Saludo

Jose Fariñas

Anónimo dijo...

Si yo me veo en un caso así, no sabría qué hacer. No sé qué hacer pero tengo que prepararme porque nadie está libre de pasar por esto. Ondina me ha hecho un llamado a pensar sobre el tema, que siempre evado y escondo, como si esto sirviera de algo. Ella siempre sabe coger al toro por los cuernos, y hasta arrodillarlo...

Cristobal

Anónimo dijo...

El comentario de Fariñas es totalmente inapropiado y ofensivo. ¿Su estupidez tendrá límites? ¿O será como su ortografía? Yo creo que el artículo de Ondina es bello y profundo. Yo también haría lo que hizo Charles, aunque hay que tener un valor que no tengo y que necesito desarrollar. Felicidades a Josevelio por este blog único y sus comentaristas.

Fabrizio del Dongo

Anónimo dijo...

Aplaudir lo que hizo ese hombre es permitir que cada uno se convierta en Dios, en un momento de la vida, y decidir quién debe vivir y cómo. Charles tenía que haber asumido su cruz y soportarla hasta que Dios le prestara vida. No estoy de acuerdo con Ondina, sino con Josevelio y Margarita. Los demás me parecen superficiales por decir que esta historia es romántica, cuando es de horror. ¿A alguien le gustaría que su padre asesinara a su madre enferma y luego se suicidara? Eso fue lo que pasó. De todas formas, reconozco que Ondina es una mujer muy inteligente y valiente que siempre sabe defender sus puntos de vista. Y Josevelio es, una vez más, un defensor de la democracia y la libertad porque, lo admito, yo nunca hubiera publicado un artículo así en mi blog. Gracias.

Anónimo, pero real

Anónimo dijo...

Ya lo dijo el santo sabio: "Ama y haz lo que quieras", como cita Ondina genialmente...

Gino Ginoris dijo...

Fari:
Eres como esa luz que le falta a la blogosfera, nos hace tanta ilusión leerte, descubrir a cada paso que das en tus comentarios lo profundo de tu ser , tan sutil , tan, tan…”DesBalido” tan “InoSente” te confieso que soy un admirador de tus letras.

Anónimo dijo...

Ondina de mi alma,el amor nos da las fuerzas para hacer lo impensable.
Excelente texto.
Saludos

Gino Ginoris dijo...

Anónimo real, fíjate que no me considero superficial por el hecho de estar de acuerdo con lo que hizo este hombre, es más, dije y repito que en su caso yo haría lo mismo, cada cual piensa y actúa como quiere o como puede, incluso hasta dar su opinión detrás de un anónimo aunque le ponga cualquier apellido.
Disculpa jose, he metido la cuchara tres veces ya.

JosEvelio dijo...

No quisiera yo estar en los zapatos del Sr. Charles...porque no es "nada sencillo" comprender las acciones ajenas. Somos responsables de "nuestros actos" y sus alcances o consecuencias; quizás por eso resulten tan incómodos "los consejos" no solicitados. Gracias y saludos a todos.

Anónimo dijo...

Gino, como siempre, genial en sus comentarios. Que siga metiendo la cuchara, porque es de oro, como la de Ondina, que se mete en todo para mejorarlo... Yo lo apoyo y no me considero superficial como dice el (la) valiente de "Anónimo, pero real", que parece un fundamentalista religioso de los que quema en la hoguera o censura... Menos mal que Josevelio es todo lo contrario y sí publica estos artículos de Ondina, aunque no esté de acuerdo con ella. Gracias,

Enrique Aguirre

Ibis García Alonso dijo...

El Alzheimer es una de las tantas enfermedades neurológicas que suelen ser más difíciles de llevar por parte de los familiares y amigos que por los mismos pacientes que la padecen. Sinceramente no tengo la menor idea de cómo actuaría yo en el caso de encontrarme calzando los mocasines del Sr. Charles. Ahora bien, de lo que sí no tengo ninguna duda es que, de calzar los de la Sra. Adrienne, desearía tener a mi lado un Sr. Charles capaz de liberarme de esa situación tan horrenda como la de calzar mocasines sin saber adonde ir. Soy una colgada de primera, en otoño tengo que andarme con cuidado porque cualquier hoja que caiga me distrae. Pero el día que no sepa adonde ir, el día que no sepa quién soy… Ese día quiero un Charles a mi lado, ¡sí señor!
Gracias, Ondina y Josevelio.

Anónimo dijo...

Señores Gino Y Enrique, no me considero un fundamentalista religioso, pero sí acato los preceptos de la fe y de las leyes humanas de respeto a la vida y no creo que nadie debe convertirse en Dios y decidir quién y cómo vive. ¿Acaso hay que matar a los niños que nacen con el síndrome de Down? A lo mejor ustedes hasta son partidarios del aborto, que también es un crimen. ¿O no? Tal vez sean ateos y todo lo ven desde un punto de vista materialista y biológico, menospreciando el alma humana y su esencia divina. ¿También apoyan los matrimonios homosexuales? Otro crimen contra Dios y la Naturaleza. Ya sé que hay que respetar la libertad individual, pero para mí tiene límites muy exactos, que no violo, como otros. Gracias por permitirme expresar mi opiniones, Josevelio. Usted sí es un hombre sensato y justo.

Anónimo, pero real

Anónimo dijo...

