viernes, 7 de marzo de 2014

Venezuela, el tiempo es tu peor enemigo.






   A nuestros dictadores comunistas de América Latina, que se autodenominan como "socialistas", únicamente se les saca del poder con fuego. Esa es una premisa que Fidel Castro y Augusto Pinochet, indirectamente nos han enseñado a todos. 

  Para la gente pacifista, esto es muy difícil de aceptar, lo se, es una abominación, pero no se puede ignorar que esa  es la condición que estos enemigos de la democracia nos imponen como un reto inevitable, porque son violentos, porque son corruptos y saben que no se libraran de la justicia cuando sean descubiertos.

  Ellos no entienden de diálogo; ellos dialogarán cualquier tema menos dejar el poder, y en cualquier acuerdo, ellos harán lo que les de la gana.

   Las manifestaciones, la propaganda por las redes sociales, los foros internacionales, etc., eso trabaja muy bien para llamar la atención nacional e internacional, sin embargo, no esperes nada más allá de eso; esta situación es más seria que toda esa farándula. Tarde o temprano se impondrán los toques de queda, y recogerán de la calle a la mayor cantidad de líderes opositores.

   Las sanciones políticas o económicas internacionales, más que perjudicarles, les conviene, - Cuba es un buen ejemplo- pues ofrecen avales para esquivar la ineficacia de sus gobiernos, culpando a otras naciones o elementos externos de los errores, escudados entonces en no permitir la injerencia extranjera en los asuntos del país. Ellos son genios en la manipulación social, además, los funcionarios del gobierno y los militares, no pasarán necesidades. 

   Las organizaciones internacionales son en su mayoría corruptas y fáciles de comprar, Venezuela, no esperes nada de ninguna de ellas, son todas hipócritas. 

   Amordazada la prensa, comprados y adoctrinados los militares, los pueblos así, están por su cuenta en el mundo. De hecho, Venezuela tiene muy poco tiempo, pues cuando sean desarmados por el gobierno comunista, solo te quedará emigrar, quedarte y vivir tu vida con la cabeza pisada, ser actores, tener doble cara, y así sucesivamente. Inclusive, si eres creyente, tu fe será probada, porque hasta la voluntad de Dios parecerá que se encuentra de parte de ellos.

   Estos socialismos basados en el comunismo, no son otra cosa que un grupo de pandilleros, que por medio de la democracia y su libre estructura, utilizan un partido político para manipular el populismo, hasta llegar al poder. Luego por medios fraudulentos, logran mantenerse en el gobierno, entre tanto, van enmendando la constitución hasta convertirse en los intocables. 

   Esta nueva burguesía de delincuentes, logran sus bienes económicos, decomisando lo que no han trabajado, eliminando la propiedad privada y expropiando lo que no es de ellos. Son unos ladrones que reparten lo que sobra, y cada vez va a sobrar menos. En el intermedio, entretienen al pueblo con adoctrinamiento y consignas nacionalistas. Abajo esto, arriba aquello, muera tal cosa, viva la otra. Ya los conocemos. 
RDT

lunes, 3 de marzo de 2014

Entre palomas y pioneritos.

