sábado, 24 de septiembre de 2011

Los motivos de la loba

Por Ondina León ©

Esta mujer no tiene el corazón de lis ni el alma de querube, ni la lengua celestial ni es mínima y dulce, como el San Francisco de Asís del inolvidable poema “Los motivos del lobo”, de Rubén Darío. ¡No! Ella, que alguna vez fue llamada “loba feroz” por Fidel Castro, es sólo una representante federal en Estados Unidos, elegida democráticamente por el pueblo de Miami, y que hoy ha sido noticia de primera plana, en el periódico El Nuevo Herald, porque se ha convertido en la primera republicana en el Congreso en sumarse a ese grupo fundacional de auspiciadores de la Ley de Respeto por el Matrimonio, que “derogaría una ley de 1996 que le impide al gobierno federal reconocer el matrimonio de las parejas del mismo sexo”. Y esta noticia no podría ser mejor: Ileana Ros-Lehtinen, nuestra conocida política cubano-americana, ha dado un paso más de apoyo en la lucha por la justicia social y la igualdad de derechos entre todos, en la más grande y sólida democracia del mundo, según se dice y, a veces, creo.
Todo parece indicar que llegar hasta esta postura no le resultó fácil ni ha sido una decisión súbita, ya que hace ocho años confesaba que no estaba lista para aceptar los matrimonios entre personas del mismo sexo. Sus declaraciones de hoy, que desafían en buena medida los pilares del partido al que pertenece, son el fruto de una evolución sopesada y no sólo política, sino también humana y familiar, como se puede inferir de la experiencia vital de tener una hija transgénero, que pasó de ser Amanda a llamarse valerosamente Rodrigo. Si esto no es coherencia ética ―acto que “cometen” muy pocos políticos― por parte de Ros-Lehtinen, que alguien dé la cara y le ponga el nombre que se merezca.
Como a mí la noticia me entusiasmó y me dio regocijo, tuve la peregrina idea de ir a leer los comentarios, que al respecto publica el susodicho diario, con la certeza de que habría un buen número de textos a favor de su nueva postura. Sin embargo, sólo me encontré con una jauría absurdamente agresiva y de un fundamentalismo que da pavor por su falta de densidad cultural y filosófica. Tantos insultos tan mal pensados y peor redactados, inevitablemente, me dieron una bofetada en pleno corazón de la paz interior y sentí alipori, es decir, esa vergüenza ajena que nos estremece de pies a cabeza y que puede provocar una saludable indignación, de esas que martillan una palabrota.
¿Qué “sagrada familia” están invocando estos comentaristas malojeros? ¿La de los divorcios al por mayor o la de los hijos abandonados que caen en las drogas? ¿A qué moral se están aferrando, a la del adulterio deportivo? ¿Qué valores invocan a gritos heterosexuales, los de las apariencias y la hipocresía? ¿Por qué reducen la “moral” a la identidad sexual? Hay tantísimas cosas tan inmorales ―empezando por el salario mínimo y terminando por la desidia― que llamar inmoral a un gay o a una lesbiana, sólo por serlo, es una aberración criminal.
Inmoral es no darle amor y educación y cultura a un niño ―no se valen los videojuegos violentos y enajenantes―, mientras se le cultiva el consumismo material y el amor desmedido por el dinero o se le inoculan dogmas religiosos excluyentes y castrantes. Inmoral es ese padre machista ―casi siempre macho teatral, de deseos ambiguos reprimidos― que les enseña a sus hijos una cultura del odio, llena de prejuicios contra la diferencia humana, ya sea racial, clasista, sexual o política. ¿Quién se desprestigia más, el que tiene el valor de ser genuino y actuar en resonancia con la naturaleza que Dios le dio, o el que se violenta y vive la vida que le impusieron los catecismos sociales? ¿Qué pecado es mayor, la envidia que se padece hoy o la autenticidad corajuda?
Porque para ser gay o lesbiana hacen falta tres atributos virtuosos: cojones, cojones y cojones. Lo que es decir, valor para conocerse a sí mismo y asumir la verdadera identidad, como anhelaban los antiguos griegos; valor para imponerle a la familia la realidad del ser uno mismo y que lo respeten y lo quieran; y valor para salir a la calle, con la frente en alto, y desafiar a la sociedad que, tradicionalmente, ha marginado al que está en minoría ―¡la diferencia asusta!― o pretende cuestionar los grilletes del contrato social que se haya alcanzado.
¿Será lesbiana Ileana Ros-Lehtinen y no ha salido del clóset? ¿Se le puede comparar con el dictador de Raúl Castro? Estas y otras preguntas insultantes ni deberían pasar por la mente de una persona medianamente sensata y con sentido de la justicia. Si lo es o no, no debe ser una cuestión que inquiete a nadie, porque ella debe ser juzgada y valorada como servidora pública que es y no como una mujer con derecho a su vida privada y con capacidad para tomar decisiones personales, cuando lo entienda preciso. Si algo ha demostrado ella como mujer es que, además de ovular, sabe pensar.
Como madre y abuela que soy y como ese “animal político” que todos somos, el “zoon politikon” de Aristóteles ―aunque algunos sean más animales que políticos―, me reservo el derecho responsable de aplaudir, una vez más, a Ileana Ros-Lehtinen, esta loba feroz que ha tenido el valor viril de abrir bien sus fauces y morder a profundidad las fláccidas nalgas de la realidad, para ver si, de un mordisco apocalíptico, logra atenuar tanta injusta estupidez celulítica…

8 comentarios:

Gino dijo...

Un aplauso para Ondina, tan certera y firme en sus ideas y la forma en que las trasmite, otro para ti Jose, por hacérnoslo llegar.
Gino.

Esperanza E. Serrano dijo...

Muy ¡RE QUE TE BUENO! este post!
Bravo por Ondina que ha sabido defender magistralmente lo que realmente vale la pena defender:
la autenticidad, la honestidad y el valor de expresar publicamente lo que se siente, sobre todo, cuando se trata de defender a una minoria que ha sido historicamente humillada por la sociedad.
Iliana tiene todo mi respeto y mi apoyo como republicana que soy.
Me alegro que se haya pronunciado abiertamente sobre este controversial tema. Bravo por ella también.
Saludos
Esperanza

Anónimo dijo...

Ha tenido el valor femenino de apoyar lo que entiende que es justo. Los Kennedys, ¿tendrían que haber sido negros para entender lo denigrante de la discriminacieon racial? ¿Tendría que haber sido negro Martí?


Teresa Cruz

Zoé Valdés dijo...

Estoy contigo, Ondina.

Anónimo dijo...
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Frida M dijo...

Magnífico texto Odina León.
Gracias.

morama dijo...

Como siempre la Ondina... fluyendo...

flàccidas= nalgas flàcidas y retorcidas... ;-)

"cojones, cojones y cojones..."

TURANDOT dijo...

Ondina, vieja, que agradecida te estoy, porque no sabia nada de esto pero fijate, te comento: de todos esos "servidores publicos" en esta mujer he percibido una honestidad por encima del "oficio" que ha sabido mantener, intacta, a pesar de los anos y el desgaste.
Eve, siempre te deberemos a Ondina.