viernes, 30 de septiembre de 2011

¡Azúcar, azúcar!

Por Ondina León ©

Y no se trata del grito festinado y cubanísimo que sobre los escenarios lanzaba nuestra Celia Cruz: ahora es un alarido de dolor, porque una de las palabras emblemáticas de la nación ha vuelto a sufrir un golpe mortal. Antes de 1959, año del accidente socio-histórico más trágico que hemos tenido, existía un lema tremendista, pero justo, que decía “Sin azúcar no hay país”. Pues bien, Cuba, que alguna vez fue el primer exportador mundial de azúcar de caña, ha dejado de existir con el cierre oficial del Ministerio del Azúcar. En su lugar, y mientras dure el velorio, la dictadura castrista, con su proverbial pomposidad y su infinita capacidad de generar eufemismos, ha creado un llamado Grupo Empresarial de la Agroindustria Azucarera, es decir, unos fantasmas desorientados que darán tropezones por los devastados campos de la isla posesa.
Ya sabíamos, porque lo han demostrado fehacientemente, que los Castros son hacedores de ruinas, sembradores de odio y cultivadores de fracasos, lustro tras lustro, sólo que siempre “han convertido el revés en victoria” y el socialismo ha marchado “triunfal” hasta hoy. Sin embargo, con sorpresa, el discurso oficial ha tenido que admitir indirectamente que el empeño en destrozar este sector productivo ha sido todo un “éxito” y hasta han tenido que cerrar su ministerio respectivo. ¿A dónde ha ido a parar esa potencia azucarera que le regaló un central a Nicaragua años ha? ¿De qué galaxia son esos asesores agrícolas que Castro II les presta a Chávez y a los venezolanos? ¡Líbreme Dios de ellos!
Los diarios informan que en la década de los años 70 operaban en Cuba 156 ingenios azucareros y que se llegó a producir hasta ocho millones de toneladas métricas de azúcar, y que ahora sólo quedan activos 56, que producen unas cuantas libritas tristes. Pero nadie parece preguntarse en qué estado están estas fábricas ni cómo logran producir lo poco que producen ni en qué condiciones laboran sus empleados. Si alguien se dignara a investigar y tuviera la posibilidad de hacerlo libremente in situ, el mundo se quedaría horrorizado ―bueno, tal vez no: Cuba siempre es noticia…―, una vez más, ante el desastre kafkiano sostenido.
Y no se vayan a creer, como dice el órgano oficial siempre erecto, que se trata de una “reestructuración” o de otro “cambio” raulista. Es simplemente el reconocimiento de un fracaso insondable en una economía que es un sistema de patologías rígidamente establecido. Se ha pasado de la economía centralizada y estatal a la economía del chinchal. Los llamados “cambios” no son más que un reacomodo de cargas que, como siempre ha pasado, terminan en las espaldas del pueblo, sobre sus lomos encallecidos por tanta miseria premeditadamente impuesta, con el único fin de controlar a las masas y que la casta castrista y sus pichones ―esos militares, “segurosos” o militantes del partido devenidos empresarios capitalistas de nuevo corte, como los rusos de Putin o los chinos millonarios― sigan en el poder por los siglos de los siglos.
Y que no me vengan a decir ahora ningún “militonto” de la izquierda más trasnochada; o un “pacifista” anti-globalización ―de los que salen en manadas con su pulóver del Che y su banderita cubana rompiendo vidrieras, al son de una cancioncita de Silvio Rodríguez―; o un ilustre prelado del alto clero “humanista”, que la culpa de estos descalabros económicos la tiene “el cruel bloqueo yanqui a la islita”. ¡No! Toda la culpa es de una dictadura que ha estado experimentando macabramente con las peores fórmulas de gestión productiva y que ha derrochado los miles de millones de dólares, que le ha chupado a su “aliados” rusos, chinos o venezolanos, en exportar revolución, en librar campañas bélicas en África, en el marco de la Guerra Fría, y en crear un potente aparato represivo contra su pueblo: ¡caviar para los generales; picadillo de soya para la plebe!
¿Dónde están todos los proyectos mastodónticos y los sueños faraónicos del Gran Líder, de ese Pastor desvelado llamado Fidel Castro? ¿Qué se hicieron sus ríos de leche de vaca o de búfala? ¿Dónde está su lluvia de café? ¿Y sus hidropónicos hiperproductivos de lechugas, tomates y acelgas? ¿Dónde aterrizaron los jamones? El cuerno de la abundancia sólo ha existido en las páginas de Granma, con sus reportes de metas económicas cumplidas y sus estadísticas falsas, y en la prodigiosa bolsa negra cubana, en la que siempre se ha podido “resolver” (caro verbo) casi de todo. En realidad, ¿qué produce Cuba? Cubanos...
El régimen castrista ha montado una increíble maquinaria de tráfico humano, en varias direcciones, y ha convertido a sus ciudadanos en el primer renglón de exportación, tanto o más que el turismo ―que carece de una vasta infraestructura y que es errático con su bajo índice de reincidencia― o el níquel, pura materia prima que va a el Primer Mundo para ser elaborado. Se exportan miles de cubanos a Estados Unidos, por lo menos unos veinte mil anualmente, gracias a los tratados de emigración, que se suman a los millones que ya se han afincado aquí; se destierran cientos de disidentes y conflictivos a cualquier punto; huyen a Europa o a México miles más; se envían a misiones humanitarias muy rentables y a otras empresas a miles de cubanos que están como médicos, maestros, militares o agentes de la seguridad del estado o espías en Venezuela, en Ecuador, Bolivia o en el África. Y todos, absolutamente todos mantenemos económicamente a los chulos del Caribe, los que sólo producen desgracias.
Las remesas que llegan desde cualquier rincón del planeta a los familiares y amigos en Cuba constituyen, hoy por hoy, la verdadera fuente de sustento de la dictadura. Gracias a nuestros sentimientos y al concepto de familia que tenemos, nos hemos convertido en rehenes de una tela de araña maquiavélicamente tejida por las eminencias grises del castrismo. Pero, ¿hasta cuándo? Si ya no tenemos ni azúcar para endulzar al mundo ni las espirales del humo de un buen tabaco nublan la frente de un hedonista que paladea su trago de ron, ¿qué nos queda para conquistar de raíz al resto de la humanidad? ¿Sólo la esperanza? ¿Acaso nuestra proverbial risa, que nos mata? Que alguien me responda…