Por Ondina León ©

Este año ha comenzado en la isla posesa de Cuba con varios temblores, unos de tierra, que por fortuna no devastaron la devastación, y otros socioculturales, como el estreno de la película “Conducta”, que dicen que ya se ha convertido en todo un fenómeno y éxito de taquilla, con cines abarrotados en los que el público aplaude, llora, se ríe y sale de la sala oscura a la oscuridad de la realidad con cierta sensación de catarsis y, a lo mejor, de cierta esperanza, nada real, pero confortable: mientras haya amor, la “patria” sigue viva . 
Producida, patrocinada, promovida y bendecida por el Ministerio de Cultura del gobierno castrista, por el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos, ICAIC, también de la dictadura, y otras entidades estatales, gubernamentales y educacionales, y con el apoyo de personalidades políticas, como Abel Prieto, exministro de cultura y eminencia gris de la intelectualidad castrista, se puede afirmar, sin temor a equívocos, que este es un filme oficial y oficialista, de punta a punta, pese a los arropes de la popularidad. 
Pero, ¿a qué se debe su éxito, entonces, entre las masas de cubanos hambrientos de un verdadero espejo artístico, que les revele su propia cara? “Conducta” está llena de fórmulas y mecanismos probados, sutiles y obvios, para seducir al espectador y arrastrarlo a un éxtasis sentimental, a una vorágine afectiva en la que cualquier intento de aproximación racional al producto artístico termina siendo un insulto para los creadores y un desmerito para el que intenta criticar de buena fe. 
Para empezar, sus protagonistas indiscutibles son los niños, los pioneritos que vociferan, día a día, en los matutinos “Pioneros por el comunismo: seremos como el Che”, aun con sus estómagos vacíos y los zapatos rotos. Los niños siempre inspiran ternura y sus dramas, solidaridad. Igualmente, la vieja maestra de escuela primaria, que sobrevive a un infarto cardíaco y a la soledad, porque su familia más cercana huyó del país, es la estrella matriarcal, como una Mariana Grajales que en lugar de enviar a sus hijos a los campos de batalla, lo que hace es tratar de rescatarlos de las fauces de la realidad, que los devora con sus injusticias. Los ancianos siempre arrancan lágrimas de emoción. 
Los niños y una anciana, pero no unos cualesquiera: el protagonista, “Chala”, es un rebelde con causa, que lucha para mantenerse y sostener a su madre que, por supuesto, tenía que ser alcohólica, drogadicta, promiscua y enajenada; el niño de 11 o 12 años es el que busca el dinero para pagar hasta las facturas de la luz, amén de los alimentos terrestres. Este buscón aguerrido, este pícaro bello, tierno y feroz, por supuesto, se gana la vida (o ese esbozo de vida) con cambalaches ilegales, como la cría de perros para peleas, y la crianza de palomas, que vende hasta en veinticinco dólares, no sé si para trabajos de brujería, tan de moda en Cuba, o para sopas de enfermos. Su Dulcinea es una aplicada niña del Oriente, de Holguín, lo que se llama “una palestina”, una ilegal en la Ciudad de los Derrumbes, La Habana —tan vana y tan villana—, y por lo tanto “deportable” debido a las leyes castristas imperantes, que hace cumplir la policía, integrada, ironías de ironías, en su mayoría, por esos mismos “palestinos”, que expresamente han sido desplegados en la decadente capital de la nación, azuzando los regionalismos y el racismo cubanos.  
