martes, 21 de febrero de 2012

Preguntas a Dios

Por Ondina León ©

Como persona que nació en el siglo pasado —expresión que, en cierta medida, me da pavor— y que se educó sin computadoras ni Internet, sólo con libros, libretas y lápices, a los que se les sacaba punta con cuchillas de afeitar viejas —todos íbamos “armados” a las escuelas, pero a nadie se le ocurría herir a otro—, tengo un fuerte sentimiento de gratitud para con Dios, que me ha permitido vivir toda una revolución de modernidad en la que la información se ha democratizado hasta niveles inimaginables y a una velocidad de vértigo. No estoy muy segura que el mundo entero experimente esta gratitud, sobre todo porque las nuevas generaciones en el mundo occidental dan por sentado que la libertad informativa es un don merecido y un rasgo más de la realidad en la que han nacido, y ni saben que hay muchísimos países en los que la Internet está secuestrada por dictaduras inmorales, como en Cuba, China y los estados musulmanes, donde se lucha a brazo partido por tener un trocito de esta bendición de libertad y luz.
Estos jóvenes adictos al desarrollo (entre otras adicciones) no ven la tecnología como una conquista que ha tardado siglos en ser y estar, sino como un bien de consumo, una moda o una expresión de estatus socio-económico: siempre hay que tener lo último de lo último, sea un iPhone, un MP3, un blue-ray o cualquier otro artilugio (como se dice en castellano, no “gadget”).
Y como todo lo que se masifica, también la Internet tiene sus lados oscuros, sus rostros que siembran terror y confusión, sus anonimatos funestos, su globalización de la basura y su virtualidad que vuelve efímero y casi inexistente a cualquier tesoro —como dice una amiga, “Sólo lo impreso en papel sobrevivirá”: ¿será cierto? Y toda esta trova introductoria, a modo de prolegómenos, es para esclarecerme y seguir dándole gracias a Dios por vivir en la Era de la Internet y darle gracias también por los numerosísimos correos que recibo con videos, fotos espectaculares, chistes, rumores (y no precisamente de la campiña), mensajes filosóficos, estadísticas, bretes políticos, bulas (no muy papales, gracias a la Virgen), textos de las amistades y hasta cadenas de oraciones que me amenazan con castigos apocalípticos, si no las reenvío a por lo menos 20 personas en un plazo de 90 segundos (¿por qué este tiempo?).
El caso es que, hace unos días, recibí uno de esos correos en el que lo realmente importante no es la veracidad del origen, sino el contenido en sí mismo, haya sido obra de una persona o creación colectiva o versión libre de un hecho real. Dice el correo que en una escuela italiana, no se sabe dónde, una maestra les propuso a los niños que escribieran una carta a Dios para preguntarle lo que quisieran. No se especifica la edad de estos niños, pero, a juzgar por las preguntas y los comentarios, derrochan sabiduría y gracia. Y lo más curioso es que muchas de estas preguntas también nos las hacemos los adultos, desde que éramos pequeños y, probablemente, nos las seguiremos haciendo, mientras Dios nos preste vida.
Aquí van. Ante una de las asombrosas creaciones de la Tierra, una niña llamada Patrizia le pregunta al Sumo Creador: “¿La jirafa la querías hacer así? ¿O te salió mal?”. No, niña, no: Dios no sabe hacer nada mal, aunque quiera hacerlo: nosotros somos los que vemos mal. Otro niño llamado Antonio dice: “Querido Dios: ¿El Padre Mario es amigo tuyo o sólo es un compañero de trabajo?” No, hijo mío, el padre Antonio es un asalariado del Señor y, en el mejor de los casos, puede que sea amigo de los humanos… La pregunta de Giacomo es absolutamente subversiva en su abismal inocencia: “¿Cómo es que hacías tantos milagros antiguamente y ahora ya no los haces?”. Giacomo, Dios sigue haciendo milagros, pero nosotros hemos perdido la capacidad de verlos, porque estamos muy ocupados comprando… jueguitos. “Querido Dios: Cuando hiciste al primer hombre, ¿funcionaba bien, como nosotros ahora?”, pregunta Tomaso, el que evidentemente es un niño con defecto de fábrica, porque se pasó de optimista. “Hemos estudiado que Tomás Edison descubrió la luz. Pero en la catequesis dicen que fuiste Tú. Yo creo que te robó la idea”, escribió Daria, a la que habría que explicarle, hasta donde sea posible, que si hay algo “robable” esas son las ideas, que se contaminan, se mezclan, se intercambian, se confunden, se roban y se vuelven maravillas, en algunos casos, y monstruos, en otras. La niña Laura es como una pequeña serpiente de cascabel que desafía al Seños con esta perla: “Querido Dios: ¿Cómo es que no has inventado algún animal en los últimos tiempos? Tenemos los de siempre”. Laura, ¿pero no te basta con que haya siete mil millones de almas sobre la faz de la Tierra? Aquí ya no cabe nadie más, digo yo... Sandrita simplemente le enmienda la plana a Dios y casi que le ordena rehacer su obra: “Me gustaría que hicieras gente que no se rompa tanto. A mí ya me han puesto tres puntos y una inyección”. Bueno, Sandra, nadie es perfecto. “Querido Dios: Te quiero porque nos das la vida, pero me tienes que decir por qué nos dejas morir”, le pregunta la pequeña Daniele, haciéndose eco de la eterna pregunta que nos hacemos todos, todos los días, sin tener respuesta alguna. Y yo, nada infantil, agregaría: “Bueno, Señor, está bien que tengamos que morir, como todo lo que existe, pero, ¿por qué tenemos antes que pasar por el ultraje de envejecer?”. Robertico seguro que va a ser político de grande porque le dice a Dios: “Yo soy italiano, ¿y tú?”. Pudo haber dicho “yo soy terrícola”, pero entonces habría sido un niño “índigo” atemporal, sin noción ni orgullo de tribu, y estaría “enfermo”. Y como siempre, hay rara avis, esos poetas de nacimiento que Dios echa al mundo para darle razón de ser, como Eugenio, quien le dice: “Yo creía que el color naranja no pegaba con el morado. Pero el martes he visto el atardecer que hiciste y ¡es genial!”. Y tal vez la mejor pregunta de todas, porque no tiene respuesta, al menos para mí: “Querido Dios: ¿Tú cómo sabías que eras Dios?”, dijo Carlo y se hizo el silencio...

