domingo, 27 de noviembre de 2011

“Pequeño tratado de las grandes virtudes”


Por André Comte-Sponville
(Fragmento)

“La fidelidad en la pareja ya es otro tema. El hecho de que haya parejas que son fieles y otras que no lo son es una verdad de hecho que no parece, o no parece afectar ya, a lo esencial. Al menos si se entiende por fidelidad el uso exclusivo, mutuamente exclusivo, del cuerpo del otro. ¿Por qué sólo se va a amar a una sola persona? ¿Por qué sólo se va a desear a una sola persona? Ser fiel a las ideas que uno tiene no significa (¡menos mal!) que haya que tener sólo una; ni ser fiel en la amistad significa tener sólo un amigo. En estos ámbitos, la fidelidad no significa exclusividad. ¿Por qué se va a ser distinto en el amor? ¿En nombre de qué se pretendería el disfrute exclusivo del otro? Es posible que sea más cómodo o más seguro, más fácil de vivir y, quizá a fin de cuentas, más feliz. Es más, creo que es así mientras el amor permanece. Pero no me parece que la moral y el amor estén esencialmente vinculados a esto. Cada uno debe elegir según su fuerza o sus debilidades. Cada uno, a más bien cada pareja: la verdad es un valor más alto que la exclusividad y el amor me parece menos traicionado por el amor (por el otro amor) que por la mentira. Habrá quien piense lo contrario, quizá yo mismo en otro momento. Creo que lo esencial no es eso. Existen parejas libres que son fieles a su manera (fieles a su amor, fieles a su palabra, fieles a su libertad común…). Y también hay muchas otras, estrictamente fieles, tristemente fieles, en las que cada uno de los dos preferiría no serlo… Pero, en estos casos, no es tanto un problema de fidelidad como de celos, no es tanto un problema de amor como de sufrimiento, lo cual ya no es asunto mío. Fidelidad no es compasión. ¿Son dos virtudes? Sin duda, pero precisamente: son dos. No hacer sufrir es una cosa y no traicionar es otra, y a eso es a lo que se llama fidelidad.
Lo esencial es saber qué es lo que hace que una pareja sea una pareja. El simple encuentro sexual, aunque sea repetido, no es suficiente. Pero tampoco la simple cohabitación, aunque sea duradera. La pareja, en el sentido en que tomo la palabra, supone amor y duración. Supone por lo tanto fidelidad, puesto que el amor sólo dura a condición de prolongar la pasión (demasiado breve para hacer una pareja, suficiente para deshacerla) con la memoria y la voluntad. Eso es lo que sin duda significa el matrimonio y lo que el divorcio interrumpe. Sin embargo, una amiga mía, divorciada y vuelta a casar, me decía que de alguna manera continuaba siendo fiel a su primer marido. «Me refiero –me explicaba ella– a lo que hemos vivido juntos, a nuestra historia, a nuestro amor… No quiero renegar de todo eso.» Ninguna pareja, con mayor motivo, podría durar sin esta fidelidad, por ambas partes, a su historia común, sin esa mezcla de confianza y gratitud, por la que las parejas felices, existen algunas, resultan tan emocionantes al envejecer; más que los enamorados que comienzan, que, por lo general, no hacen otra cosa que soñar su amor. Esta fidelidad me parece preciosa, más que la otra, y esencial para la pareja. No tiene sentido quejarse de que el amor se calme o decline, que por otra parte casi siempre ocurre. Pero, aunque la pareja se separe o continúe viviendo junta, sólo continuará siendo pareja por esta fidelidad al amor recibido y dado, al amor compartido y al recuerdo voluntario y agradecido de este amor. Fidelidad es amor fiel, decía yo, y éste también existe en la pareja, aunque sea «moderna», aunque sea «libre». La fidelidad es amor mantenido de lo que ha tenido lugar, amor al amor, en este caso, amor presente (y voluntario, y voluntariamente mantenido) del amor pasado. Fidelidad es amor fiel, fiel sobre todo al amor.
¿Cómo podría jurar a alguien que le amaré siempre y que no amaré a nadie más? ¿Quién puede jurar sus sentimientos? ¿Y para qué mantener la ficción, las cargas o las exigencias cuando ya no hay amor? ¿No es suficiente razón para renegar de lo que fue o para condenarlo? ¿Es necesario que traicionemos el pasado para amar el presente? Te juro no amarte , sino ser siempre fiel a este amor que vivimos.
El amor infiel no es el amor libre: es el amor olvidadizo, el amor que reniega, el amor que olvida o detesta a lo que ha amado y que a partir de ese momento se olvida o se detesta a sí mismo. Pero ¿es amor?
Amame tanto como desees, mi amor; pero no nos olvides.”