A estos ingredientes que garantizan el componente lacrimógeno del filme hay que sumar otros, igualmente eficaces para encantar a las masas: los burócratas y funcionarios insensibles y ortodoxos, los llamados “cuadrados”; la amenaza de internar al niño en una escuela de rehabilitación de conducta debido a sus actividades “delictivas”; el horror de deportar a la niña con su padre, hermoso y trabajador, a su lugar de origen, Holguín; algunas frasecitas “críticas”, como el dardo dirigido a los veteranos “dirigentes” del gobierno —¡claro que no podían decir dictadores militares que llevan 55 años en el poder!—; un compañerito de clases, llamado “Camilo” (como aquel Cienfuegos que desapareció en el mar), enfermo e ingresado en un hospital, y que fallece; una estampita de la Patrona de Cuba, La Virgen de la Caridad del Cobre, que la niña protagonista coloca en el mural de la escuela y que desata un conflicto “ideológico” de grandes proporciones entre los maestros y burócratas de la educación, a pesar de que la propia directora del plantel se confiesa santera; la “tragedia” de que “Chala” no sabe quién es su padre y la sospecha de que pudiera serlo su compinche de fechorías con los perros de pelea, un joven también bello y repulsivo, pesado y áspero, pero que le paga en efectivo sus servicios; el “rechazo” de la damita principal al galancito y su negativa a ser su novia, aunque después sucumbe al “gallito”, al asere vulgarote y mal hablado, que le regala un abanico para sus clases de flamenco: bien entretejidos, todos estos elementos van conformando un melodrama que nos agarra por el cuello, nos corta las respiración y nos hace llorar sí o sí, en la butaca de las pasiones desatadas de los cines. 
En cuanto a factura en sí, la película cuenta con una excelente fotografía de Alejandro Pérez, que muestra todo el esplendor de la miseria habanera (perdón por la paradoja), que dinamita al discurso oficial con imágenes de las ruinas creadas por la dictadura perpetua de los Castro y subvierte los llamados logros de revolución. No hay en Cuba arma más peligrosa que una cámara, porque esta es capaz de denunciar el genocidio con sólo pasear por los horizontes urbanos, sin que haya palabra de por medio. La música es apropiada y subraya la intensidad dramática de ciertas escenas. Las actuaciones en su mayoría son convincentes, orgánicas, en especial la de “Carmela”, la actriz Alina  Rodríguez, y la de “Chala”, el niño Armando Valdés Freyre, que tiene un futuro luminoso en las artes dramáticas. 
¿Mi conclusión? “Conducta” es el filme que necesitaba el castrismo en esta etapa de supuestas reformas, de “apertura”, en este desliz de “humanización” en que el gobierno le financia operaciones de cambio de sexo a ciertas personas (lo que me parece bien), aunque se sigue reprimiendo salvajemente a los disidentes y a la oposición política; en esta hora en que ¡ya! se puede viajar al exterior (si tienes el dinero, claro) sin un humillante permiso de salida otorgado por el régimen, pero no hay libertad de expresión; en este momento en que “todo marcha bien con los cambios” del raulismo ligero y hasta The New York Times se entusiasma, sin embargo,  la educación y la salud están en bancarrota total e irreversible: ni luz ni agua ni caminos… 
En una nación arrasada moral y materialmente, donde impera la vulgaridad y la falta de modales, donde la población decrece y el sueño final de todo joven es escapar, huir de la pesadilla, “Conducta” viene a decir que no todo está perdido, que el amor salva, que los maestros deben volver a sus aulas y educar con ternura, que no todo marginal es un delincuente y que hay esperanzas permaneciendo en el marasmo. 

