sábado, 31 de diciembre de 2011

La peregrinación inmóvil

Por Ondina León ©

Santísima Virgen de la Caridad del Cobre:
Madre, después de haber recorrido más de 28,000 kilómetros de tu isla, por primera vez desde el fatídico año de 1959, y de haber visto los rostros de millones de cubanos, de esos mismos que durante décadas te negaron o te veneraban clandestinamente, no me quiero imaginar lo que estás sintiendo. Debes estar algo más que horrorizada al haber podido comprobar tanta destrucción, ruina y desesperanza después de 53 años de dictadura. La que ayer fue llamada “La Perla de las Antillas” es hoy la pesadilla del Caribe, el paradigma de lo que nunca se deben hacer los pueblos a sí mismos. Ya has podido saber, de primera mano, que la miseria no es sólo material, sino también, y quizás peor, humana. ¿Qué te han pedido tus hijos personalmente? ¿Salud? Tal vez, porque esta es el mayor tesoro que se puede tener. Pero estoy seguro, santísima madre, que también esos rostros desesperados te han pedido que los destierres a otros horizontes más hospitalarios, donde puedan alcanzar con dignidad el pan y la libertad, que no han sabido conquistar en su tierra natal; o que les regales un extranjero para casarse y, por supuesto, huir lejos, lejísimo; o que les acaben de conceder otra ciudadanía que no sea la cubana ―¡la española! ¡cualquiera!― para sentirse ciudadanos de primera y no de séptima, como hasta ahora lo han sido en su propia nación, esa misma que les impide entrar a un hotel, si no eres extranjero, o te condena al hambre, si no tienes dólares; o quizás los más justos y valientes, sotto voce, te hayan pedido que los liberes del castrismo, que ya es demasiado tiempo de lección de vida; que ya el naufragio es tan total que costará siglos sacar la isla a flote, sobre todo su alma lastrada por la desidia, el desapego y el desamor... Mientras, los altos jerarcas de las dictaduras, la castrista y la católica, esta última con el moretón ―en la cara de Cuba― de Jaime Ortiga (con el perdón de la planta), hacen su aquelarre a orillas de la negra bahía de La Habana y te piden que ilumines a “los dirigentes”, en especial a su majestad Castro II, para que las “reformas” raulistas sigan en su buen curso y avancen. Dime, santísima virgen, ¿no te has sentido insultada? Porque pedir esto es clamar por la prolongación de la agonía más absurda: es ser un cómplice declarado, convicto y confeso de la más añeja dictadura del Hemisferio Occidental. ¿Cómo pueden estos diablos acercarse a tu divina imagen sin sentir vergüenza por todo el daño que ha hecho y siguen haciendo? ¿Cómo puede el dictador de turno afirmar que recibirá al Papa con “respeto y cariño” si no respeta ni ama a sus propios coterráneos? Si los esbirros del castrismo maltratan a mujeres indefensas, que sólo esgrimen gladiolos pidiendo libertad, ¿cómo pueden hablar de reformas para mejorar al país? La verdadera renovación debería comenzar por el respeto a la libertad de expresión y al pluralismo, por el derecho a ganarnos el pan con decencia. Virgen, ¿y me están pidiendo que me reconcilie? ¿Con quiénes tengo yo que reconciliarme en un acto casi imposible de humildad? ¿Con el chivato de la cuadra? ¿Con el militante del partido que impone las nuevas estrategias para que el régimen sobreviva? ¿Con el artista inmoral que canta en las tribunas castristas y luego dice que no es un político? ¿Con el seguroso de Villa Marista? ¿Con la jinetera cederista? Llevo demasiados años deshojando calendarios y rogándote, madre, para que nos libres de esta pesadilla, pero ahora tendré que rogarte, mañana, tarde y noche, para que me des lucidez y sentido de la justicia para entender con quién me tengo que reconciliar. Y si no es mucho pedir, santa patrona, te pido salud y vida para poder seguir indignándome, en el buen sentido del verbo, por este maridaje entre la iglesia católica y el castrismo que, en una acrobacia más de ignominia, han cerrado filas para seguir esclavizando al pueblo. Cúbreme con tu manto de amor infinito y dame fuerzas para amar a mis semejantes desde mi imperfección y mi desconcierto...
Tu hija contumaz