16 comentarios:

Gino Ginoris dijo...

No sé como lo haces Ondina, me asombra tu capacidad para ponerme a pensar y eso ya es mucho.
Excelente texto .Ondina, ya estamos preparando el 3er número de la revista Verbo (des) nudo la publicamos acá en Santiago de Chile un grupo de escritores cada dos meses, ¿te gustaría publicar en ella? La invitación está hecha, ojala nos hagas ese honor.
Abraso jose.
Gino.

Ibis García Alonso dijo...

Siempre es un placer leerla, estimada Ondina, aunque, francamente, esta vez me acaba de asaltar la duda de si dejar o no un comentario sobre el tema que plantea en éste, su nuevo artículo. Y es que, por el hecho de no creer en Dios, muchas veces me preocupa herir susceptibilidades si me pongo a exponer o debatir mi opinión al respecto. De todas formas sí pienso que, aunque puede que este cuento que le llegó vía Internet (como usted misma opina) puede que se trate de una historia de ficción, también es muy cierto que siendo niños todos tenemos inquietudes tan sanas, inteligentes y libres de todo prejuicio como las planteadas por estos perspicaces niñitos italianos. También yo las tuve (actualmente, no). Pero claro, como nunca me dirigí a Dios, de niña mis inquietudes las consultaba únicamente con los adultos de mi entorno que me leían pasajes de la Biblia. Curiosamente, mi principal inquietud siempre se centró en el porqué el Dios de mi madre y de mi abuela era un Hombre y no Mujer. Pero ni ellas ni nadie, hasta hoy, me han dado una respuesta convincente. Sin embargo (y aquí va lo que quiero compartir), hace algunos años (así como mismo le ocurrió a usted ahora) me llegó una historia que me encantó por el mensaje que para mí encerraba y sobre todo por la relación tan estrecha que guardaba con mi eterna duda. No recuerdo la historia con exactitud, pero era más o menos así:

Cuentan que en uno de sus viajes por el espacio, un astronauta trasmite por radio que había visto y hablado con Dios. Como era de esperar, la noticia enseguida se esparció como pólvora. De manera que, llegado a la Tierra, la prensa de todo el mundo se había concentrado para entrevistarlo.
—Cuéntenos, ¿es Dios fornido?
—¿Es blanco?
—¿Tiene ojos azules?
—¿Es muy inteligente?
Agotado ante tantas preguntas y cansado de intentar, infructuosamente, abrirse paso entre tantas cámaras y micrófonos, el astronauta se detuvo y sin vacilar, respondió:
—Ella, es negra. Y sabia. Muy sabia.

Gracias una vez más, Ondina.
Gracias, Josevelio.

Anónimo dijo...

Ondina, gracias otra vez por tus artículos. No sé si este es pura invención suya o es realidad, pero en cualquier caso, me divierto, aprendo y pienso en muchos temas. De verdad que usted es versátil y siempre sorprende. Gracias también a Josevelio porque cree en usted y publica estos regalos.

Margarita León

Zoé Valdés dijo...

Mi querida Ondina, ya desde niñas nos hacíamos esas preguntas, sólo que nosotros debimos hacerlas a escondidas. Dios y todo lo relacionado estaba prohibido. Gracias por tu artículo, y a Josevelio.

SelgasArt dijo...

Mi madre decía que Dios debía quedarse en la cabeza de los hombres para no caer en manos de ellos.

Anónimo dijo...

La fe es un don. Bienaventurados quienes la poseen.


Teresa Cruz

Anónimo dijo...