Visto así, “Conducta” es la película que se merecen las masas cubanas, tan pasivas, tan teatralmente sentimentaloides, que no sentimentales, tan poseídas por la desidia, tan idiotizadas por 55 años de dictadura castrista. Nada, que entre palomas y pioneritos, Ernesto Daranas, el director y guionista de esta obra fílmica, nos quiere hacer creer que la vida vive en la isla, pese a todo. No por gusto hay una avalancha de altos funcionarios y ministros castristas, obispos, jineteras y obreros aplaudiendo el filme de pie, apoyados con firmeza sobre las ruinas que ellos mismos han creado y siguen pariendo, minuto a minuto, sin azúcar y sin tabaco, sin patria y sin país. 

sábado, 22 de febrero de 2014

Maduro, el podrido.

Por Ondina León ©

Los acontecimientos que se han venido sucediendo durante estos días de febrero, en Venezuela, son realmente trágicos, pero esperados: la realidad del país era una bomba de tiempo que debía estallar a corto plazo, y lo ha hecho. A cualquiera se le hace la cabeza agua pensando en cómo una nación tan grande y rica puede tener tan serios problemas económicos y sociales, tanta pobreza y tanta inseguridad, tanta violencia y tanta pérdida de valores, y un gobierno tan criminal. 
Antes de la llegada del chavismo, hace ya 15 años, había problemas, como pobreza, corrupción, injusticias y miles de traumas más, totalmente injustificados en un país como ese, pero, al menos, parecía que había condiciones e instituciones para gestionar cambios y mejoras con cierta estabilidad política y social. Pero los pueblos no escarmientan por cabeza ajena, se impacientan y creen en soluciones rápidas y definitivas; las masas engendran la necesidad de un gran líder salvador y lo canonizan en su afán de dar el gran salto a la prosperidad y a la felicidad, y es aquí donde se cavan su propia tumba. 
Con el acto de entronizar a un militar golpista y mesiánico, de un “elegido” (por la dictadura de los números en las urnas), de un líder carismático con su varita mágica para solucionarlo todo, Hugo Chávez, y que además cerró filas con la “ideología” de la dictadura más rancia de América Latina, el castrismo, todo se empeoró en Venezuela. El país se ha venido polarizando, fragmentando y atomizando fundamentalmente entre los que han sido “beneficiados” o comprados por el chavismo y los que se han visto perjudicados y avasallados por su esencia, que es absolutista y antidemocrática, sin lugar a dudas. 
Porque si algo ha demostrado el castro-estalinismo es que, donde quiera que planta su bota, siembra la discordia, la miseria y la represión, la tortura y la muerte de los derechos del individuo y de la sociedad civil. Y el caso de Venezuela no es el primero. Hay que tener siempre muy presente la triste historia de Chile, donde el miserable presidente Salvador Allende le entregó el país a los Castro y provocó una reacción extrema de la sociedad y el ejército, que tuvo que intervenir para arrancar la raíz del mal a un costo de muchas vidas y traumas, que aún persisten. 
El gran caudillo de Chávez murió (no así el chavismo), pero antes designó, con el sucio dedo de su testosterona sangrienta, a su delfín, a su heredero político, a Nicolás Maduro, obviamente un mastodonte oligofrénico, pero que exactamente es el hombre de La Habana. Que no por gusto fue “educado”, entrenado y programado, ya desde la década de los años 80, en las escuelas del Partido Comunista de Cuba y en los centros de entrenamiento de la Seguridad del Estado y la Inteligencia Militar de la isla. 
A Maduro no le hace falta ser inteligente ni culto ni estadista: es el peón perfecto que necesita el castrismo para explotar a su colonia, Venezuela. A los historiadores del futuro cercano les tocará estudiar con rigor este caso único en la historia moderna en que un país paupérrimo y pequeño, con un sistema de patologías, como Cuba, conquista, coloniza y expolia a una nación democrática, grande y rica, como Venezuela. La aberración histórica es más que evidente y se entronca con los sueños imperialistas del emperador Castro I, que ha realizado con cierta gloria su gris sucesor Castro II, al extender sus tentáculos macabros por varios países de América Latina, que han sucumbido al imperialismo energético chavista, como Ecuador, Bolivia, Nicaragua y hasta la “blanca y culta” de la Argentina, donde el chavismo también financió la elección de su actual “presidenta”, la histérica y errática (pero plutócrata) Cristinita Fernández. 
¿Qué pasará en Venezuela? No creo que nadie se atreva a dar un diagnóstico o un pronóstico a corto plazo porque hay que contar con numerosos factores, como el ejército y el papel que pueda desempeñar en relación con el gobierno. Tras la brutal represión del régimen de Maduro-“Maburro”, a coces limpias, como era de esperar de un gobierno castro-estalinista, que usa el terrorismo de estado con sus pandillas paramilitares y lanza a las calles sus tanques y helicópteros artillados; luego de la cifra siempre ascendente de muertos, heridos, torturados y detenidos, sobre todo de estudiantes, que han llevado la voz cantante en las protestas que piden libertad, seguridad, alimentos y democracia; luego del encarcelamiento del líder opositor Leopoldo López (su imagen a los pies de la estatua de nuestro José Martí, en Caracas, es todo un símbolo), mucho más cojonudo que el timorato de Henrique Capriles, que cree en la limpieza de las elecciones presidenciales que orquesta el castrismo; después de la pasividad de las instituciones latinoamericanas, incluida la OEA y el insulso de José Miguel Insulza, su secretario general, que siempre se parcializa a favor de lo peor y de la izquierda antidemocrática del continente, sólo nos queda rezar para que no haya más muertos. Pero también nos queda pedirle a Dios que le dé fuerzas y lucidez al pueblo de Venezuela para que siga su lucha, porque sólo ellos serán capaces de liberarse de esta dictadura castro-estalinista, que encarna el genocida de Maduro, al que hay que juzgar y condenar a muerte. 