martes, 27 de diciembre de 2011

Entrevista a Ondina León

Por Josevelio Rodríguez

Varios amigos y numerosos lectores asiduos de mi blog me han comentado que les gustaría conocer un poco más a la Señora Ondina León, quien en los últimos meses se ha creado unos cuantos seguidores con los artículos que publica en Guitáfora. Después de mucho batallar, logré convencerla y esta es la entrevista que, a modo de regalo de fin de año, me concedió o nos concedió:
JR: ¿Es usted tímida o el misterio forma parte de la promoción y el mercadeo en un mundo muy competitivo?
OL: Soy bastante tímida, pero no sabía que podía resultar “misteriosa”. Tal vez sea un poco pudorosa, porque creo que mi vida es demasiado simple y transparente como para prodigarla, pero no llego a ser una ermitaña. ¿A quién le puede interesar el mundo de una jubilada? En otras épocas se veneraba a los ancianos como fuente de sabiduría y experiencia, pero en la actual civilización, en que se le rinde un culto desmedido a la juventud y a la imagen y la gente se avergüenza de las arrugas y las canas, a los viejos se les arrinconan. Además, ya hay tanto exhibicionismo frívolo y tanta falta de una auténtica privacidad que cualquier gesto que trace un “bajo perfil” resulta sorprendente. El egocentrismo de nuestra cultura es patético y grotesco: es una pérdida de tiempo…
JR: ¿Por qué con tanto que tiene que decir no tiene su propio blog?
OL: Porque Dios me ha dado el suyo. Gracias a usted y a Zoé Valdés, que generosamente me han abierto las puertas de sus blogs, mi voz ha podido llegar hasta remotos sitios. Nunca les estaré lo suficientemente agradecida. Y, por otra parte, tengo la impresión de que la blogósfera cubana ya está padeciendo de una polución caótica: hay demasiados blogs con muy poca sustancia en la médula. Sólo hay que ver cómo se les conceden premios a blogueros y blogueras tan superficiales, tan anecdóticos o costumbristas, con una ambigua postura ética, que usan sus “causas” como pedestales para levantarse estatuas de oro. Hay más palabras que ideas. Hay más monólogos que diálogos. Hay más soberbia que solidaridad. Es un mare magnum de egos. Un blog es compromiso y seriedad con uno mismo; es militancia en la verdad; es como un amante al que hay que dedicarle pasión y tiempo, mucho tiempo, materia de la que estamos hechos y que tanto desperdiciamos.
JR: ¿Milita usted en la verdad?
OL: Creo que sí, aunque los años me han enseñado que la verdad o las verdades son escurridizas y que hay que estar constantemente recreándolas. No se puede vivir sin verdades o certezas, que hay que construir como si fueran castillos de piedra, aun sabiendo que son de arena, y que la realidad va moldeando día a día. Lo único eterno es el cambio, así que no hay verdades constantes. En el laberinto de la vida, el norte es tan voluble e inconstante como la luna o el viento.
JR: ¿Qué es más importante, la cultura o la política?
OL: ¿Qué es más importante, el cuerpo o el espíritu? Estamos tan asqueados de la política y de los políticos que parece ser de muy buen gusto declarar que no somos políticos y que no nos interesa la política. Pero, como se sabe desde la más remota Antigüedad Griega, somos animales políticos y todo, absolutamente todo es política. Tanto es así que la política traza el curso de la historia y condiciona el bienestar de las sociedades y la cultura. La política no es más que la facultad de elegir en que rumbo caminaremos y en esto, se quiera o no, todos participamos, aunque sea con una queja o una palabrota por lo mal que está algo. La política, tal vez, es más transitoria o dialéctica que la cultura, que es más trascendental porque perfila el alma de los pueblos. Los políticos, en su inmensa mayoría, son pasto de las llamas del olvido. Los artistas y escritores, cuando son grandes, son los pilares de la memoria y la identidad de las naciones. ¿Quién gobernaba en la Grecia de Sócrates? ¿Quiénes fueron los políticos de la época de Leonardo da Vinci? ¿Qué político fue el mecenas de Mozart? Por cada político que conforma la historia de un país hay cientos de titanes de la cultura que dejan su huella. La política y la cultura forman una amalgama imprescindible para la sociedad y su bienestar, son los ingredientes de un todo. Y la política no tiene que ser sinónimo de suciedad…
JR: ¿Tiene salud nuestra cultura?
OL: Si se refiere a la cultura cubana, esta es una pregunta difícil de responder. O mejor, habría que responder con una paradoja: es una herida saludable. La aberración socio-histórica del castrismo ha desmembrado la cultura, la ha atomizado por los cuatro puntos cardinales, la ha mutilado pero, a la vez, esos fragmentos dispersos siguen germinando y creciendo como un bastión de resistencia y futuro. Nuestra cultura es muy poderosa y se sigue manifestando, dentro y fuera de Cuba, en los escritores y artistas vivos que siguen creando, pese a los avatares históricos: Zoé Valdés, Juan Abreu, Ena Lucía Portela, Raúl Rivero, Nilo Cruz, Ronaldo Menéndez, Odette Alonso, Ángel Santiesteban, Roger Rivero, Chely Lima, Bebo Valdés, Amaury Gutiérrez, Xiomara Laugart, Paquito D´Rivera, Gonzalo Rubalcaba, Albita Rodríguez, Andy García, Rosario Suárez, Ariel Tejera, Ramón Unzueta y usted mismo son, entre otros muchos, muchísimos, la salud de la cultura cubana, el alma de la nación dispersa.
JR: ¿Por qué está durando tanto la dictadura castrista? Ya son 53 años…
OL: Esta pregunta me la he formulado cientos de veces y a medida que pasa el tiempo barajo múltiples respuestas, que no estoy segura que sean las finales. En un fenómeno que tanto nos ha golpeado a todos, es difícil ser racional y practicar un distanciamiento afectivo o emocional porque la tragedia sigue en pie, porque no se puede mirar aún desde la perspectiva de enfermedad superada: es una realidad castrante. Creo que la pesadilla se nos ha vuelto perpetua por muchas razones. Éramos un pueblo demasiado joven y arrogante cuando triunfó el castrismo y nos dejamos arrebatar nuestra vocación democrática por un mesianismo épico. Estábamos bien, pero queríamos estar mucho mejor en un abrir y cerrar de ojos, y estos saltos mortales tienen su precio. La izquierda mundial ―sobre todo la europea― compró la utopía como si fuera el maná caído del cielo, con un folclorismo aberrante y una irresponsabilidad total. Las fuerzas vivas de aquella nación y su burguesía nacional y los profesionales prefirieron huir a dar batalla sostenida para cortarle las alas al tirano. El sistema totalitario ha construido sus pilares con lo peor de la naturaleza humana y sus bajas pasiones, desde la envidia hasta la indiferencia. Somos demasiado individualistas y no tenemos un sentido de destino colectivo. La América Latina ha sido cómplice de este trauma con su desidia y su culto al caudillo “antiimperialista”. Tal vez sea, además, un karma colectivo, una gran lección que debemos aprender como pueblo. Todo esto y mucho más, pero al margen de las causas, lo verdaderamente importante es cómo vamos a salir de este marasmo perpetuo.
JR: ¿Qué es lo peor del castrismo?
OL: La tiranía de la vulgaridad y la estupidez.
JR: ¿Cómo se derrota la vulgaridad?
OL: Creando belleza; venerando la lengua; aprendiendo de todos, todos los días; cultivando el sentido de la justicia…
JR: ¿Planes para el 2012?
OL: No hay nada nuevo bajo el sol: todo es nuevo bajo el sol. No sé si en verdad el mundo, tal y como lo conocemos, se vaya a acabar el próximo año. De lo que sí estoy segura es que todos nos vamos acabando, que envejecemos y que hay algo tan inevitable como la muerte, que es el vivir. ¿Planes? Vivir como si fuera a llegar a los cien años, pero como si hoy fuera el último día de mi existencia. Lo que no quiere decir que tenga que cometer locuras o bailar sobre las mesas o lanzarme en paracaídas, aunque también esto es válido. Es sólo paladear la existencia y hallar su poesía aun en lo más trivial, como tomar un café, leer un libro, comer chocolate… Quisiera poder ser cada día más libre, incluso sabiendo que siempre somos rehenes de algo o de alguien, hasta de nosotros mismos. Me gustaría seguir publicando en su blog…
JR: ¿Podrían los lectores hacerles algunas preguntas?
OL: Sí, cómo no, y hasta darme las respuestas también…