9 comentarios:

JosEvelio dijo...

!!Alaba'o!!el Rey Midas del Caribe...claro 'al revés!!
Gracias nuevamente Ondina y saludos a todos...

Zoé Valdés dijo...

Todo un desastre. Menos mal que tenemos a Ondina.

JosEvelio dijo...

Gracias siempre Zoé...es nuevamente
una gran deferencia, tu apoyo y amistad.

Anónimo dijo...

qué nos queda para conquistar de raíz al resto de la humanidad?

Ondina, a Dios gracias todavia nos quedan los CUBANOS

Roger Rivero dijo...

Lo que nos queda es esperar que los dictadores desaparezcan, y como se dice en ingles, start over againg, un gusto leerte Ondina, un abrazo fuerte!!!

Anónimo dijo...

Se puede decir más alto, pero no más claro. Esta mujer cada vez escribe mejor y en cada nuevo artículo se supera a sí misma. Bravo por ella! No dejes de escribir NEVER!!!
El abuelo hispano-cubano

Anónimo dijo...

Entre las metas de ese fenómeno sociológico que han llamado Revolución, estaba cubanizar más la propiedad de la industria azucarera.
Dicho sea de paso, ya Batista-a pesar de ser un dictador- lo estaba logrando.

Los Castro exiliaron el azúcar-_Lobo y otros-para llevar el azúcar a puro polvo de heces fecales.

Simon-Jose dijo...

Anonimo 05:33

"...ya Batista lo estaba logrando..."

Hace poco, a principios de Septiembre, Zoe Valdes escribio sobre Batista, a ella le siguio el Abicu Liberal y despues Esperanza Serrano y yo en Anhelos y Esperanzas.
Todo lo que se ha escrito sobre la prosperidad de Cuba antes de 1959, es cierto y tal vez sea poco.
Pero la cubanizacion de la Industria Azucarera no es patrimonio de Batista. Si bien Batista contribuyo enormemente al crecimiento economico de la nacion, la cubanizacion de esta industria comienza a principio de la decada del veinte. Es el empuje de eso que llamamos "la cubanidad", donde hay genes de alto calibre, de mucho teson, iniciativa y voluntad, que se van imponiendo y se va desarrollando una poderosa clase media que es el verdadero motor impulsor de la economia en cualquier pais.
Fue en esa decada que los centrales azucareros, y otras propiedades americanas, comenzaron a ser adquiridas por cubanos habiles para los negocios, muy trabajadores y mejores administradores.
En los años cincuenta, durante el gobierno de Batista, y concretamente en el año 1956, las inversiones extranjeras en Cuba, en todos los sectores de la economia, totalizaban 716 millones de pesos (equivalentes a dolares).
El valor de los cuatro o cinco centrales mas grandes superaba ampliamente esta cifra. Y habian mas de ciento cincuenta centrales activos en el pais.
Es de destacar que, para ese entonces, las inversiones en ganaderia en Cuba totalizaban 1,456millones de pesos, lo cual representa mas del doble de todas las inversiones extranjeras.
Sobre centrales hay bastante informacion en Internet que puede ser consultada.
Sobre las inversiones extranjeras en Cuba se puede consultar la Edicion Especial de Diario de la Marina de Septiembre de 1957, donde hay amplia informacion sobre todos estos aspectos y otros mas tambien importantes, incluyendo los centrales y el proceso de cubanizacion.
Esta fue una Edicion Especial por el 125 Aniversario de la fundacion del Diario de La Marina.
Un abrazo patriotico y cubanisimo

Simon Jose Marti Bolivar

TURANDOT dijo...

Muy bueno. Me matas de risa, Ondina. Isla posesa, like, like, etc y demas.