Mientras, toda mi admiración y respeto por esta nación que tiene hambre de libertad y que no está dispuesta a estar encadenada por 55 años, como lo estamos aún los cubanos. ¡Gracias, Venezuela!

sábado, 15 de febrero de 2014

La coartada del fracaso.

Por Ondina León ©

“Hay tres clases de mentiras: la mentira, la maldita mentira y las estadísticas”, según Mark Twain, ese exitoso fracasado de la literatura y el periodismo estadounidenses. Si estamos de acuerdo con él, entonces no hay por qué ofenderse o indignarse cuando los medios de confusión, es decir, la televisión, la prensa escrita y demás junglas de la modernidad virtual anuncian, a bombo y platillo, que una encuesta realizada, por una institución con un pomposo nombre en inglés, entre los “exiliados” cubanos de Miami y los estadounidenses, arrojó que la mayoría está a favor de “la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos”, que “el embargo norteamericano contra la isla ha fracasado” y que “hay que cambiar de rumbo en las relaciones”. 
¿Alguna sorpresa? Sean o no ciertos estos resultados, la realidad es que cualquiera pudiera creer que hay como especie de una epidemia de euforia, incluso entre “respetables” empresarios capitalistas, a favor de amamantar, fuera del clóset, a las ya añejísimas fauces del castrismo, que siguen festinadamente destrozando lo que queda de un accidente histórico llamado Cuba. 
Estos aupadores de la llamada “actualización del sistema cubano”, léase reacomodo de cargas de la dictadura mafioso-castrista, se rasgan las vestiduras vociferando que el embargo ha fracasado, pero, según se mire, este ha sido todo un éxito, porque es aún el mejor pretexto que justifica todos y cada uno de los naufragios económicos y sociales del castrismo. A fuerza de repetir este axioma, prácticamente el mundo entero cree que la nación está devastada por culpa de este “criminal” embargo y no gracias al arte de hacer ruinas de los experimentos macabros de un régimen absolutamente genocida y parásito, que ha diezmado y diezma lo mismo las arcas del imperio ruso que los pozos del petróleo venezolano.
¿Embargo? ¿Pero no ha logrado el capital estadounidense posicionarse como uno de los grandes socios comerciales del castrismo invocando “razones humanitarias”? ¿No le paga Cuba, en efectivo y por adelantado, las facturas de alimentos? ¿Cuántos miles de millones de dólares recibe la dictadura de los emperadores Castro en forma de remesas de todas partes del mundo? Y sabrá Dios todo lo que hay por debajo de la mesa y que todavía no ha salido a la luz pública. 
Entonces, de acuerdo, el embargo fracasó, pero, ¿alguien puede mostrarme los éxitos del llamado “diálogo”, ya sea entre los exiliados y la mafia castrista o entre el gobierno estadounidense de turno y las “autoridades” de la isla? ¿Ya no se violan los derechos humanos en Cuba? ¿Ha habido elecciones libres? ¿La patria potestad ha vuelto a ser una realidad? ¿Hay libertad de expresión? ¿Cuáles son los éxitos del “diálogo”, ese monólogo sostenido del castrismo por 55 años? Bueno, sí, Estados Unidos tiene la ilusión de que el éxodo de cubanos a su territorio está bajo control… El señor James Carter visitó Cuba y hasta habló en la Universidad de La Habana… Un tal Gutiérrez Menoyo, dizque opositor de los Castro, logró “abrir” una sede de su partido unívoco en La Habana… Y los vuelos entre los dos países son cada día más numerosos y los pasajes cada vez más estratoféricos: ganancias netas para todos. Porque, bien visto, todo parece indicar que el masoquismo antropológico del cubano se ha aplacado con el tema de los viajes de ida y vuelta y el relajo del “intercambio cultural” y el maniculiteteo del “contacto de pueblo a pueblo”. 
¡Qué maravilla! ¡Pobre Cuba, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos! Porque el más obsceno pragmatismo se ha ido imponiendo en los últimos años y, sin sorpresas, sin ninguna ética. Y aquellas lluvias ácidas trajeron estos lodos pestilentes, que no son nada propicios para que explote una auténtica primavera de resurrección nacional, con justicia y ética. 
El panorama es desolador. Lo que le mostramos al mundo es un país arrasado moralmente donde prolifera no ya la “doble moral”, sino la más rapaz inmoralidad, la hipocresía, el cinismo, la vulgaridad. En la isla posesa no hay una cultura de la libertad que engendre una necesidad imperiosa de cambios radicales. La disidencia es abrumadoramente minoritaria y, salvo honrosas excepciones, cada día es más ligera, más de salón, más viajera, más conformista con las migajitas de normalidad que desgrana perezosamente el castrismo para seguir reinando, incluso sin los Castro, que para algo son casta. 

El individualismo acerado del cubano, escoltado por su proverbial esquizofrenia y su arrogante pensamiento mágico paridor de monstruos, no ha hecho más que confirmar que no existe un concepto o un sentimiento de destino colectivo: “La patria soy yo, nada más que yo y, a lo mejor, mi familia. El resto es tribu ajena…”, se repite como un mantra el ciudadano de a pie, remo en mano, dispuesto a volar a cualquier horizonte diferente, soñando con otra nacionalidad que no sea la cubana. Hay que “resolver” la situación lejos, muy lejos de estos lares, que hemos convertido en ruinas apestosas, el escenario ideal para la lascivia folclorizante de turistas de séptima que, con un puñado de dólares o una comida caliente, conquistan la belleza más virginal de un adolescente o de una joven. Las encuestas podrán mentir, pero la realidad, no. Somos el fracaso hecho nación porque así lo hemos querido, aunque como individuos podamos llegar a ser exitosos, en otras tierras. Somos los mendigos que no sabemos ni pedir limosna porque nos dejamos secuestrar las buenas maneras, las tradiciones de clase, la educación y la decencia. Pero esta tragedia no parece importarle a nadie: lo que cuenta es “resolver”. Y así, ¿a dónde iremos a parar? A donde estamos, a un mar de males con millones de islas a la deriva, enfermos de nostalgia, poseídos por las frustraciones, atomizados, hambrientos de justicia… Pero esto no es nada: esperen a que comience la línea de ferris Miami-La Habana… ¡Pronto!

viernes, 27 de diciembre de 2013

Con dones de amor.

