viernes, 2 de septiembre de 2011

Duelo de sietemesinos

Por Ondina León ©

La democracia, “ese curioso abuso de la estadística”, según Jorge Luis Borges, siempre es dolorosamente saludable y, a veces, patéticamente divertida. Como el más potable de todos los sistemas socioeconómicos que han existido hasta ahora, en sus bolsones de libertad, unos más amplios que otros según el país, permite que haya manifestaciones de las más variadas naturalezas ideológicas y políticas y hasta estas escaramuzas desideologizadas, como la polémica personal que hay entre el esbirro Edmundo García, enclavado en Miami, y el trovador de la corte castrista Pablo Milanés, dulcemente afincado en la isla posesa. Porque en este intercambio de panfletazos que estamos presenciando no hay una auténtica discusión de plataformas políticas ni propuestas viables para un cambio real de la pesadilla cubana ni, mucho menos, un debate ideológico y filosófico, que llame a la reflexión sobre el marasmo perpetuo que es Cuba.
Chancleta en mano, ambos se están sonando sus respectivas nalgotas celulíticas tratando de esclarecer sus posiciones personales; se están masajeando el ego, pero sin enriquecer el panorama político. García, como era de esperarse de un ser tan abyecto y oportunista que se cree héroe en territorio enemigo, repite el discurso baboso del Granma pidiendo el fin del “bloqueo” a Cuba y hasta la liberación de los cinco espías castristas, condenados justamente en los Estados Unidos, a los que él llama cariñosamente “Los 5”. Por su parte, Milanés, poéticamente incoherente, está en contra de las golpizas y los actos de repudio a las Damas de Blanco, aunque no apoya la causa que ellas defienden, es decir, la libertad de los presos políticos y, por extensión, la libertad de todos. Semejante esquizofrenia es digna de ser estudiada por un psicólogo social, preferentemente no cubano, para que haya cierta imparcialidad.
García es mucho menos peligroso que Milanés porque hace ya bastante tiempo que salió del clóset político y es un connotado mercenario castrista, un terrorista verbal, uno de los tantos que engordan en Miami a la sombra fresca de la democracia. Él pertenece a la estirpe de la más baja catadura moral, como Francisco Aruca, Max Lesnik ―por poco escribo Marx Lenin―, Carmen Duarte, Lázaro Fariñas, Andrés Gómez, Hugo Cancio y muchos otros, todos militantes del odio contra los cubanos libres y anticastristas de Miami.
Más peligrosos, porque confunden y siembran conformismo disfrazado de reformismo, son los miembros de las brigadas del pacifismo y la corrección política, esa epidemia que ha contagiado a tantos: a periodistas “asépticos”, que mal redactan en castellano; a filósofos eclécticos, que abortaron el marxismo que los creó; a galeristas devenidos “promotores culturales” y hasta dizque poetas de “la reconciliación”; a empresarios hacedores de puentes de “intercambio cultural” entre las dos orillas; a “militontos” del Partido Demócrata, que aspiran a cargos públicos en Miami; a intelectuales acomplejados, que quieren demostrar a toda hora ―sobre todo en el horario estelar de la televisión― que poseen una vasta inteligencia que cuestiona, analiza y sopesa como un pensador alemán; a las pitonisas de la radio; a los bastiones de las libertades civiles que, si uno desciende la acera con el pie derecho, ya lo tildan de fascista; y a ese ciudadano común, que se desgarra el alma ejerciendo un falso culto a la familia que quedó prisionera en Castrolandia. Todos, desgraciadamente, ralentizan la búsqueda de la libertad en Cuba, esa tan necesaria para la supervivencia de la nación y de la identidad.
¿Qué nos debe quedar en limpio de estos escobazos en público de dos figuras de dudosa coherencia moral, de estos dos sietemesinos del alma, que se baten en un duelo grotesco? Una lección de vida. Porque estos hechos son un ensayo general de cómo deberá ser la democracia en una Cuba libre. En un país “con todos y para el bien de todos” tiene que haber cabida para el más amplio espectro político e ideológico, ese que va desde la izquierda más radical hasta una derecha ultraconservadora, pasando por el centro moderado y conciliador.
¿Y el castrismo, esta aberración neurogenital, también estará presente en el futuro de la isla? Creo que, inevitablemente, sí tendrá su espacio, aunque sea minúsculo, porque tantas décadas de catecismo político a cucharadas no se borran de un plumazo ni por un decreto-ley en las mentes de los ciudadanos ―habría que recordar siempre la imagen de aquellas ancianitas rumanas poniendo flores en la tumba del sanguinario Nicolae Ceausescu; o el cartel en la manifestación española de “Contra Franco estábamos mejor”.
Así que, desde ya, tenemos que aprender a vivir en democracia y a alegrarnos de estos incidentes que, más que descalabros sociales, son la manifestación viva de un sistema de convivencia mucho más justo que cualquier régimen totalitario o dictadura, porque ni la del “proletariado” ha sido ni es saludable ni engendra prosperidad espiritual y material. ¡Bienvenidos los duelos de los adversarios!