viernes, 23 de diciembre de 2011

Renacida: Extraña mujer, 1980

Gracias a Mafalda Migliaro, Gino y a todos los autores de Verbo (des) nudo.



"No basta con mirar la pieza; hay que buscar una historia tras ella. Hoy, jugando con tu frase de Stravinski, la he encontrado. Gracias por confirmar su autoría. Es un inmenso placer para mí que me haya acompañado por estos 30 años. Como dijera la gran Dama de Hispanoamérica Dulce María Loynaz del Castillo: 'las cosas bellas suelen ser inútiles,
no se les puede pedir más que su belleza'

José Angel Soriano"




Soriano: El Ángel de los recuerdos.

Por la plumilla,la firma y la fecha (1980).Aparece en mi memoria una reunión de amigos, donde coincidimos "tres Evelios" (puedo precisar que uno de ellos es un talentoso dibujante y pintor; un segundo Evelio es un poeta excelente), y bueno quien les cuenta; que ante aquella sobredosis de tocayos, se me ocurrió hacer ésta “Extraña mujer” firmada por Hebelio/80.Queda poco que decir y mucho que agradecer.JosEvelio Rodríguez-Abreu.

martes, 20 de diciembre de 2011

Preguntas inocentes para un fin de año culpable

Por Ondina León ©

Con “…la esperanza y el temor, esos dos rostros del incierto futuro”
Jorge Luis Borges

¿Cuándo dejaremos de celebrar el nacimiento de Cristo con tanto consumismo? ¿Por qué hay que decir “Felices fiestas”, para ser políticamente correctos, y no “Feliz Navidad”, como siempre se dijo? ¿Por qué hay tanta agresividad entre los millones de consumidores que van a los nuevos templos, los centros comerciales? ¿Qué es lo que hay, crisis económica o acrobacias al filo plástico cortante de la tarjeta de crédito? ¿Ser o tener? ¿Tener el último artilugio electrónico o ser esclavo de las deudas? ¿Quién posee a quién? ¿Me regalan un artefacto juguetón o me regalan a mí al engendro tecnológico? ¿Por qué hay tantos teléfonos y tan poca comunicación? ¿Qué es mejor, hablar frente a frente o “textear” desde el vacío? ¿Quién es más libre, el que más posee o el que menos desea tener? ¿Cuándo alcanzaremos el justo equilibrio del que hablaban los antiguos griegos? ¿Cómo conocerme mejor? ¿Cuántas veces al mes alzamos la vista y la dejamos volar por la noche buscando los rostros de la luna? ¿Cuándo fue la última vez que miraste una puesta de sol junto al mar, sin pensar en las cuentas? ¿Qué se te ocurre creer que hay detrás del horizonte azul? ¿Cómo conjurar a los cazadores de desgracias que nos atiborran de calamidades todos los días en los noticiarios? ¿Me podrían dar una buena noticia de verdad? ¿Por qué no tenemos ya una cura para el cáncer? ¿O será que los grandes consorcios farmacéuticos no la quieren compartir para no tener pérdidas de enfermos ni de dólares? ¿“Poderoso caballero es don dinero”? ¿Quién descubrirá la vacuna contra el SIDA? ¿Cuándo dejará de haber hambrunas en el África y miseria en Hollywood? ¿Por qué las tetas y el sexo tienen que ser más importantes que las jetas y el seso? ¿Cómo alcanzar la belleza sin que sea el primer grado de lo terrible? ¿Qué guerras se fraguarán al doblar el año su esquina maltrecha? ¿Dejaremos que Irán se alce con su maza atómica colosal? ¿Qué golpe, “como del odio de Dios”, nos aguarda en plena madrugada de la inconsciencia? ¿Por qué hay tanta violencia? ¿Cuándo la gota de rocío será tan infinita como el universo? ¿Quién me vende algo que no sea Made in China? ¿Dónde está ese huequito en el que cabemos todos con un trabajo decente y liberador, no con cadenas de horarios y asnos de mayorales? ¿De qué está hecha la felicidad, de euros, de dólares o de silencios compartidos y música soterrada? ¿Qué Atlántida intacta descubriremos sumergida en el fondo de cada alma? ¿Por qué los tiranos se enraízan en América Latina como hierbas carnívoras insaciables? ¿Hasta cuándo Cuba se estará suicidando con su propia sangre envenenada? ¿Tendrá fin la larga noche de soledad del corredor de fondo, que tiene hambre de libertad? ¿Cómo te puedo liberar sin antes haberme liberado? ¿Quién se atreve a responderme estas preguntas?