Por Ondina León ©

Joan Manuel: 

 ¡No puedo creer que ya tengas 70 años! ¡Salud y larga vida! ¡Cómo pasa el tiempo! Todavía te veo como aquel esplendente joven de pelo largo, que llegó a la grisura monolítica de la Cuba de los años 70, con una esbeltez sensual y la poderosa arma de la poesía hecha música, todo tan diferente a la polución sonora que padecemos hoy. Ni te hacía falta tener una gran voz porque los juglares, los trovadores, cuando son auténticos como tú, Joan Manuel Serrat, se hacen escuchar desde la sustantífica médula de sus almas, con sus luces y sus oscuridades abismales, que para algo somos humanos, ¿no? ¡Qué impacto has tenido en la vida de millones de jóvenes, que hicieron suyas tus canciones, y que hoy peinan canas o se lustran la calva! Para mí, “Lucía” es una de las más bellas canciones de amor en castellano que existen: “No hay nada más bello / que lo que nunca he tenido. / Nada más amado / que lo que perdí. /Perdóname si / hoy busco en la arena / una luna llena que arañaba el mar”. Y son tantas y tantas tus creaciones inolvidables que, bien lo sabes, tienes asegurado un sitio imperecedero en lo mejor de la canción de las últimas décadas: “Aquellas pequeñas cosas”; “Mediterráneo”; “Penélope”; “De cartón-piedra”; “Fiesta”; “Romance de El Curro el Palmo”; “Pueblo blanco”… Y luego ese maridaje con dos grandes poetas, Antonio Machado y Miguel Hernández, que te hizo consolidarte como un artista universal, lejos del provincianismo de tu terruño y de los traumas de un país que se había desgajado por una guerra fratricida. Tú has sido lo que me enseñaron a llamar, y creo que con razón, un “artista comprometido”. Ahora hay una epidemia de artistas y “artistas” que subrayan su condición y dicen que no son “políticos”, como si esto fuera posible: todos somos “animales políticos”, como afirmó Aristóteles, aunque algunos seamos más animales que políticos, con el perdón de las inocentes bestias, que nunca cometen crímenes ni torturan como nosotros. Estas nuevas generaciones sólo parecen que están comprometidas con sus ganancias personales y su “realización”, dizque profesional, y no quieren (aunque sí pueden) involucrarse en la suciedad de la política, a ver si higienizan un poco el marasmo. Pero tú no. Tú sí que “fieramente existiendo, ciegamente afirmando” tomaste partido “hasta mancharte”. Y yo hubiera sido como tú, antifranquista, amante de la libertad, enamorado del amor, anhelante de la paz con justicia. Dadas mis circunstancias de cubana, a lo mejor no hubiera podido llegar a ser “de izquierdas”, como tú, pero sí de una razonable adicción a la democracia, al pluralismo, al respeto a los derechos humanos. Eso sí, yo también soy exponente de nuestra esquizofrenia nacional y te quiero tanto como te desprecio por tu partidismo: ¿por qué para ti Pinochet sí fue un dictador y Fidel Castro, no? ¿Por qué nunca has alzado tu voz en contra de la dictadura que padecemos los cubanos por estos ya larguísimos 55 años? Tú, cantor, poeta de la libertad, ¿has hablado alguna vez sobre la represión, la miseria y la inmoralidad que le ha impuesto el castrismo a millones de cubanos? Ya que has cantado a dúo con los trovadores y artistas de la dictadura, como Pablo Milanés, ¿por qué no grabas una pieza con Amaury Gutiérrez, que está prohibido en su propio país por apoyar la búsqueda de libertad para todos? ¿Qué puedo hacer para valorarte más sin reprocharte tu incoherencia ética? Con humildad, paciencia y ternura, con dones de amor, no te condeno, sino te condono tu desamor para con nuestra causa, tu complicidad con la maldad y la desidia. ¿Qué cumplas muchos más cada 27 de diciembre? Sí, pero ojalá que despiertes ¡pronto! de tu “compromiso” tan parcial. 

viernes, 6 de diciembre de 2013

Las incoherencias de ciertas grandezas.

