jueves, 27 de octubre de 2011

Homoerotismo a la cubana



(Sin que los cristales te corten).
Por Ondina León ©

Como ya muchos hemos podido descubrir, la lejanía entre Miami y La Habana es inconmensurable. Se podría decir que son las ciudades más distantes en nuestra apretada galaxia. Por este abismal accidente, más humano que geográfico, es que no me sorprende, aunque me encabrona, que sólo ahora es que me han hecho llegar, gracias a manos amigas, un ejemplar de "Instrucciones para cruzar el espejo", una antología de relatos homoeróticos cubanos, con selección y prólogo de Alberto Garrandés. La edición es del Instituto Cubano del Libro, Editorial Letras Cubanas, y fue impreso en la imprenta Federico Engels, en 2010. ¿Les sorprende?
En alguna medida, hay derecho a la sorpresa, sobre todo si comprobamos que, entre los 35 autores seleccionados, nos encontramos no sólo con vivos y muertos, sino también con escritores y escritoras que todavía viven ―es un decir, es una hipérbole, claro― en la isla posesa y con otros que huyeron despavoridos de ella; con autores absolutamente castristas, confesos y convictos ―Miguel Barnet, Antón Arrufat, Leonardo Padura, Senel Paz, Marilyn Bobes―, y con otros valientemente anticastristas, dentro y fuera de Castrolandia; y todos unidos por el cordón umbilical del tema de la narrativa homoerótica, en un riquísimo ajiaco de estilos y de tendencias con resultados estéticos disímiles, como se aprecia, en el que sólo se siente demasiado la ausencia del grande de Reinaldo Arenas.
¿Y qué fue lo que pasó con esta antología? ¿Un descuido de la Inquisición narcocastrista? ¿Una manifestación de apertura en la dictadura? ¿Un signo de cambio positivo o un espacio ganado a golpes de valor por “los diferentes”? Es probable que la respuesta más justa tenga de todo un poco, menos que se trate de una auténtica apertura por parte del régimen totalitario de los Castro, porque en su afán por reacomodarse y mantenerse en el poder, los ideólogos y burócratas de la cultura han ido haciendo concesiones, principalmente a la opinión pública extranjera y a los incautos, que aparenten ser giros dialécticos de cambio, cuando en realidad se trata de mínimas curitas para el alma herida de la nación y de cortinas de humo para otros males mayores, como la falta de libertades políticas y la violación institucional de los derechos humanos básicos. Porque no nos engañemos: la hija del general, Mariela Castro y su publicitado CENESEX (Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba), no ha liberado a estos seres eróticos desafiantes ―gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, travestis, “locas”, “tuercas”, y un etcétera infinito―, por llamarlos de alguna forma, que se han enfrentado al canon erótico-sexual, establecido por la sociedad occidental judeocristiana y enfatizado por la dictadura, y que viven sus vidas en resonancia con su verdadera identidad humana, al margen de la represión.
En todo caso, este bolsón de libertad individual en una dictadura ferozmente machista y racista como la de los Castro, que ha cometido tantas aberraciones ―desde la UMAP hasta los sidatorio-cárceles, pasando por las expulsiones de las escuelas y los trabajos porque alguien es “rarito”―, ha sido conquistado por ellos. Sí, por esos mismos que daban y dan más de 30 fouttés, en punta de tenis, en el portal del teatro García Lorca (el poeta hubiera aplaudido a rabiar) o deslumbraban a los transeúntes con sus grand jetés; los que inventaban y parían y siguen pariendo sus trajes, cosidos por ellos mismos, para las fiestas en “las casas en la playa”, en Guanabo o Brisas del Mar; los que, cuando hay que maquillarse para salir, se echan betún de zapatos en las pestañas y salen “soberbias y pálidas”, porque no hay miseria ni carencia que atente contra el hambre de belleza; esos que, cuando la policía los apresaba en sus carro-jaulas en Coppelia, gritaban “¡La ventanilla es mía!” o “¡Cochero, a palacio!”, mientras trataban de seducir al joven esbirro con miraditas lascivas, porque saben muy bien que él también “peca”; o aquellas que, cuando les gritan “tortilleras”, esbozan una sonrisa, dicen que sí con la cabeza y siguen camino a casa de la amiga con la frente en alto, sabiendo que “tu verdad te hará libre”. Admirables seres humanos que han definido sus cuerpos y sus identidades sexuales como reinos de libertad absoluta en medio del marasmo más absoluto, el que se extiende desde 1959.
Todos los relatos de la antología fueron escritos a partir de este año trágico, que parte la historia de Cuba en un fragmento más de absurdos y calamidades. Muy merecidamente, Virgilio Piñera, una de nuestras grandes glorias literarias, abre la edición con “Fíchenlo, si pueden”, todo un clásico, al igual que el texto de Calvert Casey, “Piazza Morgana”, rara pieza de intensidad pasional con imágenes indelebles. “¿Por qué llora Leslie Caron?”, de Roberto Uría, tiene el mérito histórico de haber reactualizado el tema de la homosexualidad, que durante tanto tiempo fue tabú en las letras cubanas, mucho antes que el mojigato y oportunista cuentecito “El lobo, el bosque y el hombre nuevo”, del cursi Senel Paz. Ena Lucía Portela, una de las grandes escritoras cubanas de hoy, nos entrega “En vísperas del accidente”, ambientado en Amsterdam, pero apasionadamente caribeño. En “Noche de ronda”, Ángel Santiesteban, a lo Hemingway, pinta el ambiente de virilidades ambiguas en una cárcel. Ronaldo Menéndez nos sorprende con “Factor sorpresa”, el asalto a un banco en el que los protagonistas son, pero no son lo que se sospecha que deberían ser. “El polaco”, de Rubén Rodríguez, es trágico y sugerente: ¿qué esconde la homofobia más recalcitrante? Ya se sabe…
En fin, este es un tomo en el que se reflejan, como en espejos borgianos, los rostros de los más variados especímenes humanos en busca de sus más recónditas y verdaderas identidades, las que no pueden ser aplastadas por ninguna circunstancia histórica y que perviven como manifestaciones de una cultura de resistencia, que habrá que estudiar en el futuro. Es de agradecer la labor de Garrandés y de los editores en este título, que también nos es sumamente útil para desentrañar la cubanía y el cubaneo, “sin que los cristales te corten”, como pide el antólogo: todos deberíamos leer "Instrucciones para cruzar el espejo".
Sólo unas inquietudes, que no deben restar méritos, para finalizar: ¿consultaron a los autores para que seleccionaran sus textos? ¿Les pagaron sus derechos de autor, como Dios manda? ¿Les hicieron llegar, a cada uno, algún ejemplar de cortesía, sobre todo a los exiliados en Estados Unidos (Rita Martín, Roberto Uría), en España (Ronaldo Menéndez) o en México (Odette Alonso)? Si la respuesta es no, como sospecho, a alguna de estas interrogantes elementales, entonces, al menos para la próxima, los editores deberían ser más profesionales, corteses y justos.

