miércoles, 2 de noviembre de 2011

Cifras espeluznantes

Por Ondina León ©

Si existe un organismo tremendamente coprófago y parasitario sobre la faz de la Tierra, ese es, cual heces fétidas, la Organización de Naciones (Des)Unidas, la ONU. Recientemente, nuestro órgano universal provocó una buena alharaca de frivolidad, como si fuera un adolescente malcriado, con el anuncio de que el planeta alcanzaría los siete mil millones de seres. Y festinadamente salieron los galanes del chovinismos a reclamar que la cifra se habría alcanzado con uno de sus ciudadanos: que si era ruso; que si un buen filipino; que no, que no, que es un apasionado turco; que si mongol... El caso es que, sea donde sea que haya nacido esa personita, la cifra llama a la reflexión porque, ¿quién lo duda ya?, este mundo está superpoblado de seres humanos y de inhumanos problemas de toda especie.
El inconmensurable número habría sido motivo de festejo, digo yo, si se supiera a ciencia cierta que todos y cada uno de los habitantes tenemos garantizada la satisfacción plena de todas y cada una de nuestras necesidades: la alimentación balanceada, que no baleada, esa del nuevo ícono del platico con sus cuatro cuartos coloridos; ropa y zapatos, que no tienen que ser de Armani; el acceso al agua potable, sin calandracas ni amebas; la electricidad para que nos ilumine los sueños; una vivienda segura, sin hacinamientos ni promiscuidad; los libros, libretas y lápices para ser cultos y libres; la libertad de expresión; el respeto a los cultos religiosos; el derecho a viajar libremente… Pero no creo que esta civilización ―la del cable, pero que va camino de ser inalámbrica; la del culto a la imagen y a la juventud― se pueda vanagloriar de haber alcanzado un equilibrio justo en el que todos seamos hacedores de un bienestar sostenido y firme. Porque hay que ver cómo andamos girando por este sistema solar…
La cifra de los siete mil millones podría considerarse una vergüenza para la Humanidad porque seguimos reproduciéndonos, indiscriminadamente, y depredando al planeta, desangrándolo desde sus entrañas, extinguiendo otras especies, contaminando donde vivimos, generando energías asesinas y matando y matándonos en aras de ideologías y religiones organizadas, que nada tienen que ver con Dios. ¿Por qué ya no se habla de la explosión demográfica y sus efectos devastadores en el orbe? Porque no es “políticamente correcto” para los poderes establecidos ni los intereses creados de las grandes trasnacionales de las megaindustrias de la información, la guerra, las farmacéuticas o de la alimentación. Tal parece que todos necesitaran de grandes volúmenes de masas humanas para acrecentar sus ganancias y sus negocios.
Y aquí comienza y termina la complicidad universal, que también involucra a las religiones establecidas. Como la católica, porque alienta el “creced y multiplicaos”, sin anticonceptivos ni abortos, para ganar más fieles y diezmos; así, tenemos el caso paradigmático de México, a donde viajan con frecuencia los papas para estimular el crecimiento humano, que luego termina con millones de emigrados o con las muertes en la frontera con Estados Unidos, en los desiertos, de aquellos miles que huyen de la miseria y el hambre. ¿No es esto criminal, traer seres al mundo a los que luego se condena a carencias infinitas? También el islamismo es cuestionable, porque usa la reproducción descontrolada como vía para expandirse y conquistar “desde adentro” y sin armas, como está haciendo en Europa, con un macabro programa ideológico-político, más que religioso, que comienza en los guetos de las grandes ciudades y termina en los parlamentos de la democracia occidental.
La expresión “control de la natalidad” se volvió obscena en algún momento de nuestra historia reciente y ya ni siquiera se sugiere en los foros internacionales, so pena de resultar un monstruo de perversidad, que está en contra de nuestra inteligente y justa y pacífica especie. ¿Por qué? Porque nos sigue faltando un sentimiento de destino colectivo y cada país, tribu o bando tira por su lado, menospreciando a los demás. A partir de la cifra de siete mil millones de seres humanos deberíamos reflexionar sobre el destino de este planeta exhausto, que es nuestra casa, estrecha y ajena, y su futuro inmediato.
¡Ah!, pero en este mundo superpoblado también hay raras excepciones. ¿Qué les parece que Cuba es uno de los pocos países del mundo en que la población decrece año tras año, según las últimas estadísticas y cifras? ¿No es verdad que somos únicos y originales y siempre somos noticia? ¿Y qué pasa con esta “raza” que no tiene el pujante instinto de multiplicarse y expandirse? ¿Alto desarrollo socioeconómico y liberación total de la mujer? ¿A dónde fue a parar ese archipiélago que era receptor de tantos miles y miles de inmigrantes, españoles, haitianos, jamaicanos y otros? ¿Qué fenómeno nefasto tocó sus costas? ¿No se lo imaginan? El castrismo que, con su genocidio sostenido de más de medio siglo, convirtió a la “Perla de las Antillas” en la “Lela de las Boronillas”, porque eso es lo que queda en la atontada Cuba: la boronilla de un país que fue y ya no es. El sistema castrista, maquiavélicamente, ha socializado la miseria y la ha usado como una mortal arma de control, que ha generado un éxodo masivo, lustro tras lustro, con algunos picos de explosión, como Camarioca, El Mariel o la Crisis de los Balseros. Súmense los fusilados, los torturados, los desaparecidos en el Estrecho de la Florida, los suicidios y los enloquecidos y el milagro es que aún haya seres vivos allá, en la “Isla de Nadamascar”. Porque cuando un sistema de gobierno les mata a sus ciudadanos la esperanza de mejorar y de ser mejores en su propia tierra, está extinguiendo la especie, está pariendo la nada...

4 comentarios:

Zoé Valdés dijo...

¡Tremendo, así es! No obstante, en China, que hay un férreo control de natalidad, es donde más niños nacen, y mira cuántos son los chinos ya... Un mundo de locos.

Roger Rivero dijo...

Definitivamente son espeluznantes las cifras de sobrepoblación mundial, eso se traduce en más pobreza, escasez de recursos y crisis en los reglones más importantes de nuestra existencia como especie y si nosotros, que somos seres comunes no conductores de masas hablamos de este problema porque es preocupante, y nuestros dirigentes mundiales en contraste prefieren no hacer nada solo asombrarse, pues estamos muy jodidos. Cuba es un caso aparte, hay que ser muy valiente para traer más bocas para alimentar y cuerpos para vestir y darle techo, en una situación extrema de supervivencia y de crisis de necesidades materiales. Soy de los que opino que traer muchachos al mundo para pasar calamidades y pobreza es un crimen a la humanidad. Un gusto como siempre leer a Ondina y meditar en la realidad de nuestro entorno, mucho aché y bendiciones!!!

Anónimo dijo...

Y pensar que tanta sangre derramada y tantas penurias simplemente sólo por una vulgar rapiña.


¡¡¡¡¡Adelante Ondina León!!!!



Teresa Cruz

El último Argonauta dijo...

Siempre tan certera Ondina, llevándonos a la reflexión, buen tema este y Cuba envejeciendo.
Un abrazo Jose.