miércoles, 5 de octubre de 2011

Pa' dura, la mía.

Por Ondina León ©

Evidentemente, las giras por Europa producen mareos de embarazada, como lo demuestra, otra vez, el escritor español Leonardo Padura, quiero decir, el escribiente cubano señor Leonardo Padura y Fuentes ―¿o debo decir hispano-cubano o afrocubano? Porque aunque él afirma que “no puedo ser otra cosa que cubano”, viaja con su pasaporte español… Por aquí parece que le entra el agua turbia y apestosa al coco de su lengua patética.
El caso es que, en una pausa refrescante de su intensa agenda, Padurita, el epítome de la novela negra cubana, ha vuelto a sentar cátedra sobre su amada isla ―que El Nuevo Herald publica hoy― y ha dicho que “los cubanos no conocen la literatura que se escribe en el mundo” y que este mal “retrasa al país”. Hasta aquí todo bien. Estamos de acuerdo. Sólo que cuando nuestro excelso novelista trata de buscar las razones y los porqués, como siempre, y a partir de su colocación como escritor oficial ―no puede ser de otra manera si las imprentas castristas lo publican año tras año―, muestra su aguda miopía ética y su abismal pobreza espiritual, condicionada por sus intereses creados. A su rosario de preguntas, que es un llamado al consumismo cultural bien intencionado, de “¿Cuándo los cubanos leerán a Roberto Bolaños, a Hari Murakamiuk y a Henning Mankell?”, habría que agregar este otro rosario en voz muy alta: ¿Cuándo coño los cubanos van a poder leer libremente a Cabrera Infante, a Zoé Valdés, a Reinaldo Arenas, a María Elena Cruz Varela, a Rafael Rojas, a Sánchez Mejías y muchos más que la censura castrista y los inquisidores no permiten publicar en la isla posesa?
Porque nuestro “héroe” se cuida mucho de no ofender, ni con el pensamiento, a los burócratas de la cultura que le administran su pasaporte cubano y le garantizan sus viajecitos al extranjero en busca de unas cuantas libritas de peso corporal y de los pingues beneficios de sus derechos de autor ―¿cuánto tendrá que pagar de peaje para salir y entrar? Y en el colmo del cinismo, este sesudo creador ―el mismo que se niega ante las cámaras a condenar el fusilamiento de tres jóvenes negros, que intentaron huir del Infierno castrista, en 2003―, tiene la osadía de comparar a Cuba con Haití y dice que “para los pobrecitos haitianos el problema es conseguir un poco de agua que no los mate con la contaminación del cólera, pero para los cubanos es ver una película…”.
Es decir, caro Padura, que ya los cubanos tienen resueltas todas sus necesidades básicas y no tienen que cargar el agua en tanques y carretillas, desde lejanos sitios hasta sus casas, como pasa en La Habana y en cientos de ciudades del interior, porque los acueductos son fantasmas cansados; quiere decir que ya no hay que rezar para que aparezca una puñetera guagua que te lleve al trabajo o a un hospital a ver a un enfermo; quiere decir que ya hay medicinas en todas las farmacias y los familiares en el extranjero no tienen que romperse el lomo mandándolas, al igual que los zapatos para los niños o unas baterías o unas sazones para el salcocho diario; quiere decir que todas las casas cubanas son seguras, grandes y confortables y que sus inquilinos no se hacinan en ellas, generación tras generación, luchando por mantenerlas en pie, apuntalando por aquí, cogiendo goteras por allá, haciendo barbacoas, remendando ventanas, rezando para que no se derrumbe del todo, como el país; quiere decir que el peso cubano, que reciben todos los asalariados de la isla a la deriva, vale tanto o más que los dólares, los euros y los “chavitos” y que no hay que salir a jinetear ni a pugilatear la papa.
Según este maestro de la pluma, la Cuba de Castro II, la de los “cambios” serenos y planificados, que le provocan pucheros en el culo, que le hacen declararse raulista empedernido, es la que garantiza esa hambre de cultura y de mundo, más allá de los únicos tres problemitas que tiene el archipiélago: desayuno, almuerzo y comida. El “¿Qué voy a cocinar hoy?”, que se repiten a diario las madres cubanas en sus maltrechas cocinas, ya no es un problema “filosófico” y ahora las masas se pueden dedicar a leer ricamente. ¿Cómo alguien decente puede decir que “Raúl Castro le ha dado lógica económica a la realidad política” y que se están viendo “resultados”? Los paliativos raulistas, esas pequeñas maniobras de reacomodo de cargas sociales y económicas, sólo están creando una realidad de chinchales, una gestión autárquica de menesterosos lanzados a las calles a que “resuelvan” sus necesidades, como sea, sin escrúpulos morales, pero sin la sombra del estado benefactor que pretendía ser la dictadura hasta ayer de tarde.
¿De verdad este hombre cree que los “cambios económicos” provocarán cambios políticos? Este axioma se derrumba cuando se piensa en China, en Vietnam o en otros países emergentes o ricos, que combinan los mecanismos económicos del capitalismo más feroz con la represión y la falta de libertades políticas del totalitarismo. Pero, claro, la visión de Padura es desde su casita decorada y decorosa de Mantilla, desde su carrito bien aceitado, desde su computadora con Internet, privilegio supremo ―¿por qué será?― en la isla de la Inquisición Castrista.
A mí, francamente, como mujer, negra y cubana, sus declaraciones a la prensa europea siempre me producen un profundo alipori, ―palabra que el novelista conoce bien, aunque él usa líporis―, esa vergüenza ajena ante la indecencia y la inmoralidad total. Y si este señor tiene la cara dura para decir semejantes barbaridades, pa´dura la mía, y le canto las cuarenta delante de su carota barbuda y cínica de castrista satisfecho y le eructo mis náuseas en el mismísimo tronco de su oreja peluda. Así es y el futuro le pasará su factura a este ejemplar de la ignominia.

