jueves, 25 de agosto de 2011

"Desamor crónico"

Por Ondina León
Siempre le ruego a Dios para que no permita que lea ciertas entrevistas que respetables periódicos del mundo les hacen a famosos artistas y escritores cubanos, que viven y trabajan en Cuba. Pero parece ser que, humildemente, debo aceptar las lecciones de vida que estos creadores me dan con sus declaraciones sobre la realidad de la isla posesa, esa patria que me excluyó de sus entrañas hace unos cuantos lustros, pero que reinvento todos los días con una mezcla de fuerza, ternura y rabia, a pesar de algunos compatriotas.
El caso es que el periódico español El Mundo, en su sección cultural de cine, en “El autor y su obra”, ha publicado hoy, 25 de agosto, una entrevista con Jorge Perugorría, uno de los protagonistas del famoso filme cubano “Fresa y chocolate”, que fue dirigida por Gutiérrez Alea y Tabío, hace más de 15 años. En esta, el actor declara: “La historia es un canto a la tolerancia y no sólo homosexual. La película compartía el mismo sentimiento que ya existía en la sociedad cubana, pero no en el gobierno, de respeto a las diferencias. Tras Fresa y chocolate, Cuba se volvió más tolerante… Y es que la sociedad cubana ha madurado mucho gracias a la película. En otras cosas, quizás tenga aún que madurar…”.
Que Perugorría sobredimensione la repercusión histórica del filme es comprensible, hasta cierto punto, a pesar de la manipulación ideológico-sentimental, muy a favor del sistema castrista, que hay en esta obra, incluyendo a los pioneritos sonrientes, que también se quedan en el “Paraíso” caribeño. Pero que insinúe que la película generó en el gobierno castrista un “respeto a las diferencias” o tolerancia es el colmo de la exageración y un delirio total, a juzgar por las imágenes, que se ven a diario, de actos de repudio contra mujeres vestidas de blanco y armadas con flores reclamando libertad para los presos políticos.
Y cuando el periodista le pregunta que en cuáles cosas la nación tiene que madurar, Perugorría le responde impasible: “Cuba es un país que está abocado a cambiar. El gobierno tiene la voluntad política de llevarlo a cabo y de convertirse en una sociedad más democrática, más participativa. También hay que desarrollar económicamente el país, que ha quedado destruido por el inmovilismo. Ahora, todos somos conscientes de esa necesidad de cambio” (sic.).
O el exceso de nicotina le ha destruido el cerebro; o tantos viajes por Europa lo tienen mareado; o este actor delira por una fiebre de oportunismo. ¿Ahora es que todos son conscientes de la necesidad de cambio, luego de 53 años de crear ruinas sobre ruinas, miserias morales sobre miserias humanas? ¿Que el gobierno castrista tiene voluntad política para cambiar la realidad? ¿Que va a crear una sociedad más democrática y participativa? Entonces, ¿debemos esperar que haya libertad de prensa, pluripartidismo, estado de derecho, elecciones libres y economía privada en Castrolandia? ¿El “inmovilismo” ha destruido la economía? ¿Por qué no decir que la riqueza nacional ha sido vandalizada por una mafia absolutamente parásita, que como una sanguijuela devoró durante décadas los rublos de los rusos y ahora lo hace con los petrodólares chavistas, sin crear bienestar para el país? Además de artista, este ciudadano es un “maestro” que, irresponsablemente, confunde a cualquiera con el exquisito uso de eufemismos y con una “corrección política” nauseabunda en público, ante los medios de la prensa libre.
Porque este es un de los grandes pecados de los intelectuales y artistas de Cuba, que practican el principio de “Vicios privados; públicas virtudes” en festivales de cine, ferias del libro y exposiciones de arte, donde defienden sin tapujos a la “Revolución Cubana” y se convierten en gallitos de pelea nacionalistas y anti-imperialistas. Pero otra cosa es en privado. Cuando todavía no era rico y famoso, cuando sólo era un actor de a pie, que trabajaba con Carlos Díaz en los teatros, Perugorría era muy crítico con el régimen de los Castros y enrojecía de cólera ante el desastre diario, al menos en la intimidad, con los amigos y la familia. Pero parece que el éxito, que le ha hecho ganar sus buenos dólares (lo que está muy bien, en principio) dentro y fuera de la isla, y su perspectiva de la realidad desde la ventanilla de su automóvil ―“La Habana es menos agresiva desde un carro en marcha, sin tener que sufrir el sudor de la gente en las guaguas”, me decía siempre una amiga―, le han hecho ser menos rebelde, casi un burgués gentil hombre para con la añeja dictadura.
Y tan domesticado está este león, que trabaja coco con codo en otros proyectos cinematográficos con Vladimir Cruz, el otro protagonista de “Fresa y chocolate”, que no ha tenido escrúpulos en darle vida en la gran pantalla al tristemente histórico Comandante Ramiro Valdés, uno de los esbirros más sanguinarios de la actual gerontocracia cubana, en el filme estadounidense “Che, el argentino”, del director Steven Soderbergh, otro de los millonarios de la izquierda antidemocrática de Hollywood, “cheísta” y procastrista como el que más. Por supuesto, esto no le ha impedido a Cruz venir a Miami a actuar en obras de teatro y llevarse sus pingues beneficios democráticos a su nidito habanero.
Por si fuera poco, Perugorría ha terminado su último proyecto como director, la cinta “Amor crónico”, un híbrido de documental y ficción que trata, nada más y nada menos, sobre la gira de ¡Cucú Diamantes! (hasta el nombrecito da náuseas) por Cuba, esa “cantante” que participó en el Concierto por la Paz en la Plaza de la Revolución, orquestado por Juanes y sus secuaces de la peor izquierda europea y latinoamericana, muy antiestadounidense, pero procastrista. Evidentemente, Perugorría padece de un desamor crónico por sí mismo y por su país: no se ama en lo más mínimo porque, de lo contrario, no se sentaría a dar una visión distorsionada de Cuba ni andaría por el mundo validando los paliativos (que él llama “cambios”) de la dictadura para seguir en el poder.
Hay un silencio cómplice que es más justificable ―por miedo, por intereses creados, por desidia― que las palabras cómplices de las grandes barbaridades e injusticias. Y como decía Mafalda, el subversivo personaje de Quino, “Hay que apurarse en cambiar el mundo, antes que el mundo lo cambie a uno”. ¿Será demasiado tarde para Jorge Perugorría? ¿Será ya un raulista más en la isla?

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Ondina León con el "Desamor crónico"; vuelve a la 'carga'contra los oportunistas apolíticos de siempre.Gracias y saludos a todos.
pd: JP y FC nacieron un 13 de agosto...para aquellos que gustan de la astrología.
JosEvelio Rodríguez-Abreu

Zoé Valdés dijo...

Ondina León, iba a contestar, pero usted lo ha hecho por la puerta grande. Gracias. Doy link.

Danilo Delgado dijo...

Que trabajo les cuesta confesar el error cometido, pedir perdón a las familias destruidas a causa de implementar un sistema equivoco, asesino como el aplicado en la unión soviética? Inmovilismo es nada comparado con la involución que resultó del experimento. Donde quedó la tan constante y necesaria renovación de gobierno como sucede en los paises democráticos?

Gracias Ondina por tus escritos y análisis.

MIDIALA ROSALES EN CONCIERTO dijo...

Senora, mis respetos. Subi a mi facebook su escrito sobre Pablo, No te Amilanes, Milanes y ahora subire este, con su permiso, porque su coraje y su contundencia me parecen imprescindibles. Saludos desde este Miami.

Anónimo dijo...

Brillante, valiente.