Por Ondina León ©

Los medios de difusión están de plácemes: ha muerto un hombre grande. Con la necrofilia que los caracteriza y la superficialidad endémica que los corroe, estos medios se aprestan a canonizar a Nelson Mandela en un aquelarre que tiene de fiesta, rumba y guaguancó, y lanzan titulares tremendistas y excluyentes, como uno que reza “Miami deja atrás la controversia con Mandela para celebrar su legado”. Sin embargo, creo que el momento se presta para reflexionar y debatir, aunque, claro, con el cáncer galopante de la corrección política, nadie se atreve, en estos momentos de luto y de lata, a mencionar, ni por accidente, alguna mancha en este “Sol de Sudáfrica”, en el ya llamado “Padre de la Patria”. 
Siempre he tenido una relación de amor-odio con Mandela. Si bien he admirado y respetado su acción y su heroísmo contra un régimen tan injusto y oprobioso como el apartheid, también he detestado su amistad y su alianza con dictadores terroristas —perdón por la redundancia, porque todo dictador, de derecha, de izquierda o centro, es un terrorista— y su absoluto desprecio y silencio por causas tan válidas como la resistencia y lucha de ciertos pueblos, como el cubano, contra las dictaduras que los oprimen, los expolian y los masacran. Porque, eso sí, Mandela siempre fue fiel a sus “amigos” que apoyaron su lucha con armas, asesores, financiamiento, campañas mediáticas y alianzas políticas. No sólo los admiró y los respetó, sino que también, ya en el poder, los condecoró sin escrúpulos, tanto a Yasser Arafat, como a Muamar El-Kadafi y a Fidel Castro, entre otros “líderes”, que no estadistas.
Hasta donde sé, Mandela nunca alzó su voz contra la dictadura de los Castro, a los que siempre abrazó como a sus hijos, mientras estos imponía el peor apartheid de América Latina, ese en que los cubanos era (y son) discriminados y segregados y no podían ni entrar libremente a un hotel, en su propio país, por razones de origen nacional y porque eran los descastados sin dólares, el vil metal del “enemigo”. Mandela pedía en foros internacionales el levantamiento del embargo estadounidense contra “Cuba”, pero jamás pidió el fin del embargo que tiene, desde hace 55 años, la mafia castrista contra los derechos básicos, humanos y civiles, de los cubanos, de todos, sin distinción de raza. 
Mientras Mandela se convertía en un símbolo mundial en su lucha por los derechos de los negros en su país, el imperialismo castrista los masacraba en sus campañas africanas —Angola, Etiopía, Mozambique, etc.—, porque enviaba mayoritariamente a los negros cubanos como carne de cañón, bajo el lema del “internacionalismo proletario”. Mientras, los generales castristas, como el fusilado Ochoa, financiaban sus operaciones “libertadoras” traficando con diamantes, drogas, maderas preciosas y hasta petróleo, amén del “rubloducto” que el imperio soviético sostenía abierto para la isla caribeña, en el abrumador marco de la Guerra Fría. ¿Cuántos muertos, heridos y traumatizados le costó a Cuba la aventura legionaria castrista? Creo que Mandela nunca se hizo esta pregunta. 
El líder sudafricano es el típico ejemplo del político o guía, carismático y heroico, que justifica los medios por tal de alcanzar sus objetivos, por eso se vuelve tan vulnerable a la hora de ser juzgado por la historia. Las incoherencias de su grandeza dejan una estela patética de falta de ética y de respeto por los derechos humanos, más allá de la cuestión étnica. Porque la libertad y la dignidad humana se la merece tanto un negro sudafricano como un negro o un blanco cubano, un árabe libio o un blanco de Zimbabue, el reino del sangriento dictador Robert Mugabe, amigo entrañable (¡qué sorpresa!) de los emperadores Castro I y Castro II. 
Si bien el mundo tiene sus razones para llorar la muerte de Mandela, creo que sobran sinrazones también para lamentar su falta de autoridad moral, su falta de escrúpulos y su afinidad con la peor crápula mundial. Podrán canonizarlo ahora, pero jamás me hincaré de rodillas ante su altar.


jueves, 14 de noviembre de 2013

Los izquierdos inhumanos.