jueves, 15 de diciembre de 2011

Hazme una perdida

Por Ondina León ©

No, no se trata de una exigencia para convertirme en una prostituta ―¡ya no tengo edad! ― o en lo que en la Cuba de ahora se llama una jinetera, uno de los oficios mejor remunerados y en auge en la isla posesa. Antes, hubiera dicho, además de “perdida” ―las que se habían encontrado a sí mismas o a su verdadera vocación, todo muy respetable―, “mujer de la vida” (¿las otras estaban muertas?) o “mujer de vida alegre” (¿las otras estaban tristes?) o “mujer de la calle”, “bicha”, “cohete” y el castizo “puta”. El caso es que una amiga mía, cubana inteligente y culta, que vive desde hace muchos años en España, me visitó por un mes en Miami y tuve la oportunidad de comprobar lo españolizada que está y no sólo por las inflexiones, la cadencia y la música que ha adquirido su castellano, sino también por el léxico, que cada vez es más peninsular y menos cubano.
La susodicha ya no dice “blúmer” sino “braga”; “cuadra” sino “manzana”; “gaveta” sino “cajón”; “carro” sino “coche”; “bemba” sino “morro”; “alcancía” sino “hucha”; “portañuela” sino “cremallera”… Una de las expresiones que más usaba en relación con su móvil (que no celular) era “Hazme una perdida”, para referirse a que alguien la llamara y poder luego hablar. Invariablemente, cuando decía la expresión, yo la miraba con sorna y le contestaba con bellaquería: “Si te hago una perdida, entonces necesitamos un chulo que te administre”. Sagaz al fin y al cabo, soltaba una carcajada y me decía: “No, desgraciadamente ya no puedo ser una perdida porque estoy mataíta… Nadie me va a dar ni un céntimo”. En otras circunstancias hubiera dicho “ni un kilo prieto partido por la mitad”. Es así como, atomizados por la dictadura castrista, los cubanos andamos por los cuatro puntos cardinales cambiando nuestro español, enriqueciéndolo, empobreciéndolo o desnaturalizándolo sin piedad al contacto de otras lenguas.
Lo que me trae a las mientes el patético caso del castellano de Cuba luego de 53 años de dictadura. Lo primero que hacen estos bárbaros en el poder es asaltar el idioma y palenquearse en él para renombrar las cosas: el verbo creando el ser. Los dioses omnipotentes se reservan el derecho de trastocar la realidad, más que revolucionarla, denominando realidades, que no son nuevas, pero que aparentan serlo al tener nuevos nombres y apellidos. Monopolizada la información, la recrean a golpes de eufemismos para su beneficio ―“conquistas del socialismo”, “metas cumplidas”, “júbilo popular”, “el compañero Fidel” ―, al igual que crean un repertorio de insultos y descalificaciones para sus enemigos reales o ficticios ―“gusanos”, “escorias”, “blandengues”, “grupúsculos”, “imperialismo yanqui”. Para Biblia de esta aberración socio-histórica, el periódico “Granma”, el órgano oficial y oficioso de ese partido único, es decir, la voz de los pandilleros castristas. Y ahí está decretado ya el aburrimiento total, la idiotización de las masas y la pobreza de espíritu socializada. Lo que hace que, después de tantas décadas de un proceso de aplebeyar maquiavélico, no sorprenda las altas cotas de pobreza y vulgaridad que ha alcanzado el español promedio del cubano de a pie que, además de no articular bien, proyectar demasiado la voz y hacerse escuchar sus barbaridades lingüísticas a años luz de distancia, ha creado un metalenguaje marginal muy ajeno al español y una ristra de insultos y obscenidades, que harían sonrojar al más amargado de los carretoneros.
De aquí, francamente, que no sé por qué se escandalizan tanto los politicastros de la cultura cubana ―incluida esa caricatura de ministro de cultura que tienen― y los “alfabetizadores” asalariados de los medios de difusión de Castrolandia por las letras (es un decir, con el perdón de Cervantes) de esos temas de reguetón, que ya constituyen una pandemia en el archipiélago caribeño. ¿No era esto lo que quería el partido y sus capos? ¿No es este “el hombre nuevo” nacido de las mejores pesadillas del asmático sanguinario? ¿No es este el pueblo perfecto, ignorante y nada contumaz? Alcohol, sexo y reguetón: el Paraíso ideal en la isla de “Nadamascar”. Mejor, hay que mandarlo a hacer. El fruto de la Robolución no se cuestiona cuando uno ve a esos jóvenes destornillándose convulsivamente con lascivia simiesca. Las letanías de lo soez alcanzan en ellos el paroxismo de la creatividad más primitiva y una se pregunta “Señor, ¿qué será del futuro?”.
Pero hay que ser optimistas y pensar que el castellano es la única lengua que tiene una gramática y una ortografía comunes a todos los países hispanoparlantes y que las academias de la lengua hacen una excelente labor tratando de “fijar, limpiar y dar esplendor” a una lengua rica y vital. Hay que defender la lengua con las diez uñas pintadas de las dos garras que tenemos, porque ella es el vestuario de nuestros pensamientos: es la envoltura de nuestras almas. Y hay que ser positivos porque el castrismo está llegando a su fin y alegrarnos y hasta cantar con humor al son de alguna cancioncita “ad hoc”, que muy bien pudiera tener un estribillo sensualón y picaresco, con pie forzado, que dijera: “Hazme una perdida / y te doy una mordida / en la misma coronita de la vida…”.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Entre el milagro y la realidad