5 comentarios:

JosEvelio dijo...

Como vasos comunicantes o apandillados andamos los lectores voraces, y se torna una amistad robusta y cómplice; que nos libera de las cotidianidades y nos fortalecen. Así empezó mi amistad con Juan Carlos Socorro, Jorge de Cabo, José Ríos Gorgoll, Roberto Uría, Turandot, Ramón Unzueta, Zoé Valdés, Belkis Cuza Male, Manuel Ballagas, Esperanza E. Serrano, Manolo Rodríguez, Carlos Pintado, Roger Rivero, Ondina León, Gino, Omar, Barbarito, Teresa Cruz, Silvia Anzola, Ibis García Alonso, Frida Masdeu, Moramai, Manolo Acosta, Víctor Gimeno, Félix Romeo, Carlos Rodríguez, Sergio I. González y Angel Collado Ruiz. Me tomaría muchas páginas y con seguridad dejo para otra ocasión a tan espirituales y grandes lectores; que muchos son asiduos lectores del Blog de Zoé Valdés, donde tanto se aprehende. Finalmente descubrimos que José Ríos Gorgoll y yo somos primos. Gracias y bendiciones a todos.

JosEvelio dijo...

Ya sabía yo que tendría que agregar un codicilo a mi comentario por olvidos...Así finalmente será algo especial: a la poeta, narradora y periodista Elena Iglesias y al amigo, maestro y pianista Domingo Porto.Gracias y bendiciones.

El último Argonauta dijo...

Fíjate que me has puesto a pensar, miro un poco hacia atrás y no me queda más que aplaudir, hablo de tu comentario, de esos “vasos comunicantes o apandillados” en que nos convertimos una vez, y la fidelidad a que nos convoca.
Esa fidelidad que se traduce en ir al blogroll y buscar las actualizaciones, lo último que publico la persona a la que seguimos, incluso sentirnos “inquietos” si vemos que no lo hace desde algún tiempo (esto no sé explicarlo) justificar esa ausencia pensando que tal vez tenga mucho trabajo, o esté de viaje, o este pintando, y cuando vemos que sí, que publico, allá vamos a saborear lo nuevo, a aprender, a estar no de acuerdo y aunque no siempre comentemos, nos queda ese gustillo a fidelidad rondándonos

Sobre el texto que hoy os traes me ha gustado y me quedo con eso de que “Fidelidad no es compasión”
Un abrazo.
Gino.

JosEvelio dijo...

Gino un gusto siempre leer tus apreciaciones.Los genios que nos ofrecieron los espacios virtuales...supieron como colocar en cada Blog. 'un alma indeleble'.
Otro abrazo.

Roger Rivero dijo...

Muy interesante reflexión, este es realmente un tema complejo que tal vez se resuelva con cosas sencillas lo que tenga solución. Todas las relaciones son singulares, aunque existan patrones de convenio social operando en el transfondo, creo que el ser humano nace libre, y que los patrones de relaciones son creados por el mismo ser humano en busca de la belleza de ello, entre otras razones. En todo esto lo mejor creo es conocerse a uno mismo, porque todos somos distintos; luego, como sabemos, dios nos cría, el diablo nos junta y a cada cual se le es dado en la medida de hasta donde quieran llegar las complicidades. La amistad de Josevelio es un verdadero suceso inefable. Gracias por compartirlo, un abrazo