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Ondina León una cubana leal y aguda.Gracias amiga, por dejar en Guitáfora; tus emociones para la CUBA LIBRE.
JosEvelio Rodríguez-Abreu

Anónimo dijo...

Así se habla, muy de acuerdo con este artículo y con su mensaje, un cordial saludo a su autora y un abrazo para José.

Roger Rivero

Simon-Jose dijo...

Inmundo Garcia y Pablo Milanes no pueden debatir ideas politicas ni propuestas de solucion a la problematica cubana.
No se atreveran jamas sin la autorizacion superior.
Asi funciona el comunismo.
Busquen la historia de los combates aereos cuando la guerra de Viet Nam, y veran que los pilotos comunistas no podian romper la formacion ni empezar a combatir sin la orden de los jefes que estaban en tierra. En Cambio, los aviadores americanos, tan pronto veian a los migs, se lanzaban al combate.
Asi funciona todo en el comunismo. Nadie se puede atrever a algo para lo que no este autorizado.
Por otro lado, es obvio que estos personajes no tienen suficientes neuronas ni amor patrio para pensar en su patria y en su pueblo.
Al igual que la mayoria de los que dedicaron su vida al servilismo abyecto, ademas de sietemesinos como justamente los califica Ondina Leon, son, sobre todo, eunucos politicos.
"No podemos pedirle peras al olmo".
Mi agradecimiento personal a JosEvelio Rodriguez por la publicacion de este magnifico articulo de Ondina Leon y, para la propia Ondina, un abrazo patriotico y cubanisimo de
Simon Jose Marti Bolivar.

Anónimo dijo...

Sra.Leon: No hay en Miami quien le suba la parada. No tengo nada que decir, como siempre lo has dicho todo. Como dicen los espanoles que vayan a que le den por el CU>>>>>>>>>>>>>>>>LO. Perdon por la palabrota pero es la verdad.

George Sand.

Anónimo dijo...

Gracias a todos por sus comentarios, a favor y en contra, de mis artículos porque esto me enriquece y me ennoblece. Gracias a Simón José Martí Bolívar, George Sand (siempre tan original), Teresa Cruz, Roger Rivero, Manolo, Cary Roque, Esperanza, Adri, Almudena y tantos otros. Y en especial, quiero darles mis más profundas gracias a Josevelio Rodríguez y a Zoé Valdés, grandes artistas cubanos, que tan generosamente me han facilitado la difusión de mis opiniones a través de sus blogs. A todos, gracias por querer una Cuba mejor y más habitable desde la libertad.

Ondina León

Anónimo dijo...

Genial. ¡Qué placer!


Teresa Cruz

Zoé Valdés dijo...

Gracias, Ondina León, como siempre, en el clavo.