Por Ondina León ©
Para Teresa Cruz y Josevelio Rodríguez

Desciende abanicándose desde lo alto de su mansión como lo haría una diosa de la sabiduría desde el Olimpo. Ante su presencia, todo desaparece: los jarrones de porcelana, las estatuas de puro mármol, los óleos, los muebles aristocráticos y añejos. Su menuda figura lo abarca todo. Ella es un fuego sosegado. Conversa con los perros mientras camina por los vastos salones. ¿Está en un palacio vienés o en una casona de La Habana? La luz que cae en torrentes y el verde acharolado de las plantas del jardín denuncian que está en el trópico. La voz de niña de la poetisa casi nonagenaria, sin embargo, no revela que ha estado sepultada, por más de tres décadas, por un silencio demasiado denso y sonoro, como una lengua de lava petrificada. ¿Por qué? Tal vez, porque su alma decidió entretejer, con hilos de paciencia y humildad, la espera del momento de justicia en que fuera resucitada para la posteridad su poesía y su grandeza, sin haberse hecho cómplice de la dictadura de la pobreza del alma. Soledad de soledades pariendo el sol: es Dulce María Loynaz.
Este 10 de diciembre la poetisa hubiera cumplido sus 109 años. Es decir, cumple otro aniversario de haber nacido a la inmortalidad gracias a su poesía, en verso y en prosa; gracias a su talento para reinventar lo que es de todos, la lengua, pero que ella hace tan suya que termina por ser única y trascendental. Y de toda su obra, si tuviera que quedarme con sólo un poema ese sería “La novia de Lázaro”, que puede rivalizar con otros grandes monumentos de la Literatura Cubana, como “La isla en peso”, de Virgilio Piñera, o “Palabras escritas en la arena por un inocente”, de Gastón Baquero, por su intensidad dramática, su espíritu sacrílego más que irreverente, su sensibilidad femenina ―en el buen sentido del término― y su absoluta belleza.
A veces pienso que el poema también hubiera podido titularse “El silencio de Lázaro”, porque a la avalancha de razones para cuestionar el milagro de su resurrección por parte de la novia, el resucitado, “todo de flor y luna nueva”, responde con un mutismo cerrado, que se vuelve altamente sospechoso para el espectador de este drama humano, al no saber si es que Lázaro le está dando la razón o es que no entiende la desilusión que ha sufrido su amada que, “desprevenida”, ya es “una novia vieja”.
¿Pero qué tiempo ha transcurrido entre la muerte de Lázaro y su resurrección que la ha hecho envejecer y marchitarse? “Tuve una noche larga”, le confiesa ella, porque el tiempo humano tiene otra dimensión muy diferente al tiempo divino, y el mortal que espera sigue vivo “sintiendo el paso, el peso, el poso de la noche que se me había echado encima, incapaz de morir o conmoverla”, le explica a este Lázaro ¿presente?
En realidad, la novia se está dirigiendo a Dios y cuestionándole su milagro, que la dejó huérfana de realidades comunes y humanas. ¿Está celosa? ¿Desilusionada? ¿Aterrada por el nuevo comienzo con un Lázaro que ya no es el mismo, después de haber sido tocado por la gracia divina? “Ahora tú eres su obra, el recién nacido de su palabra taumatúrgica. Las que me digas en adelante, sólo serán el eco de la suya dominadora, vencedora de la muerte”. ¿Por qué está desesperada? ¿Será porque ella también estuvo muerta de dolor por la pérdida del amado y nadie la resucitó? “Yo me he quedado fuera del prodigio, ajena a lo que hacían con tus labios, con tu cuerpo, con tu alma, con todo lo que antes era mío...”.
Su voz es muy firme y está cuajada de dolor. Pero no le queda otra opción que reinventarse y asumir la realidad del milagro: “Aprenderé de nuevo el vuelo de tus garzas, los diminutos ríos de tu sangre, la intimidad de tus luceros. De la muerte rozada en punta de ala, borraremos las cicatrices mínimas, luz o sombra en tu carne rescatada”. Si esto no es amor del bueno, que le pongan otro nombre que lo defina. Porque a través de todo el poema se siente que la pasión y el desconcierto son femeninos, intensamente humanos, milagrosamente cuestionadores de los caminos de Dios, porque ella ya es otra: “Pero, ¿y si fueras tú quien no me hallaras? ¿Si fueras tú quien en vano buscaras lo que dejaste tras esa ventana vanamente engalanada, y en la miel no adivinaras tus abejas, y en la ofrenda de mí misma sólo tuvieras la de mi fantasma?”.
Lo trágico alcanza sus cotas más altas al final del poema, que termina con un alarido desafiante de la novia en desconcierto: “Sí, yo soy la que ha muerto y no lo sabe nadie. Ve y dile al que pasó, que vuelva, que también me levante... Me eche a andar”. ¿Una súplica de novia amante y abandonada? No. Estas últimas líneas son… ¡una orden a Dios!
Después de terminar su lectura, cualquiera queda sin aliento. Y con un deseo desenfrenado de volver a leer, una y otra vez, esta joya de la poesía en prosa en castellano. Difícilmente otra poetisa cubana haya escrito algo parecido en intensidad y altura. Y Dulce María lo sabía muy bien o lo intuía porque el poema estuvo enclaustrado durante muchos años hasta que, en 1991, Letras Cubanas lo editó en su “Poemas náufragos” y la Editorial Betania lo publicó independiente en un volumen, que tiene como cubierta una obra de la pintora cubana Clara Morera. Ya a la luz, “La novia de Lázaro” ha iniciado desde entonces su viaje por el universo poético con su emoción antigua y su rosa intacta. Y su autora, desde lo majestuoso de la eternidad, debe estar sonriendo por su irreverencia telúrica.