11 comentarios:

Roger Rivero dijo...

Este señor es otro cómplice más, otro egoísta más que vive de la tragedia cubana y evidentemente no va a denunciar ni decir nada que peligre su status quo, es indignante que la vergüenza se haya perdido, porque quien tiene oportunidad de salir de Cuba, y viajar al extranjero sabe por algo tan básico como el contraste que el invento de los Castros es una dictadura de las mas retrogradas que puedan existir, pues como una plaga, destruye todos los recursos… pero el diablo los cría y ellos se juntan, y es un punto muy valido e importante el mencionar que los cambios económicos no garantizan los cambios políticos, ya que una cosa es el sistema social y otra el económico. La pregunta seria: ¿Cuándo los cubanos, los individuos, podrán leer lo que les de la gana sin tener que pedir permiso a nadie, como debe ser, porque es parte de nuestra libertad individual!!! Enhorabuena Ondina, enhorabuena, así se habla!!!!!!! Un cordial saludo y no deje de escribir!!!!!!!

Anónimo dijo...

Genial el artículo y genial el título.


Teresa Cruz

Anónimo dijo...

Desgraciadamente Haití casi siempre ha sido Haití pero Cuba no es la que se apropiaron los Castro.Es sólo una inmensa cárcel en ruinas; lo único garanrizado son los carceleros.

Gino dijo...

Ño.

Anónimo dijo...

Sra.Ondina Leon: Brillante!. Como Ud. ninguna. Y para dura,la suya.
Bendiciones.

Capullito de Aleli.

Anónimo dijo...

Ondina: Que cara mas dura tiene la Padura.

George Sand.

TURANDOT dijo...

Que dura eres, Ondina. El no cree en nadie, por eso es Padura.

Anónimo dijo...

Ondina de mi alma!!!
Ese majestuoso piano me es familiar, o sera el pianista.Bueno, bravo por los dos.
Pa'duro , esta su escrito.El cara dura de Padura es uno mas en la lista de los asalariados del regimen.

Anónimo dijo...

Acabo de leer "El hombre que amaba a los perros". Comparto tu criterio Ondina.

Zoé Valdés dijo...

Gracias, Ondina León. Lo primero que hizo Padura cuando publicó su primera novela en España, fue hablar mal de mí en el periódico La Razón, esa tarea le dieron.

Unknown dijo...

Ese Pardura tiene la cara dura de saber como embaucar a pseudointelectuales europeos haciendo el paripé de ser un escondido disidente (pseudodisidente). Has sido genial en darle la vuelta a la polaridad y enfatizar aquello que supuestamente tienen los cubanos en Cuba. Es mas facil para ellos ripostarnos con los mitos de los "logros"que supuestamente existen.
Has hecho algo muy creativo al restregarle en la cara que tu supuestamente crees que tienen aquello que todos saben que no tienen los cubanos. Entonces, habiendo llenado las necesidades basicas, pongamonos a leer... A ese tipo en la Cuba de antes lo llamariamos un "vividor".