miércoles, 11 de agosto de 2010

Balada prometida

A Elisa Regalado



Mundina me trae los pecados hasta la orilla
con el sabor del salitre o de la primavera.
Me dice que trabajó en mi suerte sin mirar el pasado,
decidida a darme del olvido, lo mejor.
Ésa es mi Mundina libre y dolorosa
que improvisa la felicidad,
y vive de la noche y del contrabando;
asustada por la sabiduría de la falsa promesa
y la foto familiar sobre el piano.
Mundina sabe que tiene mi corazón
para entrar en mi sueño descalza,
con los brazos extenuados y huraños.
Ella me vigila alargando las sombras
hasta el abismo de mi neurosis compartida,
en el trillo desolado donde espero:
la llovizna, la ternura y otra vez la llovizna.
Es así, y no hay nada en este mundo
que desafine sus buenos oficios de curandera,
de los ángeles y de su magia.
En un mundo semejante al espejo
Mundina me devuelve en sus ojos,
la huella irreal y leve de una playa
parecida a ser libre.

2 comentarios:

JosEvelio dijo...

Elisa quise regalarte el mundo y Dios me dijo:
-crea un mundo tú, para ella.
Como sabes soy un hombre de fe;
te ofrezco el Universo de Mundina, sus margaritas y un abrazo grande-eve.

Roger Rivero dijo...

Caray tu poema es muy interesante, estoy seguro que a la persona que se lo dedicaste le gusto, es verdaderamente genial. De hecho desde ayer estaba esperando para comentarlo pues me encanto, ¿de donde sacas tantos tesoros? Bendiciones para tu musa, un abrazo, Roger