LA NOVIA DE LÁZARO

A mi hermana Flor

"y el que había estado
muerto, salió atadas las
manos y los pies con vendas
y su rostro estaba envuelto
en un sudario".
Vers. 44, Cap. 8, Evang. S. Juan.

I
Vienes por fin a mí, tal como eras, con tu emoción antigua y tu rosa intacta, Lázaro rezagado, ajeno al fuego de la espera, olvidado de desintegrarse, mientras se hacía polvo, ceniza, lo demás.
Vuelves a mí, entero y sin jadeos, con tu gran sueño inmune al frío de la tumba, cuando ya Martha y María, cansadas de esperar milagros y deshojar crepúsculos, bajaban en silencio lentamente las cuestas de todas las Bethanias.
Vienes; sin contar con más esperanza que tu propia esperanza ni más milagro que tu propio milagro. Impaciente y seguro de encontrarme uncida todavía al último beso.
Vienes todo de flor y luna nueva presto a envolverme en tus mareas contenidas, en tus nubes revueltas, en tus fragancias turbadoras que voy reconociendo una por una...
Vienes siempre tú mismo, a salvo del tiempo y la distancia, a salvo del silencio: y me traes como regalo de bodas, el ya paladeado secreto de la muerte.
Pero he aquí que como novia que vuelvo a ser, no sé si alegrarme o llorar por tu regreso, por el don sobrecogedor que me haces y hasta por la felicidad que se me vuelca de golpe. No sé si es tarde o pronto para ser feliz. De veras no sé; no recuerdo ya el color de tus ojos.

II
Tú dices que no es tarde y que la muerte no tiene más sabor que tiene el agua. Dices que fue apenas en la reciente lunada cuando te dejamos tras la terrible piedra del sepulcro y aún no segaron en la mies el trigo que estaba verde la mañana aquella en que salimos a castrar colmenas y nos besamos por la vez última...
Yo no contaba el tiempo, bien lo sabes. Sólo cuando te fuiste empecé a contarlo, empecé a morirme bajo los números y las horas y los días que en mi cuenta se hicieron infinitos como son infinitas las angustias que caben en un instante de mal sueño.
¿Por qué quieres que cuente bien ahora, que tenga prisa ahora, cuando ya con los dientes le gasté todos los filos a la prisa? Yo esperé un siglo sin esperar nada. ¿Y tú no puedes esperar un minuto esperándolo todo?
Dime, Lázaro: ¿Acaso no era más difícil resucitar que quedarte, cuando mi alma se abrazaba a la tuya forcejeando hasta desangrarse, con la muerte?
Vamos, refrena ahora los corceles de tu estrenada sangre y ven a sentarte junto a mí, ven a reconocerme.
Yo también soy ya nueva de tan vieja: de los milenios que envejecí mientras el trigo maduraba en la misma mies, mientras lo tuyo era tan sólo una siesta de niño, una siesta inocente y pasajera.
Y no te impacientes, amado mío, que yo aprendí paciencia como letra con sangre, bien entrada.

III
No se me oculta no, que es la felicidad la que no espera. Hora es de ser feliz y habrá que serlo o no serlo ya nunca. Se me devuelve el bien que di por perdido, el amor, la dulzura en lontananza del hogar, de los hijos, de las veladas a la lumbre en invierno; bajo la enredadera en el estío, unas tras otras dulces, pequeñitas, alargándose hasta el confín del tiempo.
Todo eso comienza a tomar forma, a ponerse de nuevo al alcance de mi mano y de mi pequeña, femenina capacidad de imaginar la dicha.
Pero aun sabiéndolo así, no es culpa mía que esta dicha me tome de sorpresa, me encuentre desprevenida como invitados a la fiesta que llegan antes de que la casa esté arreglada.
Tiempo hubo de arreglarla y en verdad la arreglé muchas veces... Hasta que luego no la arreglé más y el polvo siguió cayendo, poseyendo la casa sin dueño.
No te empeñes, Lázaro mío, en echarme cuentas sobre el polvo: soy una novia vieja a la que habrá que perdonarle sus torpezas tanto como su piel marchita y sus ojos cerrados todavía a tal milagro.
Soy una novia vieja, y este amanecer en que vienes de donde vengas, de donde nadie vino antes, es un amanecer nuevo o demasiado viejo; es ciertamente como el primer amanecer del mundo. Toda la vida, toda la Creación, todo tú mismo están por delante.
Sólo yo quedé atrás. Todavía en las mieses de la mañana aquella, todavía en el beso perdido entre las mieses. Todavía en todo lo que ha dejado de ser, o no fue nunca.