Por Ondina León ©

No me sorprende en lo absoluto que “Cuba”, es decir, en este caso la dictadura castrista que impera en la isla posesa desde hace ya 55 años, haya sido elegida, una vez más, para formar parte de un organismo de derechos humanos en ese circo patético llamado Organización de Naciones Unidas, junto a China, Rusia y hasta Arabia Saudita. Este evento es coherente con el estado calamitoso en que se encuentra el mundo, donde los valores carecen de valor, y donde se padece de un defecto esencial en los mecanismos de la democracia, en los que se impone la dictadura de los números, su suma mecánica, que crea una mayoría, sea justa o no. En este universo en que habitamos, los países (¿o los gobiernos?) decentes y civilizados son escasísimos, al igual que los seres humanos, porque la mayoría pertenecen a la crápula mundial, aunque se digan “progresistas”. 
¿Qué mejor que “escoger”, democráticamente, a países que son expertos en violar, desde hace demasiados lustros, los derechos humanos? ¿Hay mejor forma de que estos estados delincuentes se protejan unos a otros que estar sentados juntos en el “tribunal”, que juzgará los desmanes que se cometen por todas partes? Cuando los criminales se erigen en jueces, hay que abandonar toda esperanza de justicia, aunque sea nominal. 
“Cuba” debería estar siempre presente en cualquier foro en el que se pretenda violentar al mundo para que sea más respetuoso con los derechos humanos, violados y requetecontraviolados, a diestra y siniestra, por la derecha y por la izquierda, por arriba, por debajo y por detrás, como Satanás. Esta islita se lo merece por el récord que tiene como matrona añeja y violadora empedernida de esos principios básicos: ¿libertad de expresión? ¿Estado de derecho? ¿Pluripartidismo? ¿Libertad de movimiento? ¿Separación de poderes? ¿Justicia independiente y equilibrada? ¿Derecho a la felicidad con decencia? No, no que son “rezagos de un pasado” humillante que no volverá, aunque haya que reducir a polvo el diente de perro, que demarca a esta prisión flotante con once millones de cadáveres. 
¿Para qué cambiar después de tantos éxitos sostenidos? Porque realmente la mafia castrista y su imperialismo, estos izquierdos inhumanos, pueden exhibir con descaro muchísimos logros: sostenerse en el poder por 55 años; hacer que el mundo entero los mire con simpatía y los aplauda —desde Francisco Franco y Jean Paul Sartre hasta Ted Turner y Bill de Blassio, el ultraizquierdista recién electo ¡¡alcalde de Nueva York!!—; exportar su “revolución”; armar un andamiaje para que el “enemigo”, léase el exilio y la diáspora cubana, los mantenga y sea su principal fuente de ingresos; exportar seres humanos al por mayor para “resolver” la miseria que ha creado (¡viva Robert Malthus!); hacer que todo un pueblo se suicide, día a día, y se envilezca, creyendo ante todo que son alegres y ocurrentes como el que más. La lista sería infinita, pero una debe tener su pudor de tribu, ¿no? Sí, “Cuba” es mucha cuba, pero de heces. 
¿Y China, la próxima gran potencia de la galaxia? Otro caso paradigmático de cómo combinar lo peor del capitalismo con lo peor del comunismo y dar un estado híbrido, donde se explota a las grandes masas, se les concede unas migajas para el estómago, para tenerlas sometidas, se permite que la casta gobernante se enriquezca, mientras se reprime y se controla siguiendo las pautas de una supuesta psicología social milenaria. Un horror que ha sido inseminado con el capital de Occidente y la bendición de todos los hombres de negocios del mundo entero, que se hincan de rodillas ante mil trescientos millones de potenciales consumidores. Ya se sabe y se comprueba: el capital no tiene moral ni mucho menos memoria para los derechos humanos. Y presten atención esos “disidentes” cubanos y esos políticos estadounidenses que piensan o creen (¿ingenuamente?) que “los puentes culturales”, el “intercambio de familia a familia” o las inversiones capitalistas en Cuba van a generar más democracia o hambre de libertad en el pueblo: China lo desmiente.
¿Y Rusia, ese país más basto que vasto, con ínfulas de gran potencia? De la KGB al Kremlin, gloriosamente Putín es el epítome del nuevo ruso, rudo, rapaz y contumaz, capaz de hacer desaparecer con polonio radiactivo al más pinto de la paloma, si es su enemigo o amante de la libertad, que viene a ser lo mismo. Los nuevos millonarios rusos son, en su gran mayoría, los exesbirros de la inteligencia y/o del ejército reciclados en empresarios y negociantes. El coloso es ejemplo de cómo los miembros del partido comunista del imperio de la URSS son ahora los del partido consumista. ¿Y la libertad? ¿Y los derechos humanos? Bien, gracias: a los periodistas se les manda a “Honduras”. La homofobia se hace ley. Y Putín y los hijos de Putín se eternizan para siempre en el trono. 
Como dije antes en otro artículo, la rusificación de Cuba comenzó hace rato y ya los mafiosos con carné, de antaño, son hoy los “empresarios”, que visitan festinadamente a Miami en busca de nuevos horizontes de bienestar personal. Y para los otros, cepo, “bocabajo”, garrote vil y empalamiento, porque ni un timbiriche con tres trapos para vender quieren en las calles, para que no “se enriquezcan” los ciudadanos de a pie de la Cuba de los Castro: la miseria como arma de control total.

¿Y Arabia Saudita? Ese mar de arenas y petróleo, donde la mujer es reverenciada como reina y los camellos apedreados por infieles y promiscuos malolientes, es un paraíso de humanidad... como todo sitio en el que rige las más fundamentalistas leyes, preceptos y dogmas islámicos. Tal vez a “Cuba” le vendría bien declararse califato e instaurar la sharía, aunque desgraciadamente para los jeques castristas no haya petróleo. Pero, en fin, este país árabe, junto a los alegres caribeños, los chinos filosóficos y los ladinos rusos harán una labor extraordinaria en la comisión de derechos humanos de la ONU. ¡Que Dios nos coja confesados! Amén.