9 comentarios:

JosEvelio dijo...

Siempre el agradecimiento a la amiga Ondina León, por interesarse y encontrar novedades como la antología "Instrucciones para cruzar el espejo"; que incluye un excelente relato del talentoso amigo Roberto Uría.Saludos a todos.

Anónimo dijo...

Estimada Ondina: Muchas gracias por este interesante artículo sobre la antología de literatura homoerótica cubana. Estoy muy de acuerdo con sus puntos de vista sobre la historia de las últimas décadas en la isla. Mi cuento "¿Por qué llora Leslie Caron?" está disponible en la Internet, para el que se interese. Las preguntas que se hace en el último párrafo, el menos en mi caso, tienen por respuestas "No", así que tiene razón. Espero conocerla muy pronto con el beneplácito de mi amigo Josevelio, al que también doy las gracias por este texto y por el video sobre Reinaldo Arenas, el gran excluido de la antología.
Roberto Uría

Gino dijo...

Gracias Ondina por la sugerencia, hay que buscar la antología, gracias jose por dejarnos saber.
Un abrazo.
Gino.

Zoé Valdés dijo...

Muy buen artículo. El libro se llama Instrucciones para cruzar el espejo. El título es un espanto, la palabra instrucciones es lo más antiliterario que existe. Recuerdo muy bien el cuento de Roberto Uría, estupendo. Y sí, Ena Lucía Portela es una gran escritora, pero como no les ha servido para la propaganda, la han sustituído por la Quendi G. Ahora es a ella a la que exportan.

Rafael Delmar dijo...

Gracias Ondina por la transparencia y la fuerza de la sinceridad. Es natural que a Reinaldo lo excluyeran. Como decía Martí en su "Yugo y estrella":

.."y en la vida,
Cual un monstruo de crímenes cargado,
Todo el que lleva luz se queda solo.
Pero el hombre que al buey sin pena imita,
Buey vuelve a ser, y en apagado bruto
La escala universal de nuevo empieza..."

Gracias por alumbrar los senderos de nuestra memoria ahora, cuando importa, cuando la tiranía aún subsiste.

Roger Rivero dijo...

Muchas gracias Ondina por otro excelente y artículo, evidentemente la censura, la regulación ideológica y otras hierbas aromáticas siempre ajenas a la cultura, son el sello distintivo de ese departamento gubernamental. Un cordial saludo y un buen fin de semana!!!!

Anónimo dijo...

Recuerdo el cuento " Por qué llora Leslie Caron?". Magnífico! Aunque si mal no recuerdo a Roberto Uría no le gustaba mucho, no sé; ha pasado mucho tiempo y no recuerdo muy bien. Él ha escrito otras cosas excelentes; pero creo que es un ensayista y un teórico muy lúcido y agudo, una especie de Milán Kundera de la Habana Vieja, ja, ja, ja.

Un abrazo,

Rafa, el abuelo hispano-cubano

Anónimo dijo...

Ondina de mi alma:Gran maestria y habilidad tienen sus escritos, la palabra exacta no puede ser otra que "magistral articulo"
Gracias por la sugerencia , hay que leerlo.No creo que el titulo le venga del todo mal, para que en Cuba se publique algo asi, muchas instrucciones tienen que haber recibido.
saludos

JosEvelio dijo...

Ya andaba yo preguntándome si el anónimo: "Ondina de mi alma" en ésta ocasión nos privaría de sus reflexiones...gracias.