IV
Como el primer amanecer del mundo... Eso es, y hay que ajustarse a eso. Pero mientras se ajusta el corazón, será inútil que me fatigues con premuras.
Tuve una noche larga... ¿No comprendes? Tú también la tuviste, no lo niego. Pero tú estabas muerto y yo estaba viva; tú estabas muerto y reposabas en tu propia muerte como en un lago sin orillas, como el niño antes de nacer en la remansada sangre de la madre.
En tanto yo seguía viva con unos ojos que querían taladrar tu tiniebla y unos huesos negados a tenderse y una carne mordida, asaeteada por ángeles negros rebelados contra Dios.
¡Tú estabas muerto y yo seguía viva sintiendo el paso, el peso, el poso de la noche que se me había echado encima, incapaz de morir o conmoverla!
Conmover la muerte... Eso yo pretendía. Conmover a la Inconmovible, a la Ciega, a la Sorda, a la Muda...
Fue otro quien lo hizo. Vino y la noche se hizo aurora, la muerte se hizo juego, el mundo se hizo niño.
Vino y el tiempo se detuvo, le abrió paso a su sonrisa como las aguas del Mar Rojo a nuestros antiguos Padres.
No necesitó más que eso, llorar un poco, sonreír un poco y ya todo estaba en su puesto. Dulcemente. Sencillamente. Indolentemente.

V
Ahora tú eres su obra, el recién nacido de su palabra taumatúrgica.
Las que me digas en adelante, sólo serán el eco de la suya dominadora, vencedora de la muerte. Serán las que no supe arrancar de tu pecho vivo o muerto ni ganarle a su mano, ni beber en mi sed. Ellas caerán en mi alma horadada por la espera, como flores extrañas en un pozo.
¿Te será lícito servirte de ellas para jurarme amor en la ventana; para mimar al ternerillo enfermo, para cantar al son de la vihuela como gustabas de hacerlo al atardecer, de vuelta de las faenas campesinas?
No lo sé, ni tú mismo puedes saberlo ahora. Sé que estás aquí, pálido todavía y todavía erguido en el deslumbramiento de tu alba, devueltos a tus labios los besos que no tuviste tiempo de besar.
Pero sé también que entre tú y yo ha ocurrido algo inefable, y aunque yo estoy aquí como tú estás, yo me he quedado fuera del prodigio, ajena a lo que hacían con tus labios, con tu cuerpo, con tu alma, con todo lo que antes era mío...
Cierto, la vida apremia y no hay que pedir más milagros al Milagro: la vida apremia y tus labios están cerca, exactos en su media luna rosa.
Yo podría besarlos si quisiera y lo querré muy pronto, amado mío... Pero ¡qué miedo como lepra, qué duda para siempre de no besar en ellos lo que besaba entonces, lo que tal vez no valió la pena resucitar!

VI
Aprenderé de nuevo el vuelo de tus garzas, los diminutos ríos de tu sangre, la intimidad de tus luceros.
De la muerte rozada en punta de ala, borraremos las cicatrices mínimas, luz o sombra en tu carne rescatada.
Encontraré entre todo lo perdido, la miel que te era grata, la canción que te hacía sonreír y la que un día te ganó una lágrima. Y otra vez anudaré una cinta a mi trenza, una ilusión de novia a mi ventana.

Pero, ¿y si fueras tú quien no me hallaras? Si fueras tú quien en vano buscaras lo que dejaste tras esa ventana vanamente engalanada, y en la miel no adivinaras tus abejas, y en la ofrenda de mí misma sólo tuvieras la de mi fantasma?
Si fueras tú quien a tu vez me hablaras sorda, me besaras fría, me sacudieras rígida... Tú quien me sorprendiera muerta, muerta, sí, inexorablemente muerta hasta en la sonrisa, liberada ya de cuanto pudiera ser gloria o tragedia en nuestro destino...
Ah, te estremeces, Lázaro, porque hasta ahora tú sólo has querido seguir siendo tú mismo y no te has preguntado si yo sigo siéndolo.
He podido morirme ante tus ojos que me ven viva todavía. He podido morirme hace un instante del encuentro contigo, del choque en esta esquina de mis huesos con tu rostro perdido... Choque de tu presencia y mi recuerdo, de tu realidad y mi sueño, de tu nueva vida efímera y la otra que ya te había dado yo en él y donde tú flotabas perfecto, maravilloso, inmutable, rabiosamente defendido...
Sí, yo soy la que ha muerto y no lo sabe nadie. Ve y dile al que pasó, que vuelva, que también me levante... Me eche a andar.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Baudolino (fragmento)

Por Humberto Eco
“Dios es el Único, y es tan perfecto que no se parece a nada de lo que es y a nada de lo que no es; no puedes describirlo usando tu inteligencia humana, como si fuera alguien que se enfada si eres malo o que se ocupa de ti por bondad; alguien que tiene boca, orejas, rostro, alas, o que es espíritu, padre o hijo, ni siquiera de si mismo. Del Único no puedes decir que está o que no está, todo lo abraza pero no es nada; puedes nombrarlo Bondad, Belleza, Sabiduría, Amabilidad, Potencia, Justicia, sería lo mismo que decirle Oso, Pantera, Serpiente, Dragón o Grifo, porque, digas lo que digas al respecto, no lo expresará jamás. Dios no es cuerpo, no es figura, no es forma, no tiene cantidad, cualidad, peso o ligereza; no ve, no oye, no conoce el desorden o perturbación, no es alma, inteligencia, imaginación, opinión, pensamiento, palabra, número, orden, tamaño; no es igualdad y no es desigualdad, no es tiempo y no es eternidad, es una voluntad sin finalidad. Intenta entender, Baudolino, Dios es una lámpara sin llama, una llama sin fuego, un fuego sin calor, una luz oscura, un retumbar silencioso, un relámpago ciego, una calígine luminosísima, un rayo de la propia tiniebla, un círculo que se expande contrayéndose en el propio centro, una multiplicidad solitaria, es…es…-titubeó para encontrar un ejemplo que convenciera a ambos: ella la maestra, él el alumno-. Es un espacio que no es, donde tú y yo somos lo mismo, como hoy en este tiempo que nos discurre.
Si estas orgulloso, eres el Diablo. Si estas triste, eres su hijo. Y si te preocupas por mil cosas, eres su servidor sin descanso.”