Dichosos esos niños italianos a los que se les permite hacerles preguntas a Dios. Durante mucho tiempo la dictadura castrista desterró a Dios e impuso el ateísmo, sin opción de elegir credo. Ahora, esos mismos diablos han relajado un poco el ateísmo, por oportunismo, aunque siguen teniendo el monopolio de la "educación". Claro, el cubano, que tiene doble moral y muchas caras, siempre se las arregló para creer en lo que le diera la gana y tener santos y orishas en el clóset. Este artículo de Ondina tiene la virtud de ser profundo y ligero, a la vez. Se lo agradezco de corazón, como siempre. Gracias, Josevelio por darnos a Ondina. Saludos a todos los comentaristas.

Enrique Aguirre

Anónimo dijo...

Teresa tiene razón al decir que la fe es un don y que los que la tienen son bienaventurados. Yo la tengo y me siento bendecida por tenerla. Ibis confiesa que no tiene ese don, que no cree en Dios, y francamente siento pena por ella, aunque al menos tiene el don de la libertad para expresarse, sabiendo que nadie la va a reprimir por ello. Tal vez algún día Ibis se encuentre con Dios, sea hombre, mujer o niño, y pueda enriquecer su vida y sentirse menos sola... Ondina, siempre sabia, sigue sorprendiendo con temas apasionantes y polémicos. Gracias.

Mara Villa del Valle

Anónimo dijo...

Me encantó este artículo de Ondina. Y me gustó mucho lo que dice SelgasArt de que dios debe quedarse en la cabeza de los hombres, y sobre todo en el corazón, para que no caiga en sus manos, como las de los curas y pastores que todo lo manchan...

Cristobal

Anónimo dijo...

Ondina de mi alma,como siempre es un deleite, un gozo, leer sus articulos cargados de sabiduria y ensenanza.
Muchas veces le pregunto a Dios por que permite que se cometan tantas injusticias, pero la fe me da la respuesta.
Saludos y bendiciones

Anónimo dijo...

¿Cual es el dios de los cubanos? ¿Tenemos religion? Yo lo que veo es que le metemos mano a cual quier cosa, a la brujeria, a las cartas, a la iglesia catolica, a los caracoles, al sodiaco de los astros, a los espiritus, y hacemo un ajiaco para cuando el sapato aprieta. Cremos en todo y no cremos en nada, por esto nos meresemos el ateimo que nos metieron por la cabeza. Muy bonito lo de Ondina pero ella sabe que Cuba no tiene areglo.

Jose Fariñas

Anónimo dijo...

Lo mejor es que, dudan.Es el por que de esas preguntas.Aunque no por mucho tiempo.
Despues se encargan de seguirle tupiendo sus mentecitas hasta quedarse solo con la Fe*.
Ese, es el cruel proposito.

*“Fe” es la aceptación ciega de un conjunto determinado de ideas, aceptación inducida por sentimientos a falta de evidencia o pruebas.

Anónimo dijo...

Creo que, pensándolo bien, Fariñas tiene razón en lo que dice sobre la religiosidad de los cubanos, aunque me queda el consuelo de saber que "todos los caminos conducen a... Dios". Por lo demás, no creo en el ateísmo confeso de muchos....Ondina, una vez más, trae a colación temas importantes para todos. Gracias, Josevelio, por tu tacto.

Fabrizio del Dongo

Roger Rivero dijo...

Muy buen artículo como siempre Ondina, esa musa que te inspira no cesa de sorprenderme. Me gusta mucho que se sale de la política, y todas las preguntas son muy interesante, un abrazo grande y bendiciones querida amiga!!!!

Anónimo dijo...

Este blog debería llamarse "Convergencia" porque Ondina escribe sobre un tema y los comentaristas expresan sus opiniones e ideas libremente y todas son diferentes, llenas de sutilezas. Es como un pequeño ensayo de lo que debería ser Cuba en el futuro, un país donde cada cual se exprese sin ofender a nadie y siendo coherente con sus ideas. Otros blogs tienen que aprender de este, que no atormenta al lector con miles de temas, sino que lanza uno y luego hay tiempo para leerlo y comentarlo. De Ondina ya se ha dicho mucho y muy bueno, pero siempre se puede agregar que ella es única, entre las blogueras cubanas, por la elegancia con que escribe sobre temas profundos y complejos. Ojalá siga por largo tiempo colaborando con Josevelio, quien es nuestro mejor amigo ahora porque abre la llave de la luz más justa. ¡Bendiciones a todos!

Anónimo, pero real

Anónimo dijo...

Estimados comentaristas de Guitáfora: Gracias a todos por sus comentarios. Más bien debería decirles "estimados colegas" porque todos, cada cual con su estilo, co-crean cada artículo con sus ideas y sugerencias. Si los nombro, puede que se me escape alguno y no me lo perdonaría, pero ya ustedes saben quiénes son los más fieles y los más certeros. No obstante, quiero darles las gracias, una vez más, a tres personas especiales que me motivan y me difunden: Josevelio, Zoé Valdés y Roger Rivero. Aprovecho igualmente para responderle a Gino sobre su invitación a publicar en "Verbo(des)nudo": me pondré en contacto con usted a través de Josevelio y hablaremos. Muchas gracias, de todo corazón.

Ondina León