Apoyo la eutanasia en casos como el que nuestra Ondina nos trajo a reflexión. Apoyo el aborto como otro acto supremo de libertad individual en el que la mujer es dueña de su cuerpo y de su destino, y no desea traer al mundo otra vida que no tenga garantizada su dignidad. Apoyo los matrimonios homosexuales porque también son actos de libertad y amor. Apoyo el ateísmo, sin ser ateo. Y apoyo blogs como este en el que Ondina expresa sus opiniones y sentimientos libremente, como mujer y como cubana. ¿Qué pasa? El que no esté de acuerdo que no entre al blog. O que entre y se exprese. O que debata los puntos de vista y ensaye para ser libre, sin las cadenas de la religión, la familia o los prejuicios. Gracias.

Enrique Aguirre

JosEvelio dijo...

¡Sería muy aburrida la unanimidad de criterios! Saludos a todos…

Anónimo dijo...

Josevelio, nunca te estaremos suficientemente agradecidos por este blog y la presencia poderosa de Ondina. Gracias por este artículo tan bello y complejo que me ha dejado pensando y pensando. Yo no sé qué haría en un caso así, pero no quiero que mis seres queridos sufran nunca. No sé... ¡Abrazos!

Mara Villa del Valle

Gino Ginoris dijo...

Anónimo ¿real?, me agrada mucho saber que una persona acata los preceptos de la fe y respeta las leyes humanas, eso es válido y digno de aplauso, pero, ¿acaso esos preceptos que no son más que Disposiciones o mandatos que se deben cumplir, no nos fueron dictados por un hombre? Alguien en algún momento creyó que era eso lo que debía hacerse y lo dejo como “tarea pa la casa”, hasta aquí estamos de acuerdo.
No, no hay que matar a los niños con síndrome de Down, eso lo dijo usted no yo (que quede claro) a nadie se le ocurriría eso, pero no sería justo dejar que la madre de ese niño, en una edad tan temprana como el primer mes de gestación que es el tiempo en que se determina científicamente si el niño llegará al mundo con cualquier malformación u otro problema, no es justo, repito, que esa madre determine si lo quiere tener o no? Acaso no es justo y hasta humano que una madre decida si traer o no al mundo a un ser discapacitado, pensando quizás que en algún momento ella no estará y ese ser desvalido, lo será aún más? Yo creo que sí, lo que quiere decir que no estoy en contra del aborto y no lo considero un crimen, pero y esto quiero que le quede claro, esto no quiere decir que yo por pensar así, menosprecie el alma humana.
Y sí, apoyo el matrimonio homosexual, porque llevándolo a su “entorno” todo ser humano es hecho a imagen y semejanza de ese dios para el que usted cree que ser homosexual es una traición. Hay más homosexuales dignos en la historia de la humanidad que los que su ceguera permite reconocer.
Esos límites tan exactos que dice usted respetar y otros no( me imagino entre los que No lo hacen), son el respeto a las individualidades y a las opiniones, defienda usted las suyas pero no trate de inventarse astucias para quedar como blanco merecedor de las alas y el arito sobre la cabeza, que Dios sabe quien blasfema o perjura, incluso detrás del anonimato.

Anónimo dijo...

¡¡¡Bravo por Gino!!!! No hay nada más que agregar. Sólo darle las gracias por ser tan inteligente, valiente y decente. Así se vive.
Saludos,

Enrique Aguirre

Anónimo dijo...

La polémica ha alcanzado esta vez niveles históricos, gracias a la osadía de nuestra Ondina León. En especial quiero darles las gracias a Gino, Enrique y Anónimo, pero real, quienes me han enriquecido con sus argumentos en este debate de altura o de profundidad, según se mire. Yo sigo aferrada a mis creencias, pero reflexiono sobre otros puntos de vista. ¡Ah!, y yo tambien apoyo el matrimonio homosexual porque también es amor humano.

Margarita León

Anónimo dijo...

Gino esta conpletamente equivocado pero sirve para abogado del diablo con esa lengua afilada y venenoza que tiene... me cae bie, pero no quiero conserlo. Garcias.

Jose Fariñas

Gino Ginoris dijo...

Ja ja ja gracias Fari, a ti te amo, no se me ocurre decir algo distinto.

Anónimo dijo...

Ya que hay tantas que quieren un "Charles" a su lado como Turandot e Ibis Garcia, sería bueno montar un negocio de alquiler de asesinos de mujeres chochas... Hay que estar mal de la cabeza para apoyar estos crímenes. Gino y Enrique deben de ser como esos intelectuales "progresistas" que rompen los esquemas porque necesitan sentirse importantes y únicos, lo que habla de los complejos y las carencias que tienen. De locos "cuerdos" está lleno el mundo.

Anónimo dijo...

Pido perdón porque acusé a algunos comentaristas de este blog de "superficiales" cuando en realidad son irresponsables, como Gino, con sus llamados a la revolución humana y el imperio del desorden. Ya bastante enferma está la familia como para descomponerla con relaciones extrañas a la esencia humana y con eutanasia y abortos. Más allá de la religión, tiene que haber un contrato social con normas muy bien establecidas, como que no se puede tomar justicia por cuenta propia ni disponer de la vida de los demás, sea la que sea, con Alzheimer o cáncer. Los ensayos de libertad "absoluta", como en Holanda, no han dado buenos resultados de convivencia, hasta ahora. En todo caso, Gino y Enrique, Ibis, Turandot y los confundidos pueden consultar a un psiquiatra (no a un cura) a ver qué les dice o qué les diagnostica. Gracias a todos.

Anónimo, pero real

Anónimo dijo...

Al final de todo cada cual hace y deshace como le da la gana.Para eso somos libres y podemos decidir sobre nuestras vidas.

George Sand.