domingo, 4 de diciembre de 2011

Felicidades a la Dra. Mariela A. Gutierrez

La Asociación Nacional de Educadores
Cubano-Americanos (NACAE)
Presentó el Premio: "Educadora del Año 2011"
A la Dra. Mariela A. Gutiérrez
CONFERENCIA: "La Poética de Ángel Cuadra: Senderos de Pasión Patria"


Las ficciones de América Latina

Por Ondina León ©

Ante la expresión “América Letrina” o “América Cretina”, que muchos utilizan en un arranque de indignación para referirse a ese vasto territorio que existe entre el Río Bravo y la Patagonia, tengo un sentimiento ambivalente. Por una parte, he de confesarlo, me siento ligeramente dolida en mi orgullo de tribu global; y por otra, experimento un regocijo risueño por lo exacto de los calificativos. Y en estos días, no he podido evitar referirme al continente como “América Letrinísima”, con un distanciamiento afectivo asombroso. Porque hay que ver a dónde ha venido a parar este gigante geopolítico con sus complejos y sus traumas, que no con sus miserias, que son políticas y no tan materiales ni económicas, luego de doscientos años de independencia de las metrópolis europeas.
A la larguísima lista de instituciones, pactos, cumbres, uniones y tratados regionales ―que no pienso enumerar porque son tantos que se atropellan en su esterilidad― ha venido a sumarse la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), que agrupa a 33 estados, excluyendo a Estados Unidos y Canadá, es decir, lo que podría ser, parafraseando aquella doctrina del siglo XIX, “Una América para los latinoamericanos”.
El engendro ha visto la luz en Caracas, Venezuela, bajo la égida del emperador Hugo Chávez, en lo que parece ser el clímax de su proyecto de expansión y conquista territorial. Al imperialismo energético chavista y sus petrodólares, que lo mismo financia narcoguerrillas que elecciones presidenciales turbias o a los chulos eunucos del Caribe, los hermanos Castro, sus amos, no le basta con tener controladas y pisoteadas sus neocolonias, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, fundamentalmente, y ejercer una nefasta influencia sobre Argentina o la pobrecita de Honduras, sino que, en un paroxismo desenfrenado, tiene la pretensión de crear un bloque continental que se enfrente al Primer Mundo y, concretamente, a los Estados Unidos, bajo la bandera del socialismo del siglo XXI o, lo que es igual, del imperialismo castrochavista.
En semejante circo macondiano, cabe preguntarse con asombro qué hacen Chile, México y Brasil, sobre todo, en ese aquelarre de acomplejados y reyes Midas de la miseria. ¿Por solidaridad con “el bastión del antiimperialismo”? ¿Por sentimientos de culpa por su éxitos macroeconómicos? ¿Por hacerle el juego al enfermo de cáncer en sus últimas jugarretas faraónicas? ¿Realmente creen en Chávez y sus proyectos socioeconómicos Calderón, Piñera y Dilma Rousseff? ¿Y Santos, el vecino distante? No salgo de mi estupor…
En un mundo que tiende a la integración y a la globalización no sólo económica y financiera, sino también cultural, ¿por qué hay que excluir de esta comunidad a los dos únicos países auténticamente prósperos y sólidamente democráticos de América? ¿Pueden estos estados letrinoamericanos prescindir de la relación con los Estados Unidos? Y sin son tan antiamericanos, ¿por qué le siguen vendiendo miles de millones de dólares al año en petróleo y materias primas? ¿Por qué aceptan las remesas multimillonarias que envían sus ciudadanos desde “el Norte revuelto y brutal”? ¿Qué les ofrece este país a los millones de inmigrantes que salen huyendo de la América Cretina cada año? ¿Por qué compran en el coloso anglosajón alta tecnología, carros, herramientas sofisticadas y armas? ¿Podrían comprarle todo esto a China o a Irán? ¿Tal vez a los rusos? Hay algo podrido en el imperio de Chávez...
La CELAC, y el tiempo lo demostrará como ha hecho con las Cumbres Iberoamericanas, es otra ficción más de la América Letrina en su pretensión de alcanzar cierta adultez respetable, que le permita no sentir vergüenza de sí misma. Porque, ¿cómo se explica que un continente tan extremadamente rico esté aún minado de corrupción, violencia, delincuencia urbana, inseguridad, narcotráfico, populismo, miseria, caudillismo trasnochado y conflictos fronterizos? Porque la miseria está en las estructuras mentales de los latinoamericanos; en el alma colectiva lastrada de traumas y complejos; en el espíritu acomodaticio y pueblerino, que se dedica a culpar “al otro” de sus propios males y quebrantos; está en la pobreza de iniciativas; en el culto al mesianismo de los caudillos. Y esto no se resuelve de un día para otro con una pataleta “independentista”, que satanice a los Estados Unidos que, por cierto, debería aprovechar la oportunidad para ahorrarse unos cuantos millones de dólares y renunciar a su membresía en la Organización de Estados Americanos (OEA, “¡qué fea!”, según Carlos Puebla) y que el insulso de Insulza, su presidente, se las arregle como pueda, que ya bastante se ha desprestigiado. La CELAC, otra ficción de ficciones, es la última creatura de un continente descontinentado por la contingencia...