jueves, 17 de noviembre de 2011

La Amazonía de la censura

Por Ondina León ©

Estoy estupefacta. No doy crédito a mis ojos y a mis oídos. ¿Que cierta compañía ha censurado "Una educación sexual" de Juan Abreu? No, no puede ser… ¿Que fue por razones de “política de contenidos”? ¿Pero quiénes son los inquisidores asalariados de esta empresa heredera de Torquemada? ¿En qué distante universo religioso-político orbita esta entidad cultural? Ya sabemos que la censura es una vasta (y basta) jungla que se manifiesta de mil maneras ―religiosas, políticas, financieras, sociales― en su amplio espectro camaleónico, pero quemar en las hogueras del silencio un libro que le rinde culto a la alegría de vivir, en un mundo enfermo de vacuidad, es el colmo de los colmos y una buena razón para indignarse de verdad, sin tener que amancillar las plazas con el estercolero de las imágenes del Che y esas banderitas cubanas que apestan a desastre.
¿Quién hubiera podido pensar que un sitio virtual y “virtuoso”, que comercializa tantos y tan variados libros, pudiera sonrojarse por un manual amatorio con rango de Biblia de cabecera? Porque esta sí que es una obra que, como el “Kama Sutra” o el “Ananga Ranga”, hay que consultar de vez en cuando para actualizar las alas reales de las pasiones humanas y esa energía vital divina, que se manifiesta a través del sexo, reino sagrado que Dios nos ha regalado no sólo para acometer la heroica empresa de reproducir la especie, ya demasiado abundante, sino también para rendirle culto a la libertad individual, a la comunicación más intensa en plena desnudez, a la búsqueda de la identidad, al placer natural, a la diversión, al hambre más ancestral de aventuras que justifiquen las razones para pasar por este universo. Sólo una bandada de frustrados puede rechazar una obra por “razones morales”, de esas que reducen la ética a la zona urogenital de los humanos.
En los más oscuros recodos de sus cavernas mentales anidan sabrá Dios cuántas aberraciones y perversidades, que les impiden ver la esencia luminosa de “Una educación sexual”, todo un tratado de erotismo ilustrado, que está a la altura de una de las obras más logradas de Abreu, “Diosa”, ya un clásico de la literatura erótica en español, que es además una novela de tesis que aborda el tema infinito de la libertad individual y la búsqueda de la identidad más allá de las convenciones y los esquemas sociales.
Porque si seguimos el hilo inquisitorial de estos censores, entonces habría que prohibir la comercialización y difusión de los versos de la poetisa Safo; “Dafne y Cloe” de Longo; “El Satiricón” de Petronio; “El Decamerón” de Boccaccio; “Gargantúa y Pantagruel” de François Rabelais; la obra del Marqués de Sade; “Manon Lescaut” de Prévost; “El milagro de la rosa” de Jean Genet; “Hombres sin mujer” de Carlos Montenegro; “Paradiso” de Lezama Lima y “La Habana para un infante difunto” de Cabrera Infante, por sólo citar algunos títulos “decadentes”, además de todos los libros de arte que contengan imágenes de las estatuas griegas y romanas desnudas, empezando por la “Venus de Milo”, que lleva siglos mostrándonos su perfectas tetas de diosa, para decirlo en perfecto castellano, y terminando con el “Discóbolo de Mirón”, con su delicioso trasero al aire y su anatomía que revuelve las hormonas ―o como diría una amiga mía: “Me hace la boca agua y el culo, caramelo”.
Hay que ver las barbaridades que cometen estos “civilizados” censores, ya sean curas, pastores, rabinos, imanes, líderes espirituales, políticos, policías culturales, dictadores, productores, editores y periodistas, en nombre de la pureza del alma y de las buenas costumbres y en contra del pecado, que ellos definen según sus intereses muy condicionados y condimentados por sus dogmas y prejuicios. La censura es algo que pasa todos los días y a toda hora, en cualquier latitud, pero cuando nos toca tan de cerca, en las entrañas de nuestra democracia, es como una sirena, que nos perfora el tímpano y nos hace un llamado a la reflexión. No basta que haya leyes que garanticen la libertad de expresión: hay que darles vida y color con su praxis cotidiana, desafiando los barrotes invisibles de la estulticia.
De momento, “Una educación sexual” ha recibido un buen espaldarazo, porque lo que se prohíbe seduce y despierta el morbo de acceder a él, sea como sea. Quien trata de silenciarte te engrandece. Y ya los cubanos somos graduados con honores en estos asuntos de saltar los muros de la censura y del control de la información y devorar el mundo, aun bajo la bota castrista. Así que Juan Abreu, como un buen goliardo del siglo XXI, seguirá instruyéndonos en el arte de sortear estos vericuetos del amor al amor, al placer, al sexo y a la libertad de ser. Como Dios manda en su primer mandamiento: sé dichoso: no cometas el peor de los pecados, que es ser infeliz...

7 comentarios:

El último Argonauta dijo...

Pues a indignarse, algo debemos hacer, un logo para subirlo a nuestros blogs, un grito bien alto, una patada en el culo de algún censorcillo, lo que sea, podemos lograrlo, una campaña internacional que con tres se puede para el comienzo. Conmigo, cuenten.
Si supieran lo que uno se divierte con la palabra de Abreu, su irreverencia, su verbo como látigo, su cubaría pura. Si Ondina, deben ser unos frustrados infelices estos censores.
Gino, el indignado.

Omar dijo...

Yo he leído algunas de las crónicas de Una Educación Sexual en la página personal de Juan Abreu, y la verdad es que me han parecido de los textos más amenos, inteligentes, desprejuiciados, deliciosos y divertidos que haya leído en mucho tiempo. Una Obra Maestra, así con mayúsculas.

Libros así van contra los códigos que maneja la pacatería moralista de quienes se sienten con todo el derecho a devolvernos a una segunda Edad Media.

Un saludo.

TURANDOT dijo...

Ondina, te amo. Hace anos que tengo al senor Juan Abreu en la cabecera de mi camita.

Roger Rivero dijo...

Como explique en el FACE de Josevelio, si cuando suben la maqueta del libro dejan en blanco o no seleccionan ‘este es un contenido para adultos’ entonces les ocurre esto; creo que ese puede ser el caso por el formato de la carta que recibió el autor, el cual esta explicado en la sección de ayuda de Amazon. A veces por detalles tan pequeños como este que se van de la vista, son la causa para negar la publicación de libros. Creo que el autor no debió conformarse meramente con la carta automática que le enviaron por correo electrónico, sino también hacer una llamada para arreglar este asunto, o al menos chequear en los foros de ayuda de Amazon para ver si fue esto lo que le ocurrió, un cordial saludo.

Ibis García Alonso dijo...

Estupendo, Ondina. La verdad que me quedé sin palabras cuando hace unos días supe de la mentalidad paleolítica de Amazon. Pero, bueno, son ellos quienes se pierden a Juan Abreu. Y lo que es peor, a partir de ahora —al menos para mí— Amazon entra a formar parte de la larga y aburrida historia de la censura. Siento pena por ellos.
Y me voy a leer a Juan Abreu, que yo sí estoy en permanente búsqueda de la felicidad.
Gracias, Ondina.
Gracias, Josevelio.

BARBARITO dijo...

¡¡Ya tengo el libro en mi manos!!
¡Soy felíz! Lo he conseguido en el mejor sitio para compar libros... ¡una librería!
Saludos.

Anónimo dijo...

Me asombró mucho lo que sucedió y aún me parece increíble.